Mostrando entradas con la etiqueta revisionismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta revisionismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de abril de 2014

Sobre el revisionismo del PCPE, ''una crítica necesaria en el movimiento comunista del Estado español''


El PCPE y el revisionismo: una crítica necesaria en el movimiento comunista del Estado español


Documento realizado por Revolución o barbarie en marzo de 2013, donde critica el revisionismo de este partido (que tal como dicen, se trata del más desarrollado cuantitativamente entre los (auto)denominados marxistas-leninistas) basándose en sus propios documentos, principalmente en las tesis políticas aprobadas en su IX Congreso:


 (21 págs.)

jueves, 27 de marzo de 2014

''El socialismo: del siglo XX al XXI'' (carta de Juan García Martín, preso político del PCE(r))

El socialismo: del siglo XX al XXI
Carta de Juan García Martín, preso político del PCE(r),
5 de noviembre de 2007.

[...] Cambiando de tema, pero en relación con la educación de las nuevas generaciones (ya sabes que nunca dejé de ser un maestrillo) y la necesidad de combatir los espejismos reformistas que nos ponen por delante, últimamente se queda uno alucinando cuando leemos en revistas progresistas e incluso en comunicados o artículos de organizaciones de izquierda que se nos pone como ejemplo de revolucionarios a Chávez, Evo Morales e, incluso, a Daniel Ortega, como horizonte de futuro o modelo a seguir de ¡el socialismo del siglo XXI! Nada menos, a países como Venezuela, Bolivia o la Cuba actual.

Desde luego, nada de esto es nuevo y siempre han existido los oportunistas que, traicionando el legado de los revolucionarios que nos han precedido, aprovechan los tiempos de debilidad orgánica de los partidos comunistas, de falta de cultura política, de desconcierto o de reveses y de retroceso de la revolución para sembrar la confusión entre las filas del proletariado revolucionario: y ahí está la historia del trosquismo (cuya mano se ve detrás de algunas de esas publicaciones) como muestra.

Y como siempre ha ocurrido también, esta gente siempre presenta sus descubrimientos como si fuera una superación, no ya del capitalismo sino del propio socialismo que hasta ahora ha existido en la teoría y en la práctica.

Naturalmente, nunca faltan las almas cándidas que se apuntan a esta moda de supuesto socialismo con rasgos pacifistas, antiyanquis, onegeros, ecologistas, patrioteros, paternalistas, indigenistas y cuantos mas istas quiera ponerle el gurú de moda.

Todo ello como si durante más de 50 años no hubiera existido el socialismo verdadero en más de la mitad de la humanidad, ni hubiera existido Marx, Engels, Lenin, Stalin....

Nada más lejos de la realidad que pretender partir de cero en nuestra lucha por el socialismo. Con Marx Engels, ya a mediados del siglo XIX, el socialismo se hizo ciencia; y con la revolución bolchevique de principios del XX tomó cuerpo. Esta es una herencia a la que no vamos ha renunciar los comunistas.

Armados del materialismo dialéctico y el materialismo histórico, Marx Engels agarraron firmemente la pista de la plusvalía que producen los obreros y los arrebatan los capitalistas, y llegaron al descubrimiento de las contradicciones fundamentales que determina la existencia del capitalismo y, por extensión, del orden social que rige en el mundo entero.

Esas contradicciones no han dejado de actuar en el mundo desde entonces y seguirán actuando hasta que dicho sistema capitalista sea sustituido por vías revolucionarias, por el comunismo.

Partiendo de estas contradicciones, Marx Engels estuvieron en condiciones de trazar las características principales del nuevo modo de producción llamado a suceder al capitalismo y las vías estratégicas fundamentales para que los enterradores del capital, los obreros, lleguen a implantarlo.

Nacía, así, el socialismo científico y quedaban atrás definitivamente los reinos de la utopía, el voluntarismo, las buenas intenciones, la filantropía... aunque, como vemos, lo que no han desaparecido han sido los utópicos, voluntaristas, bienintencionados, filántropos... ni los oportunistas y reformistas que se aprovechan de ellos para apartarlos de cualquier camino verdaderamente revolucionario.

¿Cuáles son aquellos rasgos fundamentales de la sociedad socialista, etapa primera del comunismo, que enunciaron Marx Engels y que hemos seguido fielmente todos los comunistas hasta hoy?

Sigamos el mismo proceso que, por ejemplo, podemos ver en libro de Engels Del Socialismo utópico al Socialismo científico, deduciendo dichos rasgos de las contradicciones fundamentales del capitalismo:

1. La contradicción que existe entre la apropiación individual y la producción social; dicho de otro modo, entre una producción de mercancías que necesita el concurso de cada vez más productores que, por su parte, no cuentan con más riqueza que su fuerza de trabajo (la clase obrera) y la existencia de propietarios privados del capital que controlan esa producción, que compra fuerza de trabajo y materias primas y que se apropian de la plusvalía generada por los obreros.

Esta es la esencia, la razón de ser del sistema capitalista desde sus orígenes.

Fenómenos de plena actualidad como la llamada globalización, el mercado mundial, las empresas multi y trasnacionales, las deslocalizaciones, la proletarización creciente de amplias capas de la población, la miseria creciente en dos tercios de la humanidad, la destrucción de ingentes recursos naturales o la mercantilización y privatización de los servicios o la mismísima investigación científica... estos fenómenos tan del siglo XXI están todos ligados y tienen su raíz en la persistencia de la propiedad privada sobre los medios de producción y en la necesidad, para asegurar las ganancias de unos propietarios, de la creciente participación de millones de personas en una producción cuyos frutos les son arrebatados por los monopolizadores del capital.

Es lógico que todo aquel que se proponga superar esta contradicción deba empezar por restituir lo robado a sus verdaderos propietarios, los obreros. El socialismo, por tanto, empieza por la expropiación de los expropiadores por abolir la propiedad privada de los medios de producción y ponerlos a disposición de los trabajadores, avanzando posteriormente hacia la completa propiedad común de todos ellos. Este es el primer rasgo distintivo del socialismo.

2. La contradicción que existe entre la gran y cada vez mas compleja y completa organización que hay en el seno de cada unidad productiva y la anarquía que rige en el mercado, único regulador admitido por los propietarios privados del capital.

La crisis económica crónica que vivimos desde mediados de los 70 del siglo XX, la destrucción de medios o del medio ambiente, en el aumento de cuadros y técnicos dentro de las empresas, su estructuración interna casi o militarizada, el desarrollo desigual, el derroche de recursos por un lado y la penuria en el otro, las guerras... fenómenos de plena actualidad y que nos hablan de la permanencia de esta segunda gran contradicción del capitalismo, estrechamente ligada, por otra parte, a la primera, a la propiedad privada.

¿Cómo planificar la solución de los graves problemas que hoy azotan a la humanidad si el sistema capitalista consagra el derecho inviolable de los propietarios a disponer de su propiedad?

