viernes, 20 de enero de 2012

Democracia interna en el Partido bolchevique (tercera y última parte)

Paso a referirme al camarada Majaradze. Ha declarado aquí que es un viejo bolchevique en la cuestión nacional, que es de la escuela de Lenin. Eso no es cierto, camaradas. En la Conferencia de abril de 1917, el camarada Lenin y yo luchamos contra el camarada Majaradze. Entonces se oponía a la autodeterminación de las naciones, era contrario al punto básico de nuestro programa, al derecho de los pueblos a la existencia estatal independiente. Majaradze mantenía este punto de vista y luchaba contra el Partido. Luego cambió de opinión (eso, naturalmente, lo honra), pero, sin embargo, no debería olvidarlo. No es, pues, un viejo bolchevique en la cuestión nacional, sino un bolchevique más o menos joven.

El camarada Majaradze me ha hecho una interpelación parlamentaria preguntando si reconozco yo o si reconoce el Comité Central la organización de los comunistas georgianos como una verdadera organización en la que hay que tener confianza, y en caso de reconocerla, si admite el Comité Central queesta organización tiene derecho a plantear cuestiones y a presentar sus propuestas. Si se reconoce todo eso, ¿considera el Comité Central que el régimen establecido en Georgia es intolerable?

Voy a responder a esta interpelación parlamentaria.

Naturalmente, el Comité Central tiene confianza en el Partido Comunista de Georgia, ¡¿en quién si no va a confiar?! El Partido Comunista de Georgia representa la flor, los mejores elementos del pueblo georgiano, sin los cuales no es posible gobernar Georgia. Pero cada organización consta de mayoría y minoría. No tenemos ni una sola organización donde no haya mayoría y minoría. Y vemos prácticamente que el Comité Central del Partido Comunista de Georgia está compuesto por una mayoría, que aplica la línea del Partido, y una minoría, que no siempre aplica esa línea. Se trata, evidentemente, de confianza en la organización representada por su mayoría.

Segunda cuestión: ¿tienen derecho los Comités Centrales nacionales a manifestar iniciativa, a plantear problemas y a presentar proposiciones? Cae de su peso que sí, y eso está claro. Lo que no se comprende es por qué el camarada Majaradze no nos ha expuesto hechos que demuestren que al Comité Central del Partido Comunista de Georgia no se le deja plantear cuestiones, no se le deja hacer propuestas y discutirlas. No conozco tales hechos. Creo que el camarada Majaradze presentará esos documentos al Comité Central, si es que los tiene.

Tercera cuestión: ¿es posible admitir el régimen que se ha establecido en Georgia?

Por desgracia, no se ha concretado la pregunta. ¿Qué régimen? Sí se trata del régimen bajo el cual el Poder Soviético de Georgia ha comenzado en los últimos tiempos a expulsar de susmadrigueras a los aristócratas y también a los mencheviques y contrarrevolucionarios, ese régimen no tiene, a mi modo de ver, nada de malo. Es nuestro régimen soviético. Sí se trata de que el Comité Territorial de la Transcaucasia a creado condiciones imposibles para el desarrollo del Partido Comunista de Georgia, no conozco tales hechos. El Comité Central de Georgia elegido en el último Congreso del Partido Comunista de Georgia por una mayoría de 110 votos contra 18, no ha planteado esos problemas ante nosotros. Trabaja en estrecho contacto con el Comité Territorial de la Transcaucasia de nuestro Partido. Si existe un pequeño grupo, una corriente, en una palabra, unos militantes del Partido descontentos con el régimen del Partido, hay que presentar los documentos correspondientes al Comité Central. Allí, en Georgia, han estado ya dos comisiones para comprobar esas quejas: una, la comisión de Dzerzhinski, y otra, la de Kámenev y Kúibishev. Se puede crear la tercera comisión, si se estima necesario.

Con eso termino la primera parte de mi resumen de la discusión acerca de la labor de organización del Comité Central durante el año transcurrido.

Paso a la segunda parte, a las proposiciones de organización sometidas por el Comité Central al examen del Congreso.

Por lo que sé, ninguno de los oradores ha criticado ni una de las proposiciones presentadas por el Comité Central. Esto lo interpreto como una expresión de solidaridad absoluta con las proposiciones del Comité Central que hemos sometido a vuestra consideración. No obstante, quisiera ayudar e introducir una serie de enmiendas. Presentaré estas enmiendas en la sección que, a juicio del Comité Central, debe ser creada, en la sección de organización, donde el trabajo fundamental, por lo que se refiere al Partido, lo dirigirá el camarada Mólotov y, por lo que se refiere a los Soviets, el camarada Dzerzhinski.

La primera enmienda dice que el número de miembros suplentes del Comité Central debe ser elevado de cinco a quince, por lo menos.

La segunda enmienda dice que se debe prestar singular atención al fortalecimiento y a la ampliación de los organismos de registro y distribución, tanto en las organizaciones superiores como en las de base, pues estos organismos adquieren ahora una importancia colosal y de primer orden, ya que son el medio más eficaz para que el Partido tenga en sus manos todos los hilos de la economía y del aparato soviético.

La tercera enmienda se refiere a que el Congreso confirme la propuesta de fundar una escuela de secretarios de distritos adjunta al Comité Central, para que, a fin de año, los comités provinciales tengan doscientos o trescientos secretarios de distritos.

La cuarta enmienda atañe a la prensa. No tengo nada concreto que presentar a este respecto, pero quisiera llamar especialmente la atención del Congreso para que la prensa sea elevada al debido nivel. La prensa marcha adelante, ha avanzado mucho, pero no en el grado necesario. La prensa debe desarrollarse no por días, sino por horas: es el arma más afilada Y más fuerte de nuestro Partido.

Para terminar unas palabras sobre el presente Congreso.

Camaradas, debo decir que hace tiempo que no asistía a un Congreso tan monolítico, tan animado por una misma idea. Siento que no esté aquí el camarada Lenin. Si estuviera presente, podría decir: “Durante veinticinco años he educado el Partido, y lo he forjado grande y fuerte”.
(Prolongados aplausos.)