domingo, 19 de febrero de 2012

Desenmascarando a Trotski, por José Antonio Egido

enlace a CHILE: Colonia del Neoliberalismo (http://www.wpchile2.wordpress.com/)


El verdadero rostro del Trotskismo: Historia de una Farsa



Debate sobre el trotskismo en Donostia (otsailak 24 de febrero)

      Hurrengo ostiralean, otsailak 24, 18:00etan, gar kolektiboa Letamanen (Intxaurrondoko gaztetxea, Donostia) ''Asaltar los cielos: Ramón Mercader, soldado de Stalin y de la URSS''-ren (Trotski akatu zuen gizonari buruzko dokumentala) bideo emanaldia eta honen inguruko eztabaida antolatu du, zeinetan trotskismoak Sobietar Batasunaren barnean eta kanpoan izan duen ibildea eta Stalin eta Trotski burukideen desberdintasun ideologikoa (sozialismoa herrialde bakar batetan vs. etengabeko iraultza) ikertuko duena, beste hainbaten artean.

      El próximo viernes 24 de febrero, a las 18:00, gar kolektiboa organiza en Letaman (gaztetxe de Intxaurrondo, Donostia) la proyección de ''Asaltar los cielos: Ramón Mercader, soldado de Stalin y de la URSS'' (documental sobre el hombre que ejecutó a León Trotski) y un debate sobre el tema que abarcara tanto el análisis del recorrido del trotskismo dentro y fuera de la Unión Soviética como la diferencia idéológica entre los dirigentes Stalin y Trotski (socialismo en un solo país vs. revolución permanente).

      Sobre este tema, esta semana os iremos dejando diferentes escritos para fomentar el pensamiento crítico y el debate. Todos ellos estarán clasificados con la etiqueta ''trotskismo'', donde podéis encontrar otros escritos relacionados anteriormente publicados.

sábado, 18 de febrero de 2012

Stalin contra el revisionismo de Tito

      Una de las últimas batallas ideológicas que Stalin enfrentó al final de su vida fue contra el revisionismo yugoslavo.

      La denuncia de los manejos de Tito en los Balcanes no es fácil de exponer en el contexto en el que se desenvolvieron, pues hay varias cuestiones conexas de distinta naturaleza, y la cuestión ideológica es sólo la principal de ellas.

      Además, la cuestión yugoslava coincide en el tiempo con la revolución en Grecia y ambos acontecimientos no se pueden separar.

      Como en Grecia, en Polonia y, en general, en todos los países europeos, en Yugoslavia existían también dos movimientos de resistencia antifascista. Una dependía del gobierno reaccionario en el exilio (chetniks) y otra, más fuerte, estaba dirigida por los comunistas.

      A diferencia de todos los demás países en que se produjo esa dualidad, en el caso de Yugoslavia, Churchill decidió apoyar, no al gobierno reaccionario en el exilio, sino a los comunistas. El 10 de diciembre de 1943 se lo comunicó oficialmente al rey Pedro II e incluso argumentó las razones para esa opción:

      el presidente del gobierno exiliado(Mijailovitch) colaboraba en realidad con los ocupantes hitlerianos. En junio de aquel año Churchill ya había enviado a Tito una misión militar encabezada por el general Fitzroy MacLean y su propio hijo Randolph. Para evitar su bancarrota, el rey destituyó a Mijailovitch y los imperialistas británicos, verdaderos dueños de toda la región de los Balcanes, alentaron una entrevista entre Tito y Chubachitch, un delegado del nuevo gobierno exiliado, que se celebró el 16 de junio de 1944.

      Se acordó la unificación de la guerrilla, la formación de un gobierno único y Tito introdujo a dos antifascistas en el gobierno exiliado. Dos meses después, se produjo otra entrevista entre Churchill y Tito en Nápoles y ambos llegaron a una serie de acuerdos, entre los que cabe destacar:

      — Tito se opondría al retorno del monarca

      — abandonaría sus pretensiones sobre Triestre e Istria a Italia, Carintia a Austria y una parte de Macedonia a Grecia

      — pretendía integrar a los países de los Balcanes en una única Federación

      — se comprometía a no construir el socialismo en Yugoslavia.

      De aquellos acuerdos, tan extraños para la época y tan diferentes -aparentemente- de la política británica hacia otros países, se desprendían, sin embargo, dos conclusiones claras: que Tito no era comunista y que, por el contrario, era un nacionalista que pretendía someter a todos los países de la región a través de la Federación Balcánica.