Es por ello que, junto a la nacionalización de los medios de producción, el socialismo debe implantar -¡porque puede hacerlo, gracias a la propiedad común!- la planificación socialista de la economía: medios, relaciones entre los distintos sectores de producción. la distribución, etc., etc.

Esta planificación es el segundo rasgo fundamental del socialismo.

3. La contradicción entre la burguesía y el proletariado, las dos clases que protagonizan el enfrentamiento entre los propietarios del capital y los explotados por él.

Es ésta una contradicción antagónica que persistirá en tanto dure cualquier rastro de propiedad privada en el mundo, de cualquier privilegio, de cualquier idea de la vieja sociedad, y cualquier esperanza por parte de las clases expropiadas por la revolución de volver a instaurar el capitalismo.

Es ésta una contradicción que impregna a toda la sociedad y que, sin excluir la presencia de otras clases, sectores intermedios y contradicciones entre ellos, las determina.

En los países capitalistas y a escala mundial, hoy la burguesía desempeña el papel dominante en esta contradicción, ocupando el lugar que antes ocuparon las derrocadas clases feudales:

en los países donde aún sobreviven estas últimas, se ha creado una situación de dependencia colonial o neo-colonial de las grandes potencias imperialistas, lo cual solo viene a conformar la hegemonía del capitalismo a escala mundial.

El socialismo no hace desaparecer de golpe las clases ni la lucha de clases, cosa que solo ocurrirá en el transcurso de su desarrollo hacia el comunismo. Sin embargo, acaba con el dominio de la burguesía, implantando la dictadura revolucionaria del proletariado sobre ella. Este es, por tanto, el tercer rasgo distintivo del socialismo.

Como vemos, la esencia del sistema capitalista, sus contradicciones fundamentales, perviven a través de los siglos de existencia del capitalismo hasta la actualidad. El cambio más significativo en este tiempo fue descubierto y descrito por Lenin a principios del siglo XX: la entrada del capitalismo en su fase imperialista.

Con el imperialismo, se aumentó extraordinariamente la concentración monopolista del capital, se expandió e impuso por todo el mundo, se hizo mucho más agresivo, desencadenó guerras mundiales, etc. Sin cambiar su esencia. ¿Por qué, por tanto, habían de cambiar los rasgos distintivos fundamentales del socialismo del siglo XXI, más allá de los derivados de su adaptación a los propios cambios de la sociedad burguesa?

Teniendo en cuenta todo lo dicho, cae por su peso que son una falacia las pretensiones de los oportunistas de superar al socialismo científico fundado por Marx Engels y seguido por los comunistas que les hemos heredado.

Y en cuanto a saber orientarnos por los ascensos anticoloniales o nacionalistas que hoy resurgen al calor de las contradicciones interimperialistas y la crisis del propio sistema, y saber darle su justo peso dentro de la lucha revolucionaria, debemos de sostener siempre un sentido de clase.

Por un lado, ver qué clase sale ganando con esos avances y cambios, luego ver si beneficia o no a la causa del socialismo a escala mundial.

Por último, a la hora de ver el alcance de dichos movimientos, siempre debemos hacernos la pregunta de si en esos países se da o no la expropiación de los capitalistas, la planificación económica y la dictadura del proletariado. ¿Tienen acaso Venezuela o Bolivia alguno de estos rasgos? ¿Se puede llamar socialistas a Chávez o Evo Morales?

martes, 4 de marzo de 2014

Las condiciones históricas del nacimiento del revisionismo moderno

tomado de Tiempos Rojos

Las condiciones históricas del revisionismo moderno


Cuando se analiza cualquier problema social, es necesario que sea puesto en un contexto histórico determinado y, si se analizan los fenómenos que por su naturaleza y contenido son los mismos, es necesario tener en cuenta las peculiaridades concretas, que los distinguen unos de los otros sobre la base de las condiciones históricas en las que ocurren. De manera que, para entender correctamente algunos problemas que hoy se encuentran frente a los marxista-leninistas en relación a la lucha contra el revisionismo moderno, es importante conocer las condiciones históricas en las que surgió así como sus peculiaridades.
El revisionismo moderno, al igual que el viejo revisionismo, no es algo accidental, no es sólo una traición de ciertas personas particulares, sino que es un producto social de toda una época histórica. «Cada problema más o menos ‘nuevo’, cada viraje de los acontecimientos» — dijo Lenin — «provocará siempre, sin falta, una u otra variedad de revisionismo.» [1].

El revisionismo moderno surgió y se propagó después de la Segunda Guerra Mundial. Sus primeros signos fueron evidentes antes de la guerra, con el Browderismo. Una de las primeras y más peligrosas manifestaciones del revisionismo moderno fue el revisionismo Titoísta. Pero el revisionismo moderno se transformó en una tendencia retrógrada de proporciones internacionales más tarde, con la aparición del revisionismo Jruchovista, que afectó al partido más viejo, más grande y el que contaba con la mayor autoridad en el mundo, el Partido Comunista de la Unión Soviética, y sobre todo después del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, cuyas tesis oportunistas se convirtieron en el alimento ideológico de los revisionistas y renegados del marxismo-leninismo de todo el mundo.
Después de la Segunda Guerra Mundial, que finalizó con el completo fracaso militar y político del fascismo, ocurrieron grandes cambios en el mundo. Las posiciones del capitalismo fueron sacudidas hasta sus cimientos, su crisis general entró en una nueva fase superior, la autoridad del primer país socialista del mundo, la Unión Soviética, creció como nunca antes. Una serie de países europeos y asiáticos emprendieron el camino al socialismo, los partidos comunistas crecieron y su influencia entre las masas se fortaleció, el movimiento de liberación nacional de los pueblos y naciones oprimidas tomó un nuevo impulso, en todas partes la revolución crecía, mientras que las posiciones del imperialismo se estaban debilitando continuamente.

En estas circunstancias la burguesía imperialista elaboró su nueva estrategia y táctica para enfrentarse a las crecientes fuerzas de la revolución, para defender y ampliar su dominación en el mundo. El imperialismo norteamericano que se convirtió en el centro de la reacción mundial, en el enemigo más grande de los pueblos de todo el mundo, alzó la bandera del estrangulamiento de la revolución y de la salvación del capitalismo.

1) Para conseguir sus objetivos las reaccionarias clases explotadoras siempre han empleado y todavía emplean dos métodos: la violencia y el engaño, dando prioridad a veces a uno y en otros tiempos al otro. Estos dos métodos fueron utilizados en amplia escala por el imperialismo, y sobre todo por el imperialismo norteamericano, tras la Segunda Guerra Mundial.

