miércoles, 6 de junio de 2012

Entrevista a un tupamaro (tercera y última parte)

21.- La posibilidad de una intervención extranjera, ¿puede ser motivo para posponer toda lucha armada en el Uruguay?

Si así fuera, Cuba no habría hecho su revolución a 90 millas de los EE. UU., ni habría guerrillas en Bolivia, país que limita con Brasil y Argentina, como nosotros. La intervención extranjera puede constituir un revés militar inmediato, pero un avance político que se traduciría en un avance militar con el tiempo. Imagínese la ciudad de Montevideo ocupada por tropas extranjeras, con su consiguiente agravio para el sentimiento nacional, molestias para la población, y frente a ello un grupo armado revolucionario con buenas bases dentro de la ciudad... podrá hacerse una idea cabal de lo que significa política y militarmente la tan temida intervención extranjera.

Además, en todo caso, nuestra estrategia se inscribe dentro de la estrategia continental de "crear muchos Vietnam", y los intervencionistas tendrán profuso trabajo en muchos y dispersos frentes.

22.- ¿Cómo gravitan los altos índices de sindicalización en una estrategia revolucionaria?

Los sindicatos, aun con sus limitaciones actuales, han comprometido y pueden comprometer a la mayoría de la población trabajadora en una lucha frontal contra el gobierno que muchas veces ha sido resuelta por éste apelando a las FF. AA. De existir un grupo armado revolucionario capaz de llevar a etapas superiores la lucha de clases, podemos tener una lucha en mejores condiciones: con una gran parte de la población a favor y con los servicios fundamentales del Estado deteriorados.

23.- Nuestra geografía, ¿es completamente adversa para la lucha en la campaña?

No es estrictamente así. No tenemos lugares inexpugnables como otros países, pero existen precarios accidentes naturales que permiten refugios transitorios a un grupo armado. El latifundio es un gran aliado. En zonas de latifundio, es decir, en 2/3 de la superficie del país, los índices de población bajan a 0,6 habitantes por km cuadrado, lo que facilita el desplazamiento clandestino de un contingente armado; compárese con el promedio general de Cuba, más de veinte habitantes por km cuadrado, y aun de las zonas de chacras de nuestro país, como Canelones y sur de San José, con igual promedio.

Al mismo tiempo, el latifundio ganadero resuelve el arduo problema logístico de la alimentación, que en otros lados necesita de una cadena de abastecimientos lograda con una gran complicidad de la población.

Por otra parte, las tremendas condiciones de vida de los asalariados rurales, algunos ya organizados en sindicatos, han creado un sector espontáneamente rebelde que puede ser muy útil en la lucha rural. Si nuestra campaña no puede servir para instalar un foco permanente, por lo menos puede servir para maniobras de dispersión de las fuerzas represivas.

24.- Y para la lucha urbana, ¿hay condiciones?

Montevideo es una ciudad lo suficientemente grande y polarizada por las luchas sociales como para dar cobijamiento a un vasto contingente de comando en actividad. Constituye un marco mucho mayor que el que tuvieron otros movimientos revolucionarios para la lucha urbana. Desde luego, toda organización que pretenda perdurar en la lucha urbana debe construir pacientemente sus bases materiales y el vasto movimiento de apoyo y cobertura que necesita un contingente ar¬mado para operar o subsistir en la ciudad.

25.- ¿Cómo gravita el hecho de la existencia de un grupo armado preparado, en un planteamiento estratégico?

Si no hay un grupo medianamente preparado, simplemente las coyunturas revolucionarías se desaprovechan o no se capitalizan para ¡a revolución. Suceden cosas como el "Bogotazo". El grupo armado le da eficacia y cohesión a la lucha, y la conduce a su destino. Además, el grupo armado puede contribuir a crear la coyuntura revolucionaria o, para decirlo con palabras de Raúl Castro, puede ser el pequeño motor que pone en marcha el gran motor de la revolución. El grupo armado va creando o ayudando a crear las condiciones subjetivas para la revolución, desde el mismo momento en que empieza a prepararse, pero sobre todo, desde que comienza a actuar.

26.- ¿Cuáles serían, pues, las líneas generales estratégicas para el momento actual?

Crear una fuerza armada con la mayor premura posible, con capacidad para aprovechar cualquier coyuntura propicia creada por la crisis u otros factores. Crear conciencia en la población, a través de acciones del grupo armado u otros medios, de que sin revolución no habrá cambio. Fortificar los sindicatos y radicalizar sus luchas, y conectarlas con el movimiento revolucionario.

Echar bases materiales para poder desarrollar la lucha urbana y la lucha en el campo.

Conectarse con otros movimientos revolucionarlos de Latinoamérica, para la acción continental.

27.- ¿Este es un plan de trabajo, exclusivamente, de su organización?

No. Es para todas las organizaciones auténticamente revolucionarias y para todos los individuos que realmente anhelen una revolución.

28.- ¿Considera que todas estas tareas son igualmente revolucionarias?

Si. Algunos creen que solamente cuando estamos entrenándonos para combatir o cuando se entra en acción, estamos haciendo una tarea revolucionaria, pero todas las tareas que ayuden a un plan estratégico son igual mente importantes para la revolución.

29.- ¿Me puede poner algún ejemplo ilustrativo?

El que hace un mandado para adquirir material necesario para una base de operaciones, el que recaba finanzas, el que presta su automóvil para las movilizaciones, el que presta su casa, está corriendo tanto riesgo y a veces más, que el integrante de un grupo de acción. Debe tenerse en cuenta que la mayoría de los revolucionarios han ocupado la mayor parte de su tiempo en estas pequeñas cosas prácticas sin las cuales no hay revolución.

30.- ¿Quiere decir que una posibilidad estratégica se puede abrir con nuestro esfuerzo cotidiano?

Sí. Una estrategia para la revolución depende en parte de las condiciones que podamos crear con nuestro esfuerzo orientado por un plan para la toma del poder, además de no perder de vista las condiciones que nos da la realidad.


FUENTE: Revista PUNTO FINAL, Nº 58