miércoles, 21 de diciembre de 2011

Voló y voló y voló... ¡y todo el mundo se alegró!

      Hoy también tenemos otro aniversario que celebrar, ya que este mismo día, un gran representante de nuestra España ganó uno de los títulos más notables concedidos por la historia de nuestra nación: Campeón de Salto de la España del Generalísimo de 1973, superando los 20 metros de altura. Claramente, hablamos del ex-presidente del Gobierno, el almirante don Luis Carrero Blanco. Claro está, esto no habría sido posible sin el equipo técnico que le acompañó hasta el final, Euskadi Ta Askatasuna.

      Pero mejor os lo explicará este artículo del respetable periódico El Mundo. Aunque parece que algún hacker judeo-masón-comunista-homosexual ha adaptado ciertos términos del mismo al infiltrarse en nuestro propio archivo (¡Esto con el Generalísimo no pasaba!):


ETA reunió en Madrid a 30 militantes para matar a Carrero. INVESTIGACIÓN. Hoy se cumplen 30 años de la ejecución de Carrero Blanco. Tres décadas después persisten numerosas incógnitas en torno al magnicidio de quien iba a ser el sustituto de Franco. EL MUNDO ha tenido acceso a los archivos policiales de la época y desvela nuevos datos sobre los preparativos de ETA en Madrid y de la denominada 'operación Ogro'.

Por Manuel CERDÁN

      El operativo de ETA en Madrid para ejecutar al presidente Luis Carrero Blanco contó con la participación de más de 30 militantes, al margen de colaboradores de la extrema izquierda que se oponían al Régimen.

      Una persona próxima a la escritora Eva Forest y vinculada a la Platajunta fue la que facilitó a la organización armada vasca la información de que el delfín de Franco asistía todos los días a misa, a la misma hora y sin apenas escolta.

      La cuenta atrás de la operación Ogro, como ETA denominó el plan para acabar con Carrero, comenzó a finales de 1972.

      A mediados de septiembre, José Miguel Beñarán Ordeñana, Argala, recibe una nota de Genoveva Forest para que acuda a un encuentro con un personaje desconocido en la cafetería del Hotel Mindanao
de Madrid, en la calle Francisco de Sales.

      Unos días después, Argala, acompañado de Ignacio Pérez Beotegui, Wilson, que se queda fuera del hotel, se entrevista con el personaje misterioso y obtiene de él, sin apenas mediar palabra, un sobre cerrado con una nota dentro. El tercer hombre es un tipo de unos 35 años, lleva una cartera de piel y viste con elegancia. La nota contiene los datos precisos sobre la costumbre de Carrero de oír misa y comulgar todos los días a las 9.00 horas en la iglesia San Francisco de Borja, en la calle Serrano, a unos 100 metros de la embajada norteamericana, y sin apenas escolta.

      La información facilitada al comando de ETA por tan misterioso personaje, de quien se sigue desconociendo su identidad 30 años después, supone toda una sentencia de muerte para el entonces vicepresidente del Gobierno y protector del Régimen franquista cuando desapareciera el Caudillo. ETA proyecta primero un plan para secuestrarle, pero cuando es ascendido a presidente del Gobierno el 9 de junio de 1973 y aumenta su protección, la banda opta por el asesinato.

      Argala y Wilson llevan en Madrid desde abril de 1972 realizando la misión de captación de información para futuros atentados.

      En una de esas tareas, en la que buscan el domicilio del periodista del Abc Alfredo Semprún para ejecutarlo, se encuentran con los nombres del matrimonio Alfonso Sastre y Genoveva Forest en un buzón de correos de un inmueble de la calle Virgen del Vall.

      A partir de ese momento, Forest, que comienza a ser conocida como La Rubia por su melena dorada, decide colaborar con los militantes de ETA dando cobijo a Argala en su casa y a Wilson en el domicilio de la actriz Mari Paz Ballesteros. La escritora también se compromete a facilitar vivienda al resto de los militantes que fueran llegando a Madrid.

      Tras los datos obtenidos por Argala y Wilson sobre Carrero Blanco, el entonces comando informativo de ETA regresa al País Vasco francés, donde reside la dirección de la organización, y convoca una reunión a la que asisten los pesos pesados del Frente Militar de la banda: Eustaquio Mendizábal, Txikia, José Manuel Pagoaga, Peixoto y Juan Bautista Eizaguirre, Zigor.