Sacudido por las victorias del socialismo y por el ascenso del movimiento comunista internacional y el movimiento de liberación nacional, inmediatamente luego de la guerra, el imperialismo, encabezado por el de los Estados Unidos, comenzó una ofensiva general contra los países socialistas, los partidos comunistas y los pueblos del mundo, utilizando todas las formas de presión: económica, política, ideológica y militar. El carácter agresivo de la política del imperialismo norteamericano, sus preparativos militares, sus amenazas de una guerra recurriendo al uso de medios de exterminio masivo se pronunciaron especialmente. El chantaje atómico se convirtió en la política oficial de los EE.UU. La capitulación ante esta presión del imperialismo, a sus amenazas de una guerra devastadora, fue una de las circunstancias que llevaron al nacimiento del revisionismo moderno, fue una de las fuentes del nacimiento del revisionismo en la actualidad. Fue sobre esta base que los lemas notoriamente pacifistas y capitulacionistas de Jruschov por una paz a toda costa fueron sacados y abandonados todos los ideales revolucionarios, se alcanzó el punto de sumisión y rendición al imperialismo, algo que constituye una de las características singulares del revisionismo moderno.

Cuando se volvieron evidentes los primeros signos del oportunismo Jruchovista, el imperialismo, sin descuidar el empleo de los medios de violencia, comenzó a practicar en una más amplia escala la táctica del engaño, del socavamiento del movimiento comunista y obrero, de la revolución y el socialismo desde adentro, una táctica que había empezado a utilizar muchos años antes en varios países capitalistas. Por una parte, aumentó su presión, con el fin de obtener de los revisionistas aún más grandes nuevas concesiones, mientras que, por otra parte, se hizo eco de las consignas pacifistas y capitulacionistas con el objetivo de empujarlos aún más a lo profundo de la ciénaga de la traición. El empleo de tal táctica fue dictado por el hecho de que en las condiciones de la proporción de fuerzas creada tras la Segunda Guerra Mundial, era muy difícil para el imperialismo lograr su objetivo de expansión de su dominación en el mundo por medio de la agresión armada. Por lo tanto, concentró sus esfuerzos en el socavamiento desde adentro de los países socialistas y partidos comunistas. Los socialdemócratas desempeñaron este papel en el pasado, pero en las nuevas condiciones, cuando el socialismo se había convertido en un sistema mundial, el imperialismo no estaba satisfecho con los «partidos burgueses de la clase obrera» dentro de los países capitalistas. Tuvo que encontrar otra arma más conveniente que serviría para suprimir el movimiento comunista, minar el socialismo y sabotear la lucha de liberación nacional de los pueblos. Esta arma la encontró al principio en el revisionismo Titoísta, que era un revisionismo en el poder y que mantenía la etiqueta de un país «socialista». 

Pero, al igual que la socialdemocracia, el nuevo aliado del imperialismo, la camarilla de Tito, fue también desenmascarado. El imperialismo necesitó otro apoyo más poderoso, más autoritario. Y este apoyo lo encontró precisamente en los revisionistas Jruchovistas.

2) La finalización de la Segunda Guerra Mundial con la victoria completa de la Unión Soviética sobre el fascismo fue un éxito de importancia histórica internacional. Pero, como dijo Stalin, incluso los éxitos tienen su lado oscuro. De hecho la victoria de importancia histórica que se logró tras la Segunda Guerra Mundial, por distintas razones creó en algunos cuadros de muchos de los partidos comunistas, principalmente en la Unión Soviética, una especie de embriaguez de éxitos, un auto-satisfacción, un deseo de vida fácil y relajación después de los esfuerzos y sufrimientos de la guerra. La enorme destrucción material y humana y el daño causado por la guerra influyeron en el nacimiento, entre algunas personas vacilantes, de un deseo de encontrar caminos «más tranquilos», «más fáciles», un camino «sin sacrificio», para lograr la victoria de la revolución y la edificación del socialismo y el comunismo. Recordemos en este punto la especulación de los revisionistas modernos con los deseos y las aspiraciones de las personas por la paz, para difundir el lema de la «coexistencia pacífica», la «competencia pacífica», el «transito pacífico al socialismo», que creó ilusiones reformistas en muchas personas.

Los elementos vacilantes siempre han tendido a evaluar las situaciones desde puntos de vista oportunistas y trazando de ellos conclusiones igual oportunistas. Así, interpretaron los grandes cambios en la proporción de fuerzas a favor del socialismo, que ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, como si ahora cualquier cosa podía ser impuesta al imperialismo, como si, ante la fuerza e influencia del socialismo, incluso las leyes objetivas del capitalismo habían perdido su eficacia. Sobre esta base, los revisionistas Jruchovistas llegaron a la conclusión general de que la naturaleza del imperialismo había cambiado o podría ser cambiada, que ahora, mientras todavía existía el imperialismo, la guerra podría ser eliminada de la vida de la sociedad, que el desarme general y completo podría lograrse, que podría ser creado un mundo sin armas, sin ejércitos y sin guerras, que la transición al socialismo podría hacerse sin la violencia revolucionaria, sin romper por la fuerza la vieja maquinaria estatal burguesa, y luego establecer sobre sus ruinas la dictadura del proletariado.

3) Otra circunstancia histórica que favoreció el nacimiento del revisionismo moderno fue el período de 
«tranquilidad» relativa, de desarrollo «más o menos pacífico» que tuvo lugar después de la Segunda Guerra Mundial en Europa y sobre todo en América del Norte, y el nivel relativamente alto de los contactos económicos en este período. Después de la Segunda Guerra Mundial, también surgieron algunos nuevos fenómenos del desarrollo del mundo capitalista, como pueden ser la ampliación de la esfera de la actividad del capitalismo monopolista de Estado, la transición del viejo colonialismo al neocolonialismo, etc. Todos estos factores fueron explotados por la propaganda burguesa para propagar ilusiones respecto a la «prosperidad permanente del capitalismo», sobre el cambio de su carácter, en resumen, para difundir ilusiones reformistas. Mientras tanto crecía la llamada «aristocracia de la clase obrera», que es la base social principal del oportunismo y el revisionismo en el movimiento comunista.

Las filas de la clase obrera en los países capitalistas se llenaron durante este período con nuevos «reclutas», con elementos de la pequeña burguesía, como comerciantes en quiebra y agricultores. Además de esto, sobre todo en Francia e Italia, muchos elementos vacilantes, pequeñoburgueses, intelectuales, arribistas y oportunistas entraron en las filas de los partidos comunistas. Esto aumentó la presión de la ideología pequeñoburguesa y burguesa sobre la clase obrera y sobre los partidos de la clase obrera en los países capitalistas, y esto provocó la revisión, también en esta ocasión, de la tesis marxista-leninistas de que el desarrollo del movimiento en amplitud siempre está asociado con una cierta disminución de su nivel revolucionario y teórico.

