martes, 15 de noviembre de 2011

Depuraciones en el Ejército Rojo

      Siguiendo con la última declaración judicial de N. I. Yezhov (jefe del NKVD, 1936-38) que os dejamos el otro día, hemos decidido abrir una sección para informar y abrir debate sobre los oscuros años de lucha contra la contrarrevolución que comenzaron con el asesinato de S. M. Kirov (secretario del Partido del Leningrado, 1926-34) y terminaron en 1938. Este período, principalmente los últimos años, fueron denominados como Gran Purga o yezhovschina.

      El siguiente artículo trata sobre las depuraciones dentro del Ejército Rojo:


      El profundo significado de estas depuraciones internas no se ha acabado de comprender y, por tanto, tampoco su absoluta necesidad. A partir del informe de Jruschov de 1956 esa depuración viene siendo interpretada como un debilitamiento del Ejército Rojo en los primeros días de la guerra, que habría sido decapitado por las purgas de valiosos jefes de la talla del mariscal Tujachevski.
      La propaganda imperialista alude a que fueron depurados la mitad de los oficiales del Ejército Rojo, es decir, una verdadera sangría de experimentados cuadros militares. Sin embargo, el historiador Roger Reese en su libro sobre las depuraciones en el Ejército Rojo, demuestra que el número de oficiales y comisarios políticos era de 144.300 en 1937 y que esta cifra pasó a 282.300 dos años después.
      Durante las depuraciones de 1937-1938 fueron expulsados 34.300 oficiales y comisarios políticos de las filas del Ejército, pero 11.596 de ellos fueron rehabilitados en mayo de 1940 y reincorporados a sus puestos anteriores. Esto significa que fueron expulsados definitivamente 22.705 oficiales y comisarios políticos, con el siguiente desglose: 13.000 oficiales, 4.700 oficiales de la Aviación y 5.000 comisarios políticos. En porcentajes, se trata de un 7'7 por ciento del total; de ellos, sólo una ínfima minoría fueron ejecutados por traición mientras que el resto regresó a la vida civil.
      El Ejército Rojo ya no podía depender a los antiguos oficiales zaristas. Muchos de ellos nunca abandonaron sus viejas ideas y sólo esperaban el momento propicio para actuar. En toda la guerra mundial no se dio un caso como el del general Vlassov, un alto oficial soviético que traicionó a su país y se puso al servicio del ejército hitleriano. Sólo ocurrió con un mando del Ejército Rojo y sólo ocurrió con un mando porque también dentro del Ejército se había producido una depuración a fondo.
      En consecuencia, la depuración militar no debilitó sino que fortaleció al Ejército Rojo. Sacó del Ejército a elementos, como Vlassov, dispuestos a desertar a la primera ocasión propicia, incluso al golpe de Estado. Como afirma Rayond L. Ghartoff, esta severa sacudida de la nueva case militar contribuyó, con el correr del tiempo, a que emergiera un grupo más homogéneo.
      De aquella depuración, el caso más conocido es el del mariscal Tujachevski. En su relato de la guerra mundial, escribe Churchill:
      Durante el otoño de 1936, el Presidente Benes recibió un mensaje de una alta personalidad militar alemana informándole de que, si quería beneficiarse del ofrecimiento de Hitler, debía apresurarse porque pronto iban a sucederse en Rusia, acontecimientos que permitirían a Alemania pasar de la ayuda de los checos.

      Mientras Benes meditaba sobre el sentido de esta alusión inquietante, comprendió que el gobierno alemán estaba en contacto con importantes personalidades rusas por el canal de la embajada soviética en Praga. Formaba parte de lo que se ha llamado la conspiración militar y el complot de la vieja guardia comunista, que pretendían derrocar a Stalin e introducir en Rusia un nuevo régimen cuya política fuera pro-alemana. Sin perder un instante, el Presidente Benes dio parte a Stalin de todas las informaciones que pudo reunir. Poco después, se practicó en la Rusia soviética una purga implacable, pero útil sin duda, que depuró los medios políticos y militares; se abrieron toda una serie de procesos en los cuales en enero de 1937, Vychinsky, el acusador público, desempeñó un papel magistral.
      Incluso un trotskista como Isaac Deutscher reconoce la existencia de una conspiración dentro del Ejército Rojo para asesinar a Stalin e imponer una dictadura militar. Los oficiales depurados y ejecutados preparaban una operación militar contra el Kremlin y los acuartelamientos militares más importantes de otras ciudades clave, como Leningrado. Según Deutscher el golpe lo dirigía Tujachevski con la ayuda de Gamarnik, comisario político jefe del Ejército, el general Iakir, comandante en jefe de Leningrado, el general Uborevitch, comandante de la Academia Militar de Moscú, así como el general Primakov, un comandante de caballería.