domingo, 13 de noviembre de 2011

Las últimas palabras de Yezhov antes de su ejecución, ¿realmente culpable?

      Nikolai Ivanovich Yezhov (1895 -1940) fue desde 1936 el jefe del NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), siendo ascendido más tarde a Comisario General de la Seguridad Estatal. Sin embargo, en noviembre de 1938 fue sustituido por Lavrenti Pavlovich Beria, oficialmente por problemas de salud; aunque mantuvo sus otros cargos de Comisario del Pueblo de Transporte por Agua, secretario del Comité Central del Partido y miembro del Politburó. Como final a una serie de hechos que inevitablemente marcarían su caída, el 10 de abril de 1939 fue arrestado, y el 4 de febrero del siguiente año fusilado. Pero también hay quienes ponen en duda la versión oficial.

      Lo que es más incierto aún, desde luego, es el por qué de su caída, pues los cargos sostenidos contra él no resultan nada convicentes. ¿Se trataba de una trampa tendida por los servicios secreto imperialistas? ¿O fueron las mismas autoridades soviéticas quienes quisieron pararle los pies a quien era responsable de tantas ejecuciones y expulsiones en masa del Partido? Lo que está claro es que tras su caída, se reconocieron los excesos cometidos y se terminó con las detenciones arbitrarias y otro tipo de ilegalidades dentro del NKVD. El nombre de Yezhov desapareció de cualquier lugar que lo homenajeara. Incluso su imagen fue borrada de las fotografías en las que aparecía con otros dirigentes soviéticos, al igual que ocurrió con León Trotski.

       Ante el oscuro final de este leal (aunque despiadado en sus prácticas) comunista, os dejamos su última declaración judicial, en la víspera de su ejecución:

Declaración efectuada durante una sesión judicial a puerta cerrada del órgano colegiado militar del Tribunal supremo de la URSS, 3 de febrero de 1940.