Junto con la liberalización general y con el uso de una política más astuta para el socavamiento del movimiento comunista y obrero por la burguesía internacional y, como consecuencia de esto, en este periodo se desarrolló en los partidos comunistas de los países capitalista el legalismo, la absolutización de las formas legales de lucha, cayendo en el «cretinismo parlamentario», persiguiendo puestos de gobierno, la reducción de todo el trabajo del partido a las campañas electorales.

Todas éstas fueron circunstancias y condiciones adecuadas para el nacimiento del revisionismo moderno, porque, como dijo Stalin, «El paso del auge a la calma, ya de por sí, por su misma naturaleza, aumenta las probabilidades del peligro de derecha… engendra ilusiones socialdemócratas, reformistas, haciendo que el fundamental sea el peligro de derecha.» [2]

4) Por mucho tiempo, después del estallido revolucionario que ocurrió durante la Primera Guerra Mundial e inmediatamente después, las tareas más importantes que enfrentaron los partidos comunistas fueron de un carácter democrático. En este período, el principal lugar fue ocupado por la lucha por la defensa de los regímenes democráticos contra el peligro fascista que tomó el poder en Italia y Alemania, y más tarde en 

España. Durante la Segunda Guerra Mundial la tarea fundamental fue la lucha contra los fascistas ocupacioncitas para la defensa y liberación nacional. Las tareas democráticas tomaron una importancia especial también después de la Segunda Guerra Mundial. En el XIX Congreso del PCUS, José Stalin planteó correctamente el deber histórico de los partidos comunistas de tomar en sus manos y alzar la bandera de las libertades democráticas, de la independencia nacional y soberanía y de la preservación de la paz en el mundo. La lucha en este sentido no fue una lucha directa por el socialismo. Sin embargo, sin las tareas anteriores solucionadas, no podría realizarse ninguna tarea de un carácter directamente socialista. Por otra parte, el marxismo-leninismo enseña que los partidos comunistas y el proletariado progresista deben dirigir tanto la lucha directa por el socialismo, así como la lucha por la democracia, por la independencia nacional, etc.

La lucha por la democracia no se encuentra en oposición a la lucha por el socialismo. Por el contrario, aproxima y facilita la victoria de la revolución socialista. Pero es innegable que en unas circunstancias en las que las tareas de un carácter democrático general aparecen en el primer plano, si los partidos comunistas no están siempre guiados por el principio de clase de que la lucha por la democracia debe servir a la lucha por el socialismo y que la primera debe estar sometida a la segunda, si no muestran atención por unir los intereses del momento del movimiento con los intereses de su perspectiva, con el objetivo final de la clase obrera: la realización del comunismo, se crean entonces condiciones favorables para la nacimiento del oportunismo de derecha, del revisionismo. De hecho, los revisionistas modernos reducen toda la lucha por el socialismo a la lucha por la democracia dentro de los límites por la legalidad burguesa y las constituciones, convirtiéndose así en esclavos de la democracia burguesa que incluso los revisionistas que se encuentran en el poder tratan de imitar.

Nos parece que estas son las condiciones históricas más generales que favorecieron el nacimiento del revisionismo moderno. No vamos a insistir aquí en las causas objetivas y subjetivas concretas de este fenómeno retrógrado, ni en la relación entre ellas. Nuestro Partido, en muchos de sus documentos y materiales importantes, y el camarada Enver Hoxha, en una serie de discursos y escritos de importancia histórica, han analizado esta cuestión de una manera científica y han sacado conclusiones revolucionarias de lo que ocurrió en la Unión Soviética y en los otros lugares. Y nuestro Partido considera que es absolutamente necesario el conocimiento profundo de las condiciones históricas y de las causas que dieron lugar al revisionismo para poder así evitar en el futuro eso que ocurrió en nuestros días en una serie de antiguos países socialistas, porque, en el análisis final, el ascenso del revisionismo no es una inevitabilidad fatal. Naturalmente, las causas del ascenso del revisionismo están basadas en la realidad objetiva. Sin embargo, como un fenómeno retrogrado el revisionismo no puede representar una ley objetiva, como los ideólogos burgueses tratan de presentar el problema, sino sólo un retroceso temporal en el proceso del desarrollo de la revolución socialista mundial. Como tal, no es necesario que surja inevitablemente en cada país por separado. El hecho que hasta el momento el revisionismo no haya sido capaz de pasar en Albania, en China y en varios otros partidos comunistas y que en la lucha con él se han creado decenas de nuevos partidos marxista-leninistas, es la prueba más convincente que el revisionismo es una posibilidad, un peligro, que, si es reconocido y si son cortadas las raíces que lo nutren, puede ser evitado y derrotado. Para esto el factor subjetivo desempeña un rol decisivo, y en primer lugar, la posición del partido comunista. Cuando el partido reconoce y aplica las leyes objetivas de la sociedad, sigue una línea marxista-leninista correcta, tiene como su base ideológica la teoría marxista-leninista y educa a sus miembros, la clase obrera y todas las masas con ella, desarrolla la lucha de clases consecuentemente y sin interrupción, aplica las normas 

Leninistas en la vida interna del partido, conserva sus filas puras, fortalece continuamente sus vínculos con las masas, trabaja para el revolucionarización del partido y toda la vida del país, agudiza la vigilancia revolucionaria de cada comunista y obrero, se evita el peligro del nacimiento del revisionismo.


Notas
[1] V. I. Lenin (1908): Marxismo y revisionismo.
[2] J. V. Stalin (1925): Sobre el Partido Comunista de Checoslovaquia
Fragmento de “About some actual problems of the struggle against modern revisionism”.
Traducido por Tiempos Rojos.

domingo, 2 de febrero de 2014

''Tinta Roja resbala hacia la infamia fascista'', Juan Manuel Olarieta respondiendo a un cabecilla de los CJC

Os dejamos el siguiente excelente y acertado artículo del abogado de presos comunistas y antifascistas Juan Manuel Olarieta Alberdi, en respuesta a un artículo de la publicación Tinta Roja de los CJC (juventudes del PCPE) que os recomendamos leer de antemano, pues no tiene desperdicio (al final de la entrada encontraréis el enlace directo, en su página web oficial):

tomado de Opinión de Clase


''Tinta Roja'' Resbala Hacia la Infamia Fascista

Juan Manuel Olarieta

Con la invocada pretensión de abrir un debate sobre el uso de la violencia en la lucha popular, Domenec Merino publica un artículo en la revista “Tinta Roja” (*), que es verdaderamente bochornoso, porque en este país no hay ni puede haber tal cosa. Los que califican a eso como un debate o sueñan que tal debate es posible aquí y ahora, engañan a sus lectores, por una sencilla razón: porque sólo se pueden expresar los mismos de siempre, los fascistas, los pacifistas y los oportunistas. El debate se reduce a ellos; ellos se lo guisan y se lo comen.