      Seguidamente, el comité directivo de ETA propicia un encuentro con Ignacio Múgica Arregui, Ezkerra, un joven nacionalista de 27 años que llevaba sólo unos meses en la organización, pero que tenía amplia experiencia en acciones armadas. La cita se establece en Sierra de Urbia y, además de los militantes mencionados, acuden otros históricos de ETA: Isidro María Garalde, Mamarru, Jesús María Zabarte, Garratz, Domingo Iturbe, Txomin, Joaquín María Villar, Fangio, y Jose Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera.

      Durante la reunión, Peixoto, en nombre de sus compañeros, comunica a Ezkerra que ha sido escogido para dirigir una misión de gran importancia en Madrid, junto a Argala y Wilson, pero que los detalles del plan le serían facilitados cuando aterrizara en la capital de España. Desde ese momento, Ezkerra se
convierte en el cerebro de la operación Ogro, como ETA denomina la misión por las pobladas cejas del entonces todavía vicepresidente.

      A mediados de enero de 1973, tras las fiestas navideñas, los tres militantes (Ezkerra, Argala y Wilson) llegan a Madrid y se alojan en un piso del barrio de Aluche que les ha facilitado Eva Forest. El piso ya cuenta con una trampa o cárcel del pueblo.

      Argala, que tiene las llaves de la vivienda, presenta a su ya amiga La Rubia al jefe de la misión, Múgica Arregui. Y es precisamente en ese momento cuando Argala confiesa a Ezkerra y a Forest que están allí
para secuestrar a Carrero Blanco a fin de canjearlo por presos políticos de ETA, condenados a más de 10 años de cárcel.

      Argala les dice que el Gobierno, además, debía comprometerse a publicar en todos los medios de comunicación nacionales un manifiesto de ETA sobre la lucha del pueblo vasco y sus objetivos.

      Argala informa a Múgica Arregui de que Carrero tiene por costumbre ir a misa a las 9.00 horas y comulgar todos los días. El propio Ezkerra comprueba personalmente la información, comulgando junto a Carrero. El dirigente de ETA, que no sale de su asombro, regresa a Francia por el monte La Rhune para dar cuenta a sus compañeros de dirección, mientras Wilson y Argala se quedan en Madrid preparando la infraestructura para el secuestro.

      Días después, el jefe militar de ETA, Txikia, muere en Bilbao en un enfrentamiento a tiros con miembros de las Fuerzas de Seguridad.

      La muerte del dirigente trastoca todos los planes y obliga a ETA a recomponer su Mesa Militar. Queda compuesta por Ezkerra, Peixoto, Domingo Iturbe Abasolo, Txomin, y Josu Ternera.

      Pero el plan para secuestrar a Carrero sigue adelante. ETA se vuelca en la misión y empeña en ella a toda su estructura militar.

      El grupo que actúa en Madrid recibe el nombre de comando Txikia, en memoria del líder fallecido. Todos los miembros de la Coordinadora de ETA (Pertur, Sabin, Serrano Izko, Goiburu Mendizábal, Esperanza Goikoetxea Icharro y Múgica Arregui) se trasladan a Madrid para participar en la misión.

      Ezkerra se hospeda en un piso alquilado en el número uno de la calle Mirlo, donde ya residen Wilson y Argala, y también Zigor, que se ha unido al comando.

      Pero la concentración de dirigentes y militantes de ETA no termina ahí. La Coordinadora decide celebrar una reunión en un piso que tienen en Getafe a la que asisten otros significados actibistas, como José María Alcibar Ganchegui, El General, Juan Miguel Echaguibel, Cristo Melenas, Víctor Aranzabal Balzategui,
Txinua, Iñigo Suescun, Itxilla, Roberto Fernández Palacios, Britos, y Javier Serrano Izco.

      En unos días, ETA desplaza a Madrid a más de 30 militantes que se mueven por la capital impunemente, sin que las Fuerzas de Seguridad detecten su presencia.

      Alquilan pisos y coches, sustraen vehículos, hacen reformas en las viviendas, compran locales, van y vienen en tren y automóvil, hacen práctica de tiro en los alrededores de la capital y hasta se permiten el lujo de vigilar de cerca al sucesor de Franco.

