lunes, 28 de noviembre de 2011

Sobre Beria, por Grover Furr (primera parte)

      Lavrenti Pavlovich Beria (1899-1953): Proveniente de una humilde familia campesina de Georgia, hizo carrera en la policía tras la Revolución de Octubre, ascendiendo en cinco años hasta jefe del GPU (Directorio Político Estatal) de Georgia. En los años treinta, llegó a ser jefe del GPU del Transcáucaso (1931) y Primer Secretario del comité regional del Transcáucaso. En agosto de 1938 fue trasladado a Moscú como segundo del jefe del NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Interiores) Nikolai I. Yezhov, al que sustituyó en noviembre del mismo año. A su brillante carrera se le añaden ser miembro del Politburó, el nombramiento de Mariscal de la Unión Soviética tras la Gran Guerra Patria y la dirección del programa de la bomba atómica.
      En marzo de 1953, tras la muerte de Stalin, fue nombrado vicepresidente del Consejo de Ministros, mientras que mantenía la jefatura del Ministerio de Asuntos Interiores (MVD). Pero en junio, fue arrestado en el Kremlin por varios oficiales encabezados por el mariscal Giorgi K. Zhukov, por orden del revisionista Nikita S. Jrushov, acusado de ser un ''agente del imperialismo''. Bajo esa acusación falsa, desapareció. Oficialmente, fue juzgado a puerta cerrada y ejecutado en diciembre de aquel año.
      La muerte de Lavrenti P. Beria, uno de los mejores candidatos dirigir la Unión Soviética, supuso el primer golpe del ataque revisionista que terminaría por acabar con el socialismo en el país, lo que inicialmente se llamó la ''desestalinización''.


BERIA, por Grover Furr (primera parte)

      Beria es el personaje más calumniado en la historia soviética. Por tanto, el reverso del juicio histórico sobre la carrera de Beria, juicio que empezó repentinamente tras el fin de la Unión Soviética, ha sido incluso más intenso que la reevaluación académica del papel de Stalin, que es el tema principal de estos artículos.

      Los "cien días" de Beria (exactamente 112 días, desde la muerte de Stalin el 5 de Marzo de 1953 hasta su destitución el 26 de junio) fueron testigos del inicio de profundas reformas. Si la dirección soviética hubiera permitido que estas reformas se hubieran desarrollado totalmente la historia de la Unión Soviética, del Movimiento Comunista Internacional, de la Guerra Fría, y, en resumen, de la última mitad del Siglo XX, hubiera sido radicalmente diferente.

      Las iniciativas de reforma de Beria incluían, como mínimo, las siguientes. Todas merecen ser destacadas, y algunas de ellas están teniendo ahora un especial estudio, incluso a pesar de que el Gobierno Ruso mantiene las fuentes primarias más importantes vetadas incluso a historiadores de confianza:

      - La reunificación de Alemania como un estado no-socialista, neutral, paso que hubiera sido terriblemente popular entre los alemanes, y notablemente desagradable para los aliados de la OTAN, incluyendo a Estados Unidos.

      - La normalización de relaciones con Yugoslavia, que prometía volver de su tácita alianza con Occidente hacia el Kominform.

      - Una política sobre las nacionalidades que se oponía a la "rusificación" en las áreas recientemente anexadas del Oeste Ucraniano y los Estados Bálticos, junto al objetivo de recuperar, al menos, a algunos de los grupos nacionalistas en la emigración. Una política reformada de nacionalidades en otras áreas no rusas, incluyendo Georgia y Bielorrusia.

      - Rehabilitaciones y compensaciones para aquellos injustamente condenados por los cuerpos jurídicos especiales (las "troikas" y las "Comisiones Especiales" del NKVD) durante los años 30 y 40. Bajo Beria este proceso se hubiera llevado a cabo de manera muy distinta de cómo se llevó a cabo bajo Jruschov, que rehabilitó a muchos que eran incuestionablemente culpables.

      Algunas de las otras reformas de Beria fueron llevadas ampliamente a la práctica, incluyendo:

      - Amnistía para un millón de prisioneros por crímenes contra el Estado.

      - Poner término a la investigación del "Complot de Médicos", junto al reconocimiento de que las acusaciones habían sido injustas, y el castigo a los funcionarios del NKVD involucrados, incluyendo la destitución de Kruglov, antiguo director del NKVD, del Comité Central.

      - Poner término a la autoridad de la "Comisión Especial" del NKVD para sentenciar a muerte o a largas penas de cárcel.

      - En un movimiento no sólo contra el culto a Stalin, sino contra todo culto a todos los líderes en general, prohibir la exhibición de retratos de líderes en los grandes mítines festivos. Esto fue anulado por los líderes del Partido poco después de la destitución de Beria.