Por el contrario, esos a los que Domenec califica como encapuchados (blanquistas, anarquistas) no pueden exponer abiertamente sus propuestas. El debate está, pues, trucado desde el principio. Domenec sabe que tiene carta blanca, que no le van a acusar de“apología del terrorismo”, mientras que los otros tienen un problema mucho más serio: tienen que callarse la boca, lo que los oportunistas como Domenec aprovechan a la perfección para explayarse en exclusiva.


Bajo la ridícula pretensión de una “observación empírica de la sociedad” el artículo hace apología del fascismo y de la represión; critica un tipo de violencia, la de las masas, y oculta la violencia de los antidisturbios, que deja en un segundo plano.


Según el cabecilla de CJC, en Gamonal la lucha ha revestido un carácter violento, lo cual es sólo una parte de la realidad. Esa ocultación va luego seguida de una segunda, aún más importante: ¿por parte de quién ha sido violenta?, ¿quién es el violento?, ¿a quién llama violento Domenec?, y ¿quién hizo que lo que hasta un determinado momento era pacífico cambie de signo? ¿Acaso la lucha en Gamonal empieza con las barricadas o más bien acaba en ellas?


Para lavar la cara a los antidisturbios los apologistas del Estado burgués dicen que la policía acude a una manifestación para reprimir la violencia de los manifestantes y, por lo tanto, son los manifestantes los que tienen la culpa de ella, de la intervención de la policía y de la violencia que desencadena. Pero no explican los motivos por los cuales la policía acude a una manifestación. ¿Qué pinta la policía en una manifestación? Es más: ¿qué pinta la policía en una manifestación antes de que suceda ningún episodio de violencia?, ¿no tratan de intimidar a la gente para que no acuda?, ¿no es eso violencia y amenaza de la violencia?, ¿no es la policía la causa de la violencia en las manifestaciones? Eso es lo que merece una explicación para entender lo que Domenec y demás oportunistas llaman “la violencia”.


En un ejercicio de maniqueísmo infantil, Domenec establece una dicotomía absurda según la cual hay dos tipos de personas. En primer lugar, el obrero de Gamonal que decide emplear la violencia para resistir a las cargas de los antidisturbios y, en el otro, el anarquista que quema un contenedor en una manifestación. Pero, ¿acaso los anarquistas no son obreros, ni son de Gamonal?, ¿son extraterrestres llegados de Euskadi, como dicen los fascistas, con el manual de la kale borroka en la mano?, ¿quemar un contenedor no es una forma de resistir a las cargas de los antidisturbios o tiene Domenec su propio manual de kale borroka sobre el mejor modo de resistir a las porras y los pelotazos?


Ese maniqueísmo corre paralelo con el invento de otras dos concepciones que Domenec considera “profundamente arraigadas” en la sociedad. Por una parte, los no violentos y, por la otra, los herederos de Blanqui, los de la “cara tapada”. Pero ese planteamiento es falso. En realidad Domenec sólo quiere hablar en contra de estos últimos para apoyar a los anteriores, a los no violentos, de una manera camuflada, sin que se le vea el plumero demasiado.


Para despacharse a gusto contra los “herederos de Blanqui”, Domenec se tiene que inventar las dos cosas, es decir, tanto a Blanqui como a sus herederos. Entre los oportunistas como Domenec el recurso al comodín de Blanqui y el blanquismo es una constante. Lenin fue acusado de blanquismo por los mencheviques y Rosa Luxemburgo ya avisó de las manipulaciones que los revisionistas hacían hace cien años de la etiqueta de Blanqui, aunque lo más corriente es que no tengan ni la más remota idea de quién fue Blanqui y qué fue el blanquismo.


El cabecilla de CJC dice que Blanqui pasó media vida detrás de los barrotes por su lucha revolucionaria, añadiendo que la misma fue “absolutamente ignorada por la clase obrera”. ¿También eso lo ha observado empíricamente este manipulador? Domenec necesita tergiversar las cosas para que queden a su gusto, de manera que pueda introducir por la rendija la “vocación de masas” de su grupo, su afán por ser conocidos, de convertirse en referente y actuar a cara descubierta. Pues si CJC quieren ir por ese camino lo que deberían hacer es tomar ejemplo de Femen, que son más conocidos aún y actúan completamente al descubierto.


Los blanquistas tuvieron una relación con las masas que CJC no es capaz de imaginar siquiera. Ellos fueron, junto a los proudhonistas, el partido obrero dominante en Francia en el siglo XIX, participaron de una manera decisiva en la Revolución de 1848 y en la Comuna de París de 1870, tras la cual algunos se exiliaron a Londres, donde Marx los acogió solidariamente e incorporó a la Primera Internacional. ¿No fue eso “vocación de masas”?


Engels dijo que Blanqui había sido un “precursor”. Los oportunistas deberían lavarse bien su sucia boca antes de hablar de alguien que pasó 35 años de su vida encerrado en las cárceles por participar activamente en los acontecimientos europeos más importantes del siglo XIX al lado de la clase obrera. La liberación de Blanqui de la cárcel fue una exigencia constante del movimiento obrero francés, que logró sus objetivos en varias ocasiones mediante la lucha popular, es decir, que no fue el personaje aislado y solitario que Domenec quiere dibujar, que no fue de esos que “renuncian a tener contacto con las masas” porque los blanquistas fueron los únicos que tuvieron diez delegados en el Consejo de la Comuna de París, convocaron manifestaciones de decenas de miles de obreros, obtuvieron escaños en el Parlamento con otros tantos miles de votos procedentes del proletariado y reunieron a otros 100.000 en el funeral de Blanqui.

¿Pero acaso hay alguien que renuncie tener contacto con las masas o más bien a lo que renuncian es al contacto oportunista, legalista y pacifista con ellas, que es lo que este capitoste de CJC aplaude?
El oportunismo de Domenec se torna en puro idealismo infantil cuando dice que prefiere “una manifestación pacífica con miles de obreros a un altercado violento protagonizado exclusivamente por gente politizada”. El problema es que no se trata de elegir entre una cosa u otra, porque lo corriente es que ocurran ambas cosas, es decir, que una manifestación pacífica acabe en un altercado violento. Otro problema es que quien elige no es él, ni nadie diferente de la policía porque ella es la única responsable de la violencia y sólo a un infame sicario suyo se le ocurre asegurar que la violencia la protagoniza “exclusivamente” la gente politizada.