      Mientras, la Policía, la Guardia Civil y el recién constituido Servicio Central de Documentación (Seced) -creado por Carrero y que depende de Presidencia- no se enteran de lo que se está fraguando en la capital. El Seced está bajo el mando de un hombre de la confianza del almirante, el comandante de Artillería
José Ignacio San Martín.

      No obstante, los hombres de San Martín habían pedido a Carrero en más de una ocasión que modificara su costumbre de ir todos los días a misa a la misma hora. También el general Iniesta Cano, director de la Guardia Civil, avisó a San Martín de que ETA preparaba un plan para secuestrar a Carrero y su esposa. El aviso llegó al almirante pero éste, que tenía un carácter seco y adusto, contestó: «La vida de un hombre está siempre en manos de Dios».

      Pero el grado de impunidad y de eficacia de los militantes de la organización armada vasca se veía beneficiado por la descoordinación y las malas relaciones entre los diferentes servicios policiales. Además, en aquellos años la política de seguridad del Gobierno estaba centrada, siguiendo las directrices del propio Carrero, «en los estudiantes, los curas y los sindicatos de izquierda», como recuerda a este periódico José Conde Monje, entonces jefe de Documentación y Coordinación del Seced. ETA aún no era un peligro para el Régimen. Para el Gobierno, era sólo un asunto del País Vasco.

      La libertad de movimiento de ETA queda de manifiesto en un dato que hoy día puede provocar verdadera indignación: sólo unos meses antes, dos de sus dirigentes, Goiburu y Serrano Izko, que asisten a la reunión de la Coordinadora en Madrid, habían sido detenidos por las Fuerzas de Seguridad y puestos más tarde en libertad.
      Así las cosas, la Coordinadora de ETA toma posiciones en Madrid y prepara con detenimiento una operación que desconocen la mayoría de sus militantes, a fin de que no se produzcan filtraciones o indiscreciones. Por eso, la Mesa Militar sólo informa del plan de secuestro a Suescun Jáuregui, quien se encarga de repartir los cometidos. Transcurridos unos días, sólo permanecen en el piso de la calle Mirlo Wilson, Argala, Ezkerra y Zigor.

      Ezkerra adquiere una mercería en la calle Doctor Fleming a nombre de su mujer María Rosario Lasa Leunda quien, en compañía de Esperanza Goikoetxea y Pedro Ereño, también se ha instalado en la ciudad. Después alquila una vivienda en el Paseo de la Habana.

      Días más tarde, Ezkerra entra en contacto con Antonio Durán, un sindicalista de CCOO y militante del PCE conocido por El Tupamaro por su experiencia en la construcción de cárceles del pueblo. Durán está al corriente de todo por Forest, quien sigue viéndose a menudo con Ezkerra.

      ETA dispone ya de una red de pisos: uno en la calle General Perón, facilitado por Javier María Larreategui Atxulo, en el que se llegan a alojar hasta nueve militantes; también otro en la Avenida del Mediterráneo, comprado por Argala, y otro más en Alberto Aguilera, alquilado por Ezkerra.

      Pero al margen de la infraestructura para los comandos, ETA necesita un piso bajo para hacer un agujero donde ocultar a los autores del atentado. Ezkerra entrega a Forest 400.000 pesetas para que compre una vivienda adecuada. El piso lo compra Durán Velasco a nombre de su esposa. El militante comunista también realiza la reforma de albañilería con la ayuda de Argala.

      Ellos dos y La Rubia son los únicos que tienen conocimiento de la existencia de ese piso, ubicado
en la calle Hogar, en Alcorcón. En él, los tres miembros del comando Txikia se ocultaron durante todo un mes tras ejecutar a Carrero.

      En el verano de 1973 la dirección de ETA decide aplazar el secuestro por dos motivos: Franco nombra a Carrero presidente el 9 de junio y comienzan las vacaciones estivales para el Gobierno y la Jefatura de Estado.

