jueves, 3 de mayo de 2012

La masacre de Gasteiz (pospolo kutxa)

tomado de pospolo kutxa, 1. zenbakia (marzo-abril 2012 martxoa-apirila)


Memoria-histórica

La masacre de Gasteiz

      Gasteiz, 3 de marzo de 1976.
      Los obreros de Forjas Alavesas, MEVOSA, Gabilondo, Cablenor, Aranzábal, Apellániz... llevaban más de dos meses en huelga para hacer frente a las cada vez más precarias condiciones que se les imponía desde la patronal.
      Si bien al principio tanto la huelga como las formas de lucha no eran del todo radicales, la no obtención de las reformas exigidas así como los despidos de los obreros más conscientes en dicho proceso de huelga, dotaron de más radicalidad y furia a las protestas.
      Hasta que el 3 de marzo se convocó huelga general en Vitoria. Ya esa misma mañana se había producido un muerto en las manifestaciones que llevaron a cabo 50000 trabajadores en solidaridad con los huelguistas.
      A las cinco de la tarde, es convocada una asamblea masiva en la iglesia de San Francisco en Zaramaga. Más de 5000 personas consiguen entrar dentro mientras que un número superior se quedan fuera, sin entrar, junto con las comisiones elegidas en asamblea que no consiguen pasar.
      En la iglesia apenas se consigue celebrar la asamblea, pues comienzan a oírse los disparos de las bombas lacrimógenas y alguna que otra ráfaga de metralleta.
      Comienzan los grises a romper los cristales de las puertas y a lanzar las granadas lacrimógenas, bolas de goma, bolas de acero, etc. por los huecos. Mientras tanto, los que aguardan fuera intentan impedir el ataque a los que permanecen dentro de la iglesia.
      Prosiguen los disparos y en la iglesia los 5000 obreros permanecen tumbados en el suelo. Muchas personas están con los ojos en blanco, se cuentan más de 100 intoxicados, algunos sufren ataques de histeria, otros arrojan espuma por la nariz y la boca... Con 5 o 10 granadas más los muertos por asfixia podían haber sido más de 100. La iglesia estaba totalmente saturada de gases.
      El primer obrero que sale de la iglesia recibe un balazo en la cabeza que se la atraviesa. Otro lo recibe en la garganta. Más de cuarenta de los que estaban dentro resultan heridos de bala.
      A la salida espera un pasillo de grises que golpea sin piedad a todos los que salen. Los heridos e intoxicados son los más castigados pues no pueden correr ni hacer nada. Al que intenta escapar se le dispara. Desde un jeep salta en marcha un gris que descarga una ráfaga larga contra los que estaban fuera.
      Las ambulancias que comienzan a llegar son detenidas por los jeeps que les golpean en las ruedas e impiden su paso y su atención a los heridos que están tumbados en el suelo de la calle y a la salida de la iglesia.
      La masacre se ha realizado y ha sido consciente. Las órdenes eran órdenes, y éstas eran de machacar, de matar. Los que estaban dentro de la iglesia, han podido perecer intoxicados y después han sido ametrallados a la salida junto con más de 5000 que esperaban fuera.
      Sin embargo, sus muertes no fueron en vano, y de eso se encargó la clase obrera de todo el Estado, llevando a todos los rincones la denuncia por la muerte de estos cinco luchadores, así como la de todos los heridos en dicha masacre.
      Una vez más, la lucha obrera fue consciente, radical, decidida, hasta las últimas consecuencias, y el precio a pagar fue muy caro.
      La lección, sin embargo, también fue diáfana: cuando el camino es verdaderamente consecuente, el Estado se te echa encima, pero no hay otra forma de avanzar.