La infamia va alcanzando tonos realmente vergonzosos cuando Domenec propone dar la espalda a los encapuchados porque “bien podrían ser policías”. Para cualquier antifascista con la policía no cabe otra: darle la espalda. Pero Domenec es un cínico sin escrúpulos que trata de justificarse en la infiltración policial para “dar la espalda” al manifestante, lleve capucha o no, y su cinismo le sirve para disimular que, en realidad, él a quien defiende es a los antidisturbios.
Domenec va alcanzando el éxtasis cuando dice que la revolución de 1917 “se logró prácticamente sin muertos”. Como los demás reformistas, para sostener ese infundio utiliza el truco de reducir la revolución al asalto al Palacio de Invierno, y poco más. Pero la revolución nace dentro (y es inseparable) de una brutal guerra imperialista y fue seguida de una no menos brutal guerra civil, de la que también es inseparable. Para que la revolución triunfara los bolcheviques prepararon un meticuloso dispositivo militar, de manera que las fotos del momento no muestran a los obreros y campesinos con las manos vacías sino bien armados de fusiles, de los que conocían su manejo.

Lenin escribió muchas cosas, pero no recuerdo que dijera, como pretende Domenec, que “una revolución no tiene por qué ser violenta” y que “la violencia depende de la resistencia que ofrezca la burguesía”. Pero lo dijera o no, eso es rigurosamente cierto y para entenderlo cabalmente Domenec debería haber añadido que la burguesía no sólo va a resistir sino que lo va a hacer de la manera feroz y brutal que acostumbra. Lo que ocurre es que, al alinearse Domenec con los fascistas, tiene su mismo punto de vista, lo que le lleva a dar la vuelta al asunto una vez más.


La violencia es responsabilidad del aparato del Estado fascista y de la contrarrevolución; ahora mismo no tiene sentido decir que la burguesía resiste; quien resiste es el proletariado.



(*) Domenec Merino: Un acercamiento al debate sobre el uso de la violencia y la no-violencia en la lucha popular, Tinta Roja, 30 de enreo de 2014, http://www.tintaroja.es/opinion/260-un-acercamiento-al-debate-sobre-el-uso-de-la-violencia-y-la-no-violencia-en-la-lucha-popular

viernes, 16 de agosto de 2013

Sobre la memoria selectiva de los revisionistas de los CJC, del PCPE y del PCOE

tomado de Movimiento Político de Resistencia


El mejor homenaje: continuar la lucha

Los revisonistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

(Sobre el comunicado de hoy de los CJC recordando a las 13 Rosas Rojas. Memoria selectiva)

En 1939, Roberto Conesa fue partícipe del asesinato de las 13 rosas. En 1979, participó en el asesinato de Delgado de Codes, Secretario General del PCE(r).

¿Diferencias?

Las 13 Rosas Rojas eran heroínas ejemplares de la resistencia contra el fascismo, mientras Juan Carlos Delgado de Codes era un blanquista y pequeñoburgués. O eso al menos nos enseñan los CJC a través de sus comunicados.


Los CJC son la muestra más exaltada del bipolarismo. Defienden a unos antifascistas y a otros los mandan a la hoguera, que nada se sepa de ellos.

Tan pronto están “homenajeando” a la resistencia antifascista, como más tarde están denunciando como terroristas a aquellos que continuaron esa resistencia. Esa resistencia antifascista no continúa, porque para ellos ya no hay nada a lo que resistir.

Nuestros revisionistas dicen querer que nombres como los de la 13 Rosas Rojas no se borren. Es decir, que no quieren sepultar esos nombres de la resistencia obrera y popular contra el fascismo en este país de 1936 a 1975.

¿Y quién quiere borrar los nombres de la resistencia antifascista? El fascismo, sin duda. ¿Y qué es lo que le permite al fascismo deshacerse de esta? El cuento de la transición. Del que ellos son cómplices a través de su silencio.

Realmente sin el caramelo de la transición ni siquiera hay motivo para hablar de la memoria del movimiento antifascista. Más que nada porque no habría ningún pretexto por el cual esa resistencia hubiese finalizado. Esa resistencia antifascista tendría que ser continuada. No sería una memoria a la que “homenajear” (a través de blogs de internet), sino sería el presente. La resistencia antifascista continuaría hoy hasta alcanzar su fin: la ofensiva contra el fascismo y la posterior derrota de este.

Pero para los CJC la historia deja ciertos vacíos, como el niño que coge un lápiz para dibujar y en medio del dibujo lo suelta para ver la televisión. Los hechos se muestran incompletos.

Los revisionistas establecen una línea histórica de la resistencia antifascista española desde 1936. Pasan por las batallas más importantes de nuestra Guerra, luego por la lucha republicana en la resistencia francesa y en la defensa de la URSS. Nos hablan del maquis en España, las agrupaciones de guerrilleros, sus enlaces, la lucha clandestina de las organizaciones obreras y populares, la organización en el exilio etc... Y toda una historia de guerrillas urbanas y de un temple de acero de aquellos que sufrieron las consecuencias de esta lucha: como Julián Grimau. Incluso nos hablan del gran papel que jugó el PCE de José Díaz, al que ellos pretenden continuar, eso sí, folclóricamente, no continuando su papel como dirigente del movimiento antifascista.

Porque los CJC “homenajean” a todos y a cada uno de estos combatientes y exigen que se les recuerde. Lo que pasa es que no cuentan que ellos son los propios culpables del olvido de la resistencia antifascista.

Si seguimos el hilo histórico del que estamos hablando, nos daremos cuenta que en 1975 se produce un parón. Ya no hay hilo. La historia de resistencia antifascista no continúa. Se queda ahí, se detiene para siempre: queda para el recuerdo, para la memoria, para los “homenajes” a través de Internet. La Guerra Popular Antifascista queda entonces como motivo de homenaje e historietas, una mera estética... lo mismo han hecho con la revolución bolchevique.

A partir de entonces nuestros revisionistas no quieren saber nada de la historia. El niño ha dejado de dibujar y se ha puesto a ver la televisión. Y toda la lucha obrera y popular duerme hasta 2009 cuando el PCPE descubre que hay una crisis capitalista y que ya no queda otra alternativa que la Revolución Socialista (a diferencia de antes que propugnaban la República Antimonopolista y el Frente de Izquierdas). España empieza de nuevo en el 2007, con la crisis sistémica. ¿Lo demás? ¿Lo que hay entre 1975 y 2007? Como si no hubiera sucedido. Quizás porque durante esas fechas sus dirigentes estaban bailándole el agua a la socialdemocracia reformista y en consecuencia, al régimen.

1. España es un ente abstracto.

Como España ha perdido su historia y su sentido, no hay ningún elemento nacional que incorporar a la línea revolucionaria en España. Solamente la mera importación de consignas universales. Es decir, que sirven para España, para Portugal, para Grecia y para Alemania: la lucha de la clase obrera contra el monopolismo.

Si bien esta consigna es correcta, no puede quedarse en una mera abstracción. Habrá que explicar muy bien que forma toma, por ejemplo, el monopolismo en España y esto no podemos hacerlo sin el materialismo histórico, sin la historia. Y tendremos que darnos cuenta de que los que hacen posible que el monopolismo se instaure en nuestro país son los que se levantan contra la República Popular en 1936. Si no, nos quedaríamos en abstracciones internacionales, pero sin línea particular.