      Los militantes de ETA aprovechan el paréntesis veraniego para trasladarse a San Juan de Luz y convocar una Asamblea General de la organización. Esta nombra a Ezkerra miembro de la Mesa Presidencial con la categoría de secretario. Cuando Wilson, Argala y Atxulo regresan a Madrid y retoman la vigilancia sobre Ogro, se percatan de que su escolta ha sido reforzada tras ser nombrado presidente. Ezkerra, Txomin y Peixoto desisten del proyecto de secuestro.

      Los militantes de ETA siguen desenvolviéndose por la capital con total impunidad. Incluso, para no aburrirse, mientras llega el gran día se permiten el lujo de asaltar una armería en la calle Francisco de Sales y al centinela de la Capitanía General, a quien le arrebatan el subfusil.

      Casualmente, la armería estaba situada frente al hotel Mindanao, donde Argala se había entrevistado con el personaje misterioso, y a 100 metros de donde, años después, Urrusolo Sistiaga secuestraba a Emiliano Revilla.

      La Guardia Civil, según confirmó después el entonces director de la Seguridad del Estado, Eduardo Blanco, había elaborado el informe Turrón Negro sobre la presencia de integrantes de ETA en Madrid y su plan para secuestrar a Carrero y su esposa, pero nadie hizo caso ni esa información llegó a los responsables de la protección del almirante. Incluso, el jefe de la 111 Comandancia de la Guardia Civil recibió la orden de no entrar en el piso de la calle Mirlo, después de que un guardia notara la presencia sospechosa de los miembros del comando que se hacían pasar por estudiantes y trabajadores.

      En medio de tan tensa espera, se produce una serie de desavenencias en el seno del comando que provoca la salida de Wilson, que regresa a San Juan de Luz y pasa a ocuparse del aparato de Internacional, bajo las órdenes de Joaquín Etxave.

      Txomin, Peixoto y Ezkerra, con la anuencia de Argala y Atxulo, deciden poner en marcha un plan para ejecutar al presidente. Juan Manuel Goiburu, miembro del comité Ejecutivo, da su conformidad.

       La dirección nombra responsable del comando Txikia a Juan María Zugarramurdi Huici, Kiskur, que se desplaza a Madrid con Ezkerra, Goiburu y Txomin. Este último se refugia en un piso de la calle Prim.

       Un colaborador de la organización, con conocimientos de electrónica, se traslada a Bilbao para comprar un interruptor de precisión para poder accionar a distancia la carga explosiva. Adquiere el instrumento, pero se da cuenta de que no es efectivo porque el tráfico intenso de la zona produce interferencias. Por ello, se ve obligado a comprar otro mejor.

      Argala y Atxulo ya se han hecho con el sótano del 104 de Claudio Coello, por donde pasa todos los días, a la misma hora, la comitiva con Carrero a bordo de su coche oficial, y comienzan los trabajos del túnel el 7 de diciembre.

      Ezkerra, Txomin, Trepa, Kiskur, Atxulo y Argala prueban en un descampado de las afueras de Madrid el funcionamiento del interruptor a distancia. Seguidamente, el propio Ezkerra y Txomin se desplazan a Burgos, el 13 de diciembre, donde Antonio Elorza, Willy, les espera con 50 kilos de goma-2 y unos cartuchos de dinamita. La carga la transportan hasta el local de Claudio Coello en el maletero de un Morris blanco, que Kiskur ha alquilado con papeles falsos.

      Finalmente, la dirección de ETA fija la fecha del atentado para el 18 de diciembre, pero luego se retrasa al 20 para no coincidir con la visita a Madrid de Henry Kissinger, el secretario de Estado norteamericano. La prevención estaba justificada, porque el lugar del atentado estaba muy cerca de la embajada de EEUU.

      Una semana antes del atentado, Goiburu envía desde Francia otro comando a la estación de trenes de Chamartín para recoger y dar protección a Trepa, Txomin y Ezkerra que regresan al País Vasco francés como medida de seguridad. Cruzan la frontera por Barcelona para evitar los mayores controles del paso fronterizo de Irún.

      A partir de ese momento, sólo quedan en Madrid Kiskur, Argala y Atxulo. Este último es quien, tras el atentado, conduce un automóvil estacionado en la calle Diego de León hasta el piso de Alcorcón. Allí permanecen ocultos durante todo un mes.

      A las 9.28 horas del 20 de diciembre, los actibistas accionan los 50 kilos de explosivos almacenados en el túnel al paso del Dodge Dart 3.700 por el número 104 de la calle Claudio Coello.