      Durante mucho tiempo he pensado en qué se sentirá cuando se es sometido a un juicio y en cómo debería comportarme en el juicio, y he llegado a la conclusión de que la única forma en la que podría aferrarme a la vida es contarlo todo honestamente.
      Ayer mismo, charlando conmigo, Beria me dijo: «No des por hecho que se te ejecutará necesariamente. Si confiesas y lo cuentas todo honestamente, se te perdonará la vida".
      Tras esta conversación con Beria, decidí lo siguiente: es mejor morir, es mejor dejar este mundo como un hombre digno y no contar nada más que la verdad en el juicio.
      En la investigación preliminar, declaré que no era un espía. que no era un terrorista, pero no me creyeron y me dieron una paliza tremenda. Durante los 25 años de trabajo para el partido, he luchado de manera honrosa contra los enemigos y los he exterminado. He cometido delitos por los que se me podría ejecutar perfectamente.
      Hablaré al respecto más adelante. Pero no he cometido los delitos que la acusación me ha imputado en su alegato y soy inocente de ellos...
      Yo no organicé ninguna conspiración contra el partido y el gobierno. Al contrario, utilicé todos los medios a mi disposición para desvelar conspiraciones.
       En 1934, cuando empecé a dirigir el proceso en el «caso Kirov", no tuve miedo de denunciar a Yagoda y a otros traidores de la Comisión Extraordinaria (ChK) [Cheka] al Comité Central. Como miembros de la Cheka, enemigos como Agranov y otros nos manejaban a su antojo, alegando que era obra del Servicio de Inteligencia de Letonia.
      No creímos a estos chekistas y les obligamos a revelarnos la verdad [sobre] la participación de la organización derechista trotskista. Acertando a estar en Leningrado en el momento de " la investigación del asesinato de S.M. Kirov, vi cómo los chekistas intentaban sabotear el caso.
A mi llegada a Moscú, redacté un informe detallado sobre estos hechos on nombre de Stalin, que inmediatamente después convocó una reunión...
      Alguien podría preguntarse por qué le planteé repetidamente a Stalin el problema de la negligencia de la Cheka si de verdad formaba parte de una conspiración antisoviética...
      Al llegar al NKVD, en un primer momento me vi solo. No tenía asistentes. Primero me familiaricé con el trabajo y sólo entonces comencé mi labor, aplastando a los espías polacos que se habían infiltrado en todos los departamentos de los órganos de la Cheka. La inteligencia soviética estaba -en sus manos.
      De modo que yo, «un espía polaco", comencé mi trabajo aplastando a espías polacos. Después de aplastar a los espías polacos, me dispuse inmediatamente a purgar el grupo de chaqueteros.
      Así fue como empezó mi trabajo para el NKVD. Desenmascaré personalmente a Molchanov y, junto a él, a otros enemigos del pueblo que se habían infiltrado en los órganos del NKVD y que habían ocupado cargos importantes en el mismo.
      Tenía la intención de detener a Liushkov, pero se me escurrió de las manos y huyó al extranjero. Purgué a 14.000 chekistas. Pero mi gran culpa consiste en el hecho de que purgué a demasiado pocos.
      Mi forma de actuar era la siguiente: le encargaba la tarea de interrogar a la persona arrestada a uno u otro jefe de departamento, pensando: «Vamos, interrógalo hoy, Mañana te arrestaré a ti".
      Estaba rodeado de enemigos del pueblo, de mis enemigos. Purgué a chekistas por doquier. Los únicos lugares donde no los purgué fueron Moscú, Leningrado y el Cáucaso septentrional. Pensaba que eran honestos, pero resultó que de hecho había estado cobijando bajo mis alas a saboteadores, alborotadores, espías y enemigos del pueblo fieles a otras banderas...
      Y no he participado jamás en una conspiración antisoviética. Si se leen cuidadosamente todos los testimonios de los miembros de la conspiración, se comprobará que me estaban difamando no sólo a mí, sino también al CC y al gobierno...
      Se me acusa de corrupción en relación con mi ética y mi vida privada. Pero, ¿dónde están los hechos? He estado en primera plana ante el público por el partido durante 25 años. En estos 25 años, -todo el mundo me ha visto, todo el mundo me ha querido por mi modestia y honestidad.
      No niego que bebía mucho, pero trabajaba como una bestia de carga. ¿Dónde está mi corrupción? Comprendo y declaro honestamente que el único motivo para perdonarme la vida sería admitir que soy culpable de los delitos que se me imputan, arrepentirme ante el partido e implorarle que me perdone la vida. Quizás el partido me perdone la vida al sopesar de los servicios que le he prestado.
      Pero el partido nunca ha tenido necesidad de mentiras y declaro nuevamente ante ustedes que no he sido un espía polaco y no quiero declararme culpable de esa acusación porque sólo sería un regalo para -los terratenientes polacos, del mismo modo que si me declarase culpable de actividades de espionaje para el Reino Unido y el Japón, sería un regalo para los lores ingleses y los samuráis japoneses-. Me niego a conceder dichos regalos a esos caballeros...
      Ahora concluye mi alocución final. Pido al órgano colegiado militar que me conceda las siguientes solicitudes:
      1. Mi destino es obvio. Evidentemente, no se me perdonará la vida, porque yo mismo he contribuido a que así sea en mi investigación preliminar. Sólo solicito una cosa: fusílenme con cuidado, sin que tenga que agonizar.
      2. Ni el Tribunal ni el CC creerán en mi inocencia. Si mi madre vive, solicito que se la mantenga cuando sea mayor y que se cuide a mi hija.
      3. Solicito que no se someta a mis parientes y sobrinos a medidas punitivas porque no son culpables de nada.
      4. Solicito al Tribunal que investigue cuidadosamente el caso de Zhurbenko, al que consideraba y todavía considero un hombre honesto dedicado a la causa estalinista-leninista.
      5. Solicito que se informe a Stalin de que, en mi vida política, no he engañado jamás al partido, un hecho conocido por millares de personas que están al corriente de mi honestidad y modestia.
      Solicito que se informe a Stalin de que soy únicamente víctima de las circunstancias, aunque es posible que los enemigos que he olvidado también hayan tenido algo que ver en este asunto.
      Decidle a Stalin que moriré con su nombre en los labios.