El Camarada G. Dimitrov acertadamente identifica este error:
“La teoría revolucionaria es la experiencia condensada, generalizada del movimiento revolucionario; los comunistas deben utilizar cuidadosamente en sus países no sólo la experiencia de las luchas pasadas, sino también, la de las luchas actuales de otros destacamentos del movimiento obrero internacional. Pero, utilizar acertadamente esta experiencia, no significa, en modo alguno, trasplantar mecánicamente, en forma acabada, las formas y los métodos de lucha de unas condiciones a otras, de un país a otro, como se hace con harta frecuencia en nuestros Partidos. La imitación escueta, el limitarse a copiar los métodos y las formas de trabajo, aunque sean los del mismo Partido Comunista de la Unión Soviética, en países donde todavía impera el capitalismo, puede, con las mejores intenciones del mundo, dañar más que favorecer, como ha ocurrido en realidad no pocas veces. Precisamente, la experiencia de los bolcheviques rusos debe enseñarnos a aplicar de un modo vivo y concreto la línea internacional única de la lucha contra el capital a las particularidades de cada país, extirpando implacablemente, poniendo en la picota, entregando a las burlas de todo el pueblo las frases, los patrones, la pedantería y el doctrinarismo. ”
Hoy en día podemos escuchar decir incluso a los más reaccionarios reformistas que la transición fue una falacia. Lo dicen incluso periodistas del El País y de los medios que precisamente no destacan por ser los más revolucionarios. Lo dicen en La Tuerka, lo dice Julio Anguita e incluso los más variopintos filósofos apolíticos. ¿Quién se cree la historia oficial de los fascistas?

¿Quién puede negar hoy que la transición no fue más que una maniobra del fascismo? ¿Quién puede negar que no fue más que una reforma de un régimen monopolista en crisis? ¿Cuáles eran las tareas del movimiento antifascista ante esta situación?

G. Dimitrov y la III Internacional, que son los que  desarrollaron el concepto marxista-leninista de fascismo, es decir, le dieron un significado y un estudio científico (a través del materialismo histórico), ya avisaron de lo que podía suceder en un Estado fascista en crisis, que era la situación en la que se encontraba el fascismo español en los años 70 (donde empieza ese vacío histórico de nuestros revisionistas).
“En unos países, principalmente allí, donde el fascismo no cuenta con una amplia base de masas y donde la lucha entre los distintos grupos en el campo de la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se decide inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos burgueses, así como a la socialdemocracia, cierta legalidad. En otros países, donde la burguesía dominante teme el próximo estallido de la revolución, el fascismo establece el monopolio político ilimitado, bien de golpe y porrazo, bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los partidos y agrupaciones rivales, lo cual no excluye que el fascismo, en el momento en que se agudezca de un modo especial su situación, intente extender su base para combinar -sin alterar su carácter de clase- la dictadura terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo.”
¿Acaso la incorporación del PSOE y del PCE al régimen fascista en los 70, no es un pilar fundamental para el cuento de la transición? ¿Es esto una democracia burguesa con tintes fascistas o es, al contrario un Estado fascista con tintes democrático-burgueses?

Los CJC no responden a esta pregunta. Porque no quieren hablar de la transición. Porque no quieren hablar de la historia. No saben explicar cómo desaparece el fascismo en España y solo pueden hacerlo mediante teorías abstractas, como siempre. Por ejemplo que el fascismo y la democracia burguesa son formas de dominación de cualquier Estado burgués y mientras más autoritarismo y represión hay, se están usando formas de dominación fascistas y mientras más aperturismo y democracia se están usando métodos democráticos burgueses. Teoría falsa puesto que la democracia-burguesa y el fascismo son formas de dominación, por lo tanto son siempre represivas y autoritarias. La cuestión está en que unas son formas de dominación correspondientes a la etapa premonopolista del capitalismo y las otras a la etapa imperialista. Esto es lo que dicen los comunistas de la III Internacional, es decir, los que se enfrentaron a sangre y fuego con el fascismo.

Pero como decimos, ni PCPE, ni PCOE ni ninguna banda revisionista quiere hablar de los 70, porque ellos en los 70 o estaban en el PCE o estaban escondidos debajo de las piedras cuando el régimen impuso el terror por todo el país. O estaban con los que besaron la bandera de Franco y la Corona del Rey designado por Franco o estaban con el rabo entre las piernas. 

Claro, luego ellos rompieron con el PCE en los 80, no por motivos de la traición de Carrillo a la clase obrera y al pueblo español, no, sino por motivos de la traición al prosovietismo que estaban haciendo los eurocomunistas. Como vemos, España y su historia nunca les han interesado. Solo la URSS, las banderas rojas y el folclore socialista (que en ese momento representaban sus hermanos del este, sería una vergüenza llamarlos soviéticos). “Cuando la URSS cayó, cavamos una trinchera y nos resguardamos en ella”, decía Carmelo Suarez (Secretario General del PCPE) hace unos meses.

En cuanto a los del PCOE, también manifestaban ese prosovietismo capitulador. Incluso hoy en día se les puede ver rescatando ese mote de “¡pro-chinos!” (qué era como los revisionistas llamaban a los que se oponían a la traición jruschevista) cuando intentan atacar a los comunistas.

El PCOE se funda antes de la transición, de la reforma del régimen, de la mentira que perpetuo el monopolismo en este país...¿Y qué hizo para detenerlo?

Por cierto, en aquella época el PCOE defendía la “democratización de España”. Ese “etapismo” del que les gusta hablar últimamente a todos estos grupos, es el que ellos profesaron por mucho tiempo. De todos modos, “etapistas” o no, hay una regla general en el revisionismo: quedarse solo en los papeles.

2. El Movimiento Antifascista del 36 se difumina en los 70 sin motivo aparente

Como revisionistas, como burguesía disfrazada dentro del movimiento obrero, nos reproducen en la teoría y en la práctica todas y cada una de las chapuzas historiográficas del fascismo: España dejó de ser fascista y pasó a ser un Estado democrático-burgués, el Rey ni pincha ni corta y no importa nada que un país sea monárquico o republicano y la Guerra “Civil” y la posterior resistencia antifascista son cosas del pasado y no hay que reabrir viejas heridas.

No hay que reabrir viejas heridas, estas fueron cerradas en la transición. La Resistencia contra el fascismo, que era el movimiento revolucionario de la clase obrera y el pueblo, acaba en 1975 (cuando Carrillo se casa con el Borbón) y no hay nada más que hablar. Siguen la máxima de la ideología burguesa del carpe diem. Vivamos el presente y no hablemos del pasado.

Historiografía burguesa y revisionismo se unen. No es raro. Unos son los enemigos externos y otros los enemigos internos, dentro de las propias filas del proletariado.