      La deflagración hace que el automóvil salga despedido a una altura de más de cinco pisos, salve la azotea de San Francisco de Borja y caiga sobre su terraza interior. El presidente Carrero, el conductor Pérez Mogena y el inspector Bueno fallecen en el acto.

      En medio de una gran confusión, la policía comienza a identificar a los integrantes del comando la misma tarde del 20 de diciembre. En un télex remitido a las 18.50 horas con «carácter urgentísimo» por la Comisaría General de Orden Público de la Dirección General de Seguridad a los Jefes Superiores de Policía, Delegados Especiales, Fronteras, Aeropol de Barajas, Brigada Móvil y Guardia Civil se identifica a Argala con los siguientes datos: «Dijo ser electricista y manipuló en la instalación de la luz. Es alto, delgado, nariz muy larga, pelo castaño que peina hacia un lado, más bien feo. Llevaba mono azul».

      Minutos después, la circular 1.145 se interesa por la detención de: «Dirigente ETA V Asamblea, llamado Múgica Arregui, que puede conducir automóvil marca Seat 1.430, color amarillo, con techo negro. Extrémese control salida y entrada puestos fronterizos, especialmente salida, dando cuenta urgentemente a este Centro Directivo».

      En las horas siguientes, las Fuerzas de Seguridad del Estado, asesoradas por el Jefe Superior de Bilbao, José Sáinz González, conocido como Pepe el Secreta, comienzan a identificar a todos los miembros del comando. Era una labor estéril, porque unos se hallaban en Francia y los autores materiales se encontraban
encerrados en un zulo.

      Al día siguiente del atentado, la delegación de la CIA en Madrid transmite a Estados Unidos un informe, con el número 00305/73 y encabezado con la leyenda «Top secret umbra», en el que afirma que existe «confusión» en torno a la sucesión. En el folio décimo señala que se ha establecido una amplia operación
de seguridad sobre la ciudad y que los servicios de información van a proceder a la detención e interrogatorio de «los extremistas conocidos de cualquier ideología».

      Mientras el comando se oculta en las afueras de Madrid, siguiendo el plan previsto, la dirección de ETA convoca una conferencia de prensa en Burdeos el 26 de diciembre para hacer creer a la Policía española que los autores materiales de la acción armada habían cruzado la frontera por Portugal, alcanzado Francia,
y que estaban allí encapuchados.

      Wilson, que era el responsable de Internacional, se encarga de reunir a los periodistas, excepto a los españoles, que tienen prohibido el acceso. Trepa se ocupa de identificarlos y de cachearlos para que no porten armas.

      A la rueda de prensa acuden con los rostros cubiertos Ezkerra, Apala, Txomin, Mamarru y José Antonio Garmendia. Los militantes de ETA hablan en vasco, pero Apala traduce al francés y Wilson, al inglés.

      El paso definitivo del comando Txikia no se produce hasta finales de enero de 1974, cuando Genoveva Forest se desplaza a San Juan de Luz con una carta de Argala. El responsable de accionar el explosivo que había hecho saltar por los aires el automóvil de Carrero escribe en la nota: «Preparad el paso del comando cuanto antes ya que nos podemos mover tranquilamente por no existir controles policiales. Señalar un paso rápido en un lugar de la Ría de Hondarribia, señalando el día y la hora».

      Eva Forest regresa a Madrid con la respuesta de la Dirección del Frente Militar de ETA dando fecha y hora. Según el día convenido, José Ramón Arizcorreta Salabarría los espera con una lancha motora en Fuentarrabía (Hondarribia) para conducirlos a la playa de Hendaya.

      Acababa la operación Ogro y la odisea del comando Txikia, que había osado y conseguido atentar contra la cabeza del Régimen en el mismísimo corazón del Estado.

      Franco derrama unas lágrimas en el sepelio ante la viuda de Carrero, pero en su mensaje de fin de año pronuncia una frase que no gusta a la familia del almirante: «No hay mal que por bien no venga». Carmen Pichot declara al periodista Julio Merino que a su marido se lo quitaron de en medio «por intereses políticos».

      Franco elige presidente a Arias Navarro, pero el Régimen entra en crisis.