sábado, 19 de noviembre de 2011

La ayuda soviética durante la Guerra Civil Española (primera parte)

      Ante la indiferencia de las "democracias" europeas, la Unión Soviética fue el único país que ayudó en la Guerra Civil Española (1936-39) al gobierno legítimo de la Segunda República, mientras que los golpistas contaban con la colaboración de la Alemania nazi, la Italia fascistas, las industrias estadounidenses y hasta el mismo Vaticano.


La ayuda soviética a la República española (primera parte)


      Junto con mayo de 1937, la ayuda soviética a la II República es el hecho más manoseado de la historia de nuestra guerra. Lo cual quiere decir que aquí hay gato encerrado. Algo no les cuadra en su historia y lo tienen que extraer de la realidad con fórceps de la manera que sea.
      Dado que la ayuda soviética a la democracia española fue la única, es decir dado que los bolcheviques en el poder fueron los únicos que apoyaron al pueblo español en su guerra contra el fascismo, esto hay que taparlo y encubrirlo muy bien porque la tesis tiene que quedar siempre así: los comunistas son la negación de la democracia. Por tanto, cuando los hechos ya no se pueden ocultar, se tienen que ensuciar y arrastrar por el suelo hasta que nadie pueda reconocer ni lo más evidente siquiera.
      Cuando no hablamos de la historia de las cuevas de Altamira, sino que estamos en medio de una batalla ideológica, hay que partir de lo más obvio. En este caso el asunto se tiene que enfilar partiendo de dos circunstancias importantes sin las cuales no se consigue encuadrar:
      — el 18 de julio de 1936 España aún no mantenía relaciones diplomáticas con la URSS
      — tras el levantamiento fascista se formó el Comité Internacional de No Intervención por lo que cualquier ayuda era ilegal y clandestina
      El 31 de agosto se publicaba en Moscú, como en los países imperialistas democráticos, el decreto que prohibía la exportación, reexportación y tránsito hacia España de toda clase de armas, municiones, material de guerra, aviones y navíos de combate.
      No se puede comprender el alcance de la ayuda soviética a la II República si no se comprende que era ilegal, y que los soviéticos, como todos los internacionalistas, estuvieron en la guerra clandestinamente, con documentación falsa.
      No se comprende la ayuda a la República si, a la vez, no se comprende que de esa manera la URSS se comprometía muy seriamente frente a todos los demás países del mundo, poniéndose al borde de la guerra en unas condiciones extremadamente desfavorables.
      Stalin duda.
      Los falsificadores de la historia aseguran que Stalin tardó en decidirse a ayudar a la República, que dudó, que vaciló entre los fascistas y los antifascistas, seguramente porque su punto de vista no era clasista ni internacionalista sino que tenía en cuenta exclusivamente los intereses de su propio país, los intereses de la URSS como Estado: es la vieja historia del socialismo en un sólo país.
      Lo cierto es que la URSS comenzó a enviar armamento a España sólo en el momento en el que España se lo pidió. Las fechas lo que indican es lo siguiente: que hasta entonces no había llegado ninguna petición a la URSS por parte republicana.
      Durante dos meses la República había intentado por todos los medios que fueran otros países (Gran Bretaña, Francia) quienes suministraran las armas para defenderse de la agresión fascista.
      Cuando la petición de la República llegó a manos de Stalin, aún no había relaciones diplomáticas entre ambos países. Hasta donde hoy se conoce, la decisión de apoyar a los obreros y al pueblo español en su resistencia
contra el fascismo la tomó personalmente Stalin el 14 de septiembre de 1936.
      Hasta el más torpe puede consultar los Boletines Oficiales para comprobar que Marcel Rosenberg, el primer embajador de la URSS en España, no llegó a Madrid hasta el 27 de agosto y que los nombramientos de los jefes de misión no se realizaron hasta el 16 de septiembre, o sea dos días después de que Stalin aprobara los envíos de armas.
      Por tanto, Stalin acordó ayudar a la República cuando entre ambos países aún no se habían trenzado relaciones diplomáticas. La única responsabilidad por la demora recae en la República y en los aliados imperialistas que traicionaron su confianza.
      El traslado del diplomático soviético despertó un verdadero entusiasmo popular en Madrid: Rosenberg recorrió la Gran Vía aclamado por los obreros y el pueblo, plenamente conscientes de que la URSS era el único aliado con el que podían contar para derrotar al fascismo.
      Poco, muy poco, poquísimo: en cualquier caso no iba a existir más ayuda que ésa.
      Los demócratas burgueses siempre piden a los demás lo que ellos no son ni serán nunca capaces de realizar.
      Llegaban las prisas y los agobios: la República había tardado más de cinco años en reconocer a la URSS y ahora la URSS tenía que tardar cinco días en traer las armas desde los Urales justo hasta el río
Manzanares.
      De manera acelerada, precipitada, el primer cargamento de armas llegó justo a tiempo de impedir la avalancha de los fascistas sobre Madrid a primeros de noviembre. Los buques soviéticos Komsomol, Kuvan y Neva desembarcaron carros de combate, acorazados rápidos BT-5, cazas I-15 e I-16, bombarderos SB-2, barcos torpederos cañones, morteros, lanzagranadas, ametralladoras, fusiles, abundante munición (millones), vehículos motorizados y otros pertrechos de guerra.
      Los tanques rusos hicieron su aparición en el frente de Madrid el 28 de octubre y los aviones el 11 de noviembre. Fue llegar y despegar.
      Los inventarios militares son incuestionables: más de la mitad de los aviones utilizados por los republicanos entre agosto de 1936 y abril de 1937 eran de procedencia soviética.
Según un documento del Departamento norteamericano de Estado, el 25 de marzo de 1937 de los 460 aviones republicanos, 200 eran cazas, 150 bombarderos y 70 aviones de reconocimiento soviéticos. Casi la totalidad de los tanques también eran soviéticos.
      Poco, muy poco, poquísimo: en cualquier caso lo que no había era armamento de las democracias francesa y británica. La República sólo tenía a la URSS de su parte; la democracia dependía del apoyo de los bolcheviques y de la movilización que la Internacional Comunista pudiera desplegar por todo el mundo entre los obreros y los antifascistas.