viernes, 2 de diciembre de 2011

La sublevación de Cronstadt (primera parte)

La sublevación de Cronstadt

      (primera parte)
      Fue un levantamiento insurreccional pequeño-burgués contra el poder soviético en 1921 que aprovechó el cansancio y un amplio descontento popular a causa de la guerra civil y el comunismo de guerra.
      En febrero de 1921 había comenzado en Petrogrado una efervescencia que degeneró en huelga en algunas empresas de la antigua capital. En una medida considerable el movimiento lo promovieron los dirigentes de los partidos socialistas, principalmente los mencheviques, que aprovecharon el malestar de los obreros, que padecían las consecuencias de la escasez de víveres y el desbarajuste económico.
      En las asambleas fabriles, los mencheviques reclamaban la eliminación de los destacamentos encargados de combatir la especulación, exigían el comercio libre, la distribución igual de productos para todos, libertades democráticas y nuevas elecciones a los Soviets.
      Los rumores acerca del malestar entre los obreros de las fábricas de Petrogrado llegaron a oídos de los marinos de la base naval de Cronstadt, entre los que había muchos campesinos que habían llegado a la Marina para sustituir a los marinos revolucionarios experimentados.
      El 25 de febrero, en el acorazado Sebastopol se reunió una asamblea de la tripulación, que acordó enviar una delegación a Petrogrado para conocer las causas de la agitación en las fábricas. Idéntico acuerdo adoptó la tripulación del acorazado Petropavlovsk. Los delegados de los marinos escucharon en Petrogrado a los propagandistas de los partidos socialistas y, de regreso a Cronstadt, presentaron sus informes a las asambleas de marinos sobre los resultados del viaje.
      Instigados por los elementos antisoviéticos, los marinos del Petropávlovsk y, luego, los del Sebastopol adoptaron una resolución que repetía las reivindicaciones mencheviques y eseristas.
      El 1 de marzo, los capitostes del movimiento que se iniciaba convocaron a los marinos de la base naval de Cronstadt y las unidades marinas que se hallaban en Petrogrado a la plaza de la Revolución, a un mitin de marinos sin partido.
      Los imaginarios sin partido que hablaron en el mitin exhortaban con exclamaciones demagógicas a la multitud a la insurrección. El mitin adoptó una resolución que sirvió de plataforma a la sublevación de Cronstadt. Se exigía en ella nuevas elecciones a los Soviets, la libertad de palabra y de prensa para los partidos pequeñoburgueses, la libertad para los presos condenados por actuación antisoviética, la supresión de las secciones políticas y de los destacamentos comunistas, el pleno derecho a los campesinos para disponer de la tierra como se les antoje, el permiso de la producción artesana libre, etc.
      Eran reivindicaciones típicas de la contrarrevolución pequeñoburguesa. Sólo algunas de ellas (como por ejemplo, la de comercio libre y la del derecho de disponer libremente de la hacienda individual) reflejaban los intereses económicos de las masas campesinas pequeñoburguesas, mientras que las reivindicaciones
políticas las imponían a dichas masas los mencheviques, los eseristas y los anarquistas, que se habían unido a los guardias blancos.
      El 2 de marzo, a propuesta de las autoridades soviéticas locales, deseosas de llegar a un arreglo del conflicto, se celebró una conferencia de delegados de las tripulaciones de los buques y empresas de Cronstadt para discutir la exigencia planteada en la asamblea de convocar nuevas elecciones al Soviet.
      En el momento de la conferencia, alguien hizo circular el rumor de que un destacamento de dos mil hombres avanzaba para encarcelar a los reunidos. Entonces los delegados detuvieron en el acto a N. Kuzmin, comisario de la Flota del Báltico, y a P. Vasíliev, presidente del Soviet, y acordaron formar un comité dirigente del movimiento.
      El Comité, integrado por cinco personas, con fines de protección, se dirigió al acorazado Petropavlovsk, que pasó a ser el Estado Mayor de la sublevación. El mismo día, por disposición del Comité, los marinos ocuparon la imprenta, las instituciones, los Estados Mayores y otros puntos importantes de la ciudad.
      El 3 de marzo se celebró una reunión del Comité, en la que participaron el general Kozlovski, jefe de la artillería de Cronstadt, adherido a la sublevación, y algunos oficiales que, en lo sucesivo, formaron el Estado Mayor de la defensa de los insurrectos.
      Kozlovski propuso que se comenzara la ofensiva sobre los poblados inmediatos, se estableciera contacto con Finlandia y se iniciaran operaciones ofensivas contra el Poder de los Soviets, valiéndose de la potencia de la fortaleza y el carácter súbito del ataque.
      El 4 de marzo, en una reunión de delegados de las unidades y buques fue elegido el Comité revolucionario provisional de Cronstadt, integrado por 15 marinos sin partido, con S. Petrichenko al frente. Entre los miembros del Comité había dos propietarios de casas y un ex agente secreto. Algunos marinos sin partido eran mencheviques y eseristas. Desempeñaron un gran papel en la sedición el eserista maximalista A. Lamanov y el ex sacerdote Putilin (el padre Sergio), que había servido antes en la catedral de Cronstadt. Redactaban un diario, Noticias del comité revolucionario provisional y sus escritos tenían un confuso
carácter pequeñoburgués y estaban saturados de odio contra los bolcheviques y el poder de los Soviets.
      Así, en un mismo ovillo antisoviético se entrelazaron mencheviques, eseristas, anarquistas, un sacerdote, un ex policía y otros contrarrevolucionarios.
      A los primeros disparos llegó a Cronstadt, procedente del extranjero, el ex jefe del acorazado Sebastopol, Vilken que había huido de la revolución. Propuso como ayuda al Comité revolucionario 800 oficiales armados y permaneció en la ciudad durante la sedición como representante de la sección rusa de la Cruz Roja norteamericana en Finlandia.
      Apoyó también la insurrección P. Miliukov, dirigente de los democonstitucionalistas, el partido burgués. En Últimas Noticias, el diario de los emigrados, calificó de la siguiente manera a los de Cronstadt:
      El programa puede expresarse en una breve consigna: ¡Abajo los bolcheviques, vivan los Soviets! Lo más probable es que ¡Vivan los Soviets! signifique en el presente que el poder debe pasar de los bolcheviques a los socialistas moderados, los cuales obtendrán la mayoría en los Soviets.
      Miliukov formulaba así la consigna fundamental de los facciosos de Cronstadt -Soviets sin bolcheviques-
y la aceptaba confiando, no sin fundamento, en que en lo sucesivo el poder pasaría a manos de la burguesía.