Sin embargo vemos como en todas las manifestaciones y concentraciones que se dan a lo largo y ancho del país, salen jóvenes con la bandera republicana, la bandera de la resistencia. Vemos como cada día hay decenas de personas que condenan el golpe de Estado del 18 de Julio, que no quieren que esto quede como una derrota. Por eso hablan de la III República. Pero hay un vacío creado intencionadamente, como decimos, para no ligar el presente con el pasado y para así no darle forma a la línea revolucionaria en este país.

Si el enemigo de 1936 era el mismo que en 1940, el mismo que en 1950, el mismo que en 1965, el mismo que en 1975 y, como se ve cada día, el mismo enemigo que lo fue en 1980 y lo es en 2013 (el monopolismo y sus formas de dominación fascistas), la resistencia antifascista también tiene que tener una continuidad: una historia paralela. Y es que efectivamente la hay.

Porque el PCPE y el PCOE nos cuenten que hay un vacío histórico desde 1975 hasta hoy, no significa que esto sea así. Por mucho que, al igual que los burgueses, tengan la total libertad para difundir esto en su propaganda, en sus webs y ante nuevos jóvenes que intentan captar.

Por tanto, si los socialdemócratas están aceptando incluso que en la transición se da una reforma del propio Estado. ¿Cuál debería haber sido la tarea principal del movimiento antifascista que nació en 1936? Denunciar la farsa. ¿Había otra alternativa?

3. Nuestros revisionistas mienten, la resistencia que ellos traicionaron: continúa.

El PCPE y el PCOE no lo cuentan, pero hubo organizaciones antifascistas de todo tipo que denunciaron la maniobra del régimen. Por ejemplo: el Partido Comunista de España (reconstituido), los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, el Socorro Rojo, la Organización Democrática de Estudiantes Antifascistas, la Unión de Juventudes Antifascistas, Pueblo y Cultura, Mujeres Antifascistas etc... En definitiva, una serie de organizaciones que denunciaron la farsa hasta las últimas consecuencias (a las cuales se le impusieron la persecución y la ilegalidad).

Estamos hablando de hombres y mujeres que no salieron de la nada. Muchos venían de organizaciones traidoras y claudicadoras, incluso del mismo PCE. Y en un proceso que duró años, intentaron retomar la dirección e impulsar ese movimiento antifascista traicionado.

La represión fascista recayó entonces sobre su enemigo natural: los antifascistas que no se vendieron. Los legítimos continuadores de las 13 Rosas Rojas y José Díaz. No eran legítimos porque lo dijesen los papeles, no, sino porque lo demostraron con hechos, en la calle.

Al final hay que darle la razón a Roque Dalton cuando decía:
“La política se hace jugándose la vida o no se habla de ella. Claro, se  puede hacerla sin jugarse la vida, pero uno suponía que sólo en el campo enemigo.”
Y es cierto, por supuesto, que el movimiento antifascista perdió a una gran parte de su fuerza durante la transición. ¿Pero quién tiene la culpa?

¿De quién es la culpa de que hoy en día no se hable de la actualidad de la resistencia? ¿De los propios antifascistas? ¿O de los que defienden y propagan el cuento de la transición? O sea: de los que le hacen el juego al fascismo.

No será la culpa de los 31 asesinados o de los 1300 encarcelados de las anteriores organizaciones citadas (de los cuales algunos continúan en las cárceles). Ni tampoco del Movimiento de Liberación Nacional Vasco y parte del Catalán y Gallego que siguieron la lucha (con decenas de muertos y centenas de presos actualmente, recordemos). Mucho menos culpa de los 600 muertos durante la transición en las manifestaciones contra el régimen.

Gracias a nuestros revisionistas el movimiento obrero y popular en este país no se encuentra a sí mismo, porque le han robado su historia. Le han aturdido. Y el movimiento obrero y popular tiene que reencontrarse con su pasado para entender su presente. Su significado: la lucha contra el mismo enemigo.

En las manifestaciones por toda Europa, aún resuenan consignas como el “No pasarán”. La consigna del pueblo madrileño se ha internacionalizado, pero el movimiento que la engendró ha sido traicionado.

¿Cómo hablarles a los progresistas venezolanos de su lucha sin Bolívar y la independencia del Imperio Español? ¿Cómo hablarles a los revolucionarios cubanos sin la lucha en el Bayamo contra el colonialismo a finales del siglo XIX? ¿Y a la resistencia francesa contra el nazismo sin 1789? Es imposible.

Porque el Movimiento Antifascista en este país no solamente nace como expresión del movimiento obrero y popular contra el fascismo y el monopolismo, sino que, además, tiene unos objetivos muy claros: la recuperación de la República Popular que los fascistas nos robaron para así poder realizar la tarea histórica del socialismo. Por el carácter monopolista de este Estado, ya no caben medias tintas. Sin la Dictadura del Proletariado no se puede hablar de una República Popular y sin República Popular no podemos hablar de la Dictadura del Proletariado. No hace falta decir que la lucha por el derecho de autodeterminación del pueblo vasco, catalán y gallego va estrechamente unido a los objetivos estratégicos de la resistencia antifascista.

El silencio intencionado del revisionismo deja estos objetivos como inconclusos. Para ellos la historia de la resistencia antifascista se pierde en los 70 para siempre, solo porque ellos, los del PCPE y el PCOE, no hicieron nada en los 70 para parar la reforma del régimen.

La burguesía no considera a la Historia como una ciencia porque a través de ella su chiringuito se cae a pedazos en todo el mundo.

Aquel 20 de Abril de 1979, cuando Juan Carlos Delgado de Codes se encontraba en la puerta del metro de Lavapiés, fue rodeado por tres policías. Uno de ellos acercó la pistola a la sien de Juan Carlos (que estaba desarmado) y disparó. Su delito: continuar la resistencia.

Decíamos al principio que el responsable de su asesinato fue el mismo que el de los fusilamientos de las 13 Rosas Rojas. Casualmente 40 años después. Es decir, que cuando los revisionistas del PCPE dicen que nuestro país ya había dejado atrás el fascismo y se había incorporado a las magníficas bendiciones y derechos de la democracia-burguesa (aunque no expliquen cómo se da este proceso), la misma bota que aplastaba antes a los revolucionarios, seguía haciéndolo.

Para el revisionismo hay héroes de la resistencia antifascista que son de primera y héroes de segunda (o tercera o incluso olvidados y silenciados). Mientras más alejados en el tiempo están, mejor, así no tendrán que ser consecuentes y responder con actos a aquellos que denuncian.

En definitiva: la Resistencia Antifascista en España no es ninguna memoria que llorar, señores de los CJC, está más viva que nunca y cumplirá el papel por el cual nació. Hablamos de su “homenaje” a las 13 Rosas Rojas entre comillas porque no hacen ningún homenaje.

El mejor homenaje: continuar la lucha.



Emilio Moyano Aguado