      La familiaridad de Churchill con un comunista como Tito era harto exótica. En sus Memorias el británico dice que aunque Tito se comprometió con él a no adoptar medidas socialistas en privado, se negó a hacer público ese compromiso.

      Según Dedidjer, el biógrafo de Tito, lo que éste dijo fue lo siguiente: La experiencia rusa será útil para nosotros, pero no nos impedirá tener en cuenta las condiciones particulares de nuestro país.

      La cosa no cambia en nada. En aquel tiempo ruso era sinónimo de comunista y, a la inversa, bastaba cualquier declaración de independencia hacia Moscú para indicar el alejamiento del comunismo. El eurocomunismo fue luego un buen ejemplo de ésto.

      En realidad, Tito era un nacionalista y la posición geoestratégica de Yugoslavia le concedía una baza muy importante, la supuesta pretensión de equidistar del capitalismo y el socialismo, la de encontrar una tercera vía, la de inventar un nuevo modelo de socialismo.

      Buscaba disponer de un amplio margen de maniobra en el terreno diplomático. Por eso Yugoslavia encontró pronto su lugar en el movimiento de países no alineados.

      Todo esto introdujo una enorme confusión en el movimiento comunista internacional y dio lugar a un cúmulo de paradojas. La confusión sólo fue posible porque Tito y los suyos se hicieron pasar por comunistas y actuar como si tuvieran algo que ver con el comunismo. Por lo tanto, Stalin tenía, una vez más, absoluta razón cuando los desenmascaró como revisionistas y agentes del imperialismo.

      No hay punto intermedio entre el capitalismo y el socialismo, no hay ningún modelo distinto de socialismo, no hay vías ni atajos para construir una sociedad socialista, el socialismo no cambia en absoluto de un país a otro.

      Pero a la muerte de Stalin, otro revisionista, Jruschov, rehabilitó a Tito y a la Liga Comunista de Yugoslavia como organización integrante del movimiento comunista internacional, poniéndose de su lado sin que Tito hubiera variado lo más mínimo sus postulados.

      A través de Jruschov, las posiciones revisionistas de Tito se abrieron camino y, con ellas, el nacionalismo y la demagogia acerca de las vías nacionales diversas para construir el socialismo.

      La paradoja era máxima en el caso de Yugoslavia porque, como en los demás países y a pesar de la demagogia imperialista, Stalin no tenía ningún interés específico en que Yugoslavia fuera un país socialista e incluso le recomendó a Tito que admitiera el regreso del rey. Su interés era preservar entre los Estados vecinos unos vínculos que garantizaran su seguridad, con los que pudiera mantener buenas relaciones y que no se prestaran a ningún tipo de provocaciones.

      Por el contrario, era Tito quien manifestaba pretender hacer de Yugoslavia un país socialista, si bien con un socialismo diferente.

      Por tanto, la denuncia de Stalin no radicaba en esa supuesta independencia de criterio por parte de Tito sino en su doble juego, en su enmascaramiento y en la confusión que sembraban sus teorías.

      No se puede ser comunista y nacionalista al mismo tiempo; los comunistas somos internacionalistas, que es todo lo opuesto al nacionalismo, una ideología esencialmente burguesa.

      Además había que tener en cuenta que el nacionalismo de Tito no consistía sólo en esa independencia respecto a Moscú, sino que era de tipo expansionista y eso podía provocar graves disturbios en una región ya de por sí muy conflictiva históricamente.

      Tito pretendía territorios de todos sus vecinos y en su Federación Balcánica tenía intención de integrar, entre otros países, a Albania, que reaccionó valientemente contra estas pretensiones hegemonistas.

      Finalmente, el país que más avanzó en esa integración balcánica fue Bulgaria, pero las sutiles pretensiones de Tito eran incorporar a aquel país no en pie de igualdad con Yugoslavia sino en las mismas condiciones que Serbia, Croacia, Montenegro o Eslovenia.

      El 28 de junio de 1948 el Kominform denunció públicamente a la Liga Comunista de Yugoslavia como una organización revisionista y nacionalista. Las declaraciones contra el revisionismo yugoslavo se repetirían luego en otros foros comunistas, como en la declaración de Moscú de 81 partidos comunistas, celebrada en 1960.

      Desenmascarado Tito y su Liga Comunista de Yugoslavia, las potencias imperialistas se volcaron en apoyar y financiar la reconstrucción del modelo de socialismo en Yugoslavia con millones de divisas, firmando inmediatamente tratados de colaboración económica con todas las grandes potencias.

      Posteriormente la rehabilitación de los revisionistas yugoslavos por su colega Jruschov, permitió que también pudieran obtener financiación de la URSS y convirtió a Yugoslavia en un país privilegiado.

      El desarrollo capitalista en aquel país, como denunciara Stalin, se fundamentó en los mismos patrones que todos los demás países capitalistas: inversiones extranjeras, emigración, desempleo y turismo.

      Para terminar de complacer a sus jefes imperialistas, Tito llevó a cabo su último acto de traición, cerrando la frontera con Grecia y permitiendo que la guerrilla griega fuera aplastada.

(en la foto, de izquierda a derecha, Josip Broz Tito, Iosif Vissarionovich Stalin y Viacheslav Mijailovich Molotov)
 
 

viernes, 17 de febrero de 2012

Explicaciones didácticas sobre la situación del cereal a universitarios soviéticos, por Iosif V. Stalin (segunda y última parte)

      Tomemos, por ejemplo, los koljoses y los sovjoses. El 47,2% de toda su producción global es grano mercantil. En otras palabras: producen proporcionalmente más grano mercantil que las haciendas de los terratenientes de antes de la guerra. ¿Y las haciendas pequeñas y medianas de los campesinos? Sólo un 11,2% de su producción global es grano mercantil. Como veis, la diferencia es bastante elocuente.

      Citaré algunas cifras que indican cuál era la estructura de la producción de cereales en el pasado, en el período de anteguerra, y cuál es actualmente, en el período posterior a Octubre. Estas cifras han sido facilitadas por el camarada Nemchínov, del Consejo de la Dirección Central de Estadística. Como advierte en su informe dicho camarada, estas cifras no pretenden ser absolutamente exactas y nos permiten sacar, únicamente, deducciones aproximadas. Pero, a pesar de todo, bastan para comprender la diferencia que hay entre el período de anteguerra y el período posterior a Octubre desde el punto de vista de la estructura de la producción de grano en general y de la producción de grano mercantil en particular.


      ¿Qué evidencia este cuadro?

      Evidencia, en primer lugar, que la producción del grueso de los cereales ha pasado de los terratenientes y de los kulaks a los campesinos pequeños y medios. Esto indica que los campesinos pequeños y medios, después de haberse liberado totalmente del yugo de los terratenientes y de haber quebrantado, en lo fundamental, la fuerza de los kulaks, han conseguido la posibilidad de mejorar considerablemente su situación material. Este es el fruto de la Revolución de Octubre. Ello revela, ante todo, la ventaja decisiva que a las fundamentales masas campesinas ha dado la Revolución de Octubre.

      El cuadro evidencia, en segundo lugar, que los principales poseedores de grano mercantil, en nuestro país, son los pequeños campesinos y, sobre todo, los campesinos medios. Lo cual significa que, como resultado de la Revolución de Octubre, la U.R.S.S. se ha convertido, no sólo desde el punto de vista de la producción global de grano, sino también desde el punto de vista de la producción de grano mercantil, en un país de pequeñas haciendas campesinas, y el campesino medio, en la "figura central" de la agricultura.

      El cuadro evidencia, en tercer lugar, que la liquidación de las haciendas de los terratenientes (grandes haciendas), la reducción de las haciendas de los kulaks (grandes haciendas) a menos de la tercera parte y el paso a las pequeñas haciendas campesinas, que proporcionan tan sólo un 11% de grano mercantil, tenían forzosamente que conducir, como en efecto han conducido -- dada la ausencia de grandes haciendas sociales más o menos desarrolladas en la producción cerealista (koljoses y sovjoses) --, a un descenso vertical de la producción de grano mercantil en comparación con la anteguerra. Es un hecho que hoy, a pesar de haber alcanzado el nivel de produc-  ción global de cereales de anteguerra, sólo contamos con la mitad de grano mercantil.

      Esa es la causa fundamental de nuestras dificultades en el frente cerealista.

      Por eso nuestras dificultades en los acopios de grano no pueden considerarse simple casualidad.

      No cabe duda de que ha desempeñado también cíerto papel negativo el hecho de que nuestras organizaciones comerciales se comprometiesen, sin necesidad, a abastecer de grano a varias ciudades pequeñas y medianas, lo cual forzosamente tenía que disminuir, hasta cierto punto, las reservas de grano del Estado Pero no hay motivo para dudar de que la causa fundamental de nuestras dificultades en el frente cerealista no es esta circunstancia, sino el lento desarrollo de la producción mercantil de nuestra agricultura, en contraste con el redoblado incremento de la demanda de grano mercantil.

      ¿Cuál es la salida de esta situación?

      Algunos ven la salida en el retorno a la hacienda del kulak, en el desarrollo y el fomento de la hacienda del kulak. Esa gente no se atreve a hablar del retorno a la hacienda del terrateniente, porque comprende, por lo visto, que es peligroso hablar de estas cosas en nuestros tiempos. Y prefieren hablar de la necesidad de desarrollar por todos los medios la hacienda del kulak en interés . . . del Poder Soviético. Esa gente cree que el Poder Soviético puede apoyarse, al mismo tiempo, en dos clases antagónicas: en la clase de los kulaks, cuyo principio económico es la explotación de la clase obrera, y en la clase de los obreros, cuyo principio económico es acabar con toda explotación. Es un cubileteo digno de reaccionarios.

      No merece la pena pararse a demostrar que estos "planes" reaccionarios no tienen nada que ver ni con los intereses de la clase obrera, ni con los principios del marxismo, ni con las  tareas del leninismo. Esta palabrería acerca de que el kulak "no es peor" que el capitalista de la ciudad, de que el kulak no representa, ni mucho menos, un peligro mayor del que representa en la ciudad el nepman y de que, por lo tanto, no tenemos por qué "temer" ahora a los kulaks, son huera cháchara liberal, que adormece la vigilancia de la clase obrera y de las fundamentales masas campesinas. No debe olvidarse que si en la industria podernos oponer al pequeño capitalista de la ciudad la gran industria socialista, que proporciona las nueve décimas partes del total de artículos manufacturados, a la gran producción kulakista en el campo sólo podemos oponer hoy, en el plano de la producción, unos koljoses y unos sovjoses débiles aún, que producen ocho veces menos grano que las haciendas de los kulaks. No comprender la importancia de la gran hacienda kulakista en el campo, no comprender que el peso relativo de los kulaks en el campo es cien veces mayor que el peso relativo de los pequeños capitalistas en la industria de la ciudad, significa perder el juicio, romper con el leninismo y desertar al campo de los enemigos de la clase obrera.

      Así, pues, ¿cuál es la salida de esta situación?

      1) La salida es, ante todo, pasar de las pequeñas haciendas campesinas, atrasadas y dispersas, a haciendas unificadas, grandes, sociales, dotadas de máquinas, pertrechadas con los adelantos de la ciencia y capaces de producir la máxima cantidad de grano mercantil. La salida es pasar de la hacienda campesina individual a la hacienda agrícola colectiva y social.

      Lenin exhortó al Partido a organizar koljoses ya en los primeros días de la Revolución de Octubre. Desde entonces, nuestro Partido no ha cesado de propagar la idea de los koljoses. Sin embargo, este llamamiento no ha encontrado eco entre las masas hasta los últimos tiempos. Ello se debe, ante  todo, a que el gran desarrollo adquirido en el campo por las sociedades cooperativas ha preparado el viraje a favor de los koljoses en la mentalidad de los campesinos; además, la existencia de koljoses que dan ya hoy una cosecha de 150 a 200 puds por desiatina, de los cuales del 30 al 40% son de grano mercantil, ha hecho que los campesinos pobres y las capas inferiores de los campesinos medios se sientan atraídos fuertemente hacia los koljoses.

      Otra circunstancia que ha influido también bastante es que hasta los últimos tiempos el Estado no ha podido financiar en serio el movimiento koljosiano. Sabido es que este año el Estado ha asignado para ayuda a los koljoses el doble que el año pasado (más de 60 millones de rublos). El XV Congreso del Partido tenía mil veces razón al reconocer que habían madurado ya las condiciones para un movimiento koljosiano de masas y que el fortalecimiento del movimiento koljosiano era uno de los medios más importantes para elevar en nuestro país el porcentaje de la producción de grano mercantil.

      En 1927, la producción global de cereales en los koljoses ascendió, según datos de la Dirección Central de Estadística, a 55 millones de puds, como mínimo, con una media de un 30% de grano mercantil. La amplia campaña de organización de nuevos koljoses y de desarrollo de los ya existentes, iniciada a comienzos de este año, debe dar, a finales del mismo, un aumento considerable de la producción de grano en los koljoses. La tarea consiste en mantener el ritmo actual de desarrollo del movimiento koljosiano, en agrandar los koljoses, en eliminar los koljoses ficticios, sustituyéndolos por koljoses verdaderos, y en establecer un régimen en virtud del cual los koljoses entreguen a las organizaciones del Estado y a las cooperativas todo el grano mercantil, bajo la amenaza de privarles, en caso con-  trario, de las subvenciones y de los créditos del Estado. Creo que, observando estas condiciones, podríamos lograr que, en el término de tres o cuatro años, los koljoses nos suministrasen unos 100 millones de puds de grano mercantil.

      A veces, se contrapone el movimiento koljosiano al movimiento cooperativo, suponiendo, por lo visto, que los koljoses son una cosa y la cooperación otra. Eso, naturalmente, es equivocado. Hay quienes llegan, incluso, a contraponer los koljoses al plan de cooperación de Lenin. Huelga decir que esa contraposición no tiene nada de común con la verdad. En realidad, los koljoses son una modalidad de la cooperación, la modalidad más destacada de las cooperativas de producción. Hay cooperativas de venta, cooperativas de abastecimiento y cooperativas de producción. Los koljoses constituyen una parte integrante, inseparable, del movimiento cooperativista en general y del plan de cooperación formulado por Lenin en particular. Llevar a la práctica el plan de cooperación formulado por Lenin supone elevar a los campesinos, de las cooperativas de venta y de abastecimiento, a las cooperativas de producción, a la cooperación koljosiana, por decirlo así. A ello se debe, entre otras razones, que los koljoses comenzasen a surgir y a desarrollarse en nuestro país sólo como resultado del desarrollo y del fortalecimiento de las cooperativas de venta y de abastecimiento.

      2) La salida es, en segundo lugar, desarrollar y consolidar los viejos sovjoses, organizar y desarrollar nuevos grandes sovjoses. La producción global de grano en los sovjoses existentes ascendió en 1927, scgún los datos de la Dirección Central de Estadística, a 45 millones de puds, como mínimo, con un 65% de producción mercantil. Es indudable que, con cierto apoyo del Estado, los sovjoses podrían aumentar considerablemente la producción de grano.

      Pero la tarea no se limita a lo dicho. El Poder Soviético ha dispuesto que en las zonas de tierras no parceladas se organi cen grandes sovjoses nuevos (de 10 a 30 mil desiatinas cada uno), que deberán dar, dentro de cinco o seis años, 100 millones de puds de grano mercantil. La organización de estos sovjoses se ha emprendido ya. La tarea consiste en llevar a la práctica, cueste lo que cueste, esa disposición del Poder Soviético. Creo que, si se cumplen esas tareas, de aquí a tres o cuatro años podremos obtener de los viejos y los nuevos sovjoses de 80 a 100 millones de puds de grano mercantil.

      3) La salida es, por último, elevar sistemáticamente las cosechas de las haciendas campesinas individuales pequeñas y medianas. Nosotros no podemos ni debemos apoyar a la gran hacienda individual kulakista. Pero sí podemos y debemos apoyar a las pequeñas y medias haciendas individuales de los campesinos, elevando sus cosechas y encauzándolas hacia la organización cooperativa Es ésta una vieja tarea, proclamada ya por nosotros con especia linsistencia en 1921, al sustituir el sistema de contingentación por el impuesto en especie. Esta tarea fue confirmada por nuestro Partido en el XIV[63] y en el XV Congresos. La importancia de esta tarea resalta ahora ante las dificultades en el frente cerealista. Por ello debe ser cumplida con la misma tenacidad con que se cumplirán las dos tareas anteriores: la referente a los koljoses y la relativa a los sovjoses.

      Todos los datos indican que, a la vuelta de pocos años, se podría elevar la cosecha por hectárea de las haciendas campesinas en un 15-20%. Actualmente, se emplean en nuestro país no menos de 5 millones de arados primitivos. Su simple sustitución por arados modernos podría dar un aumento muy considerable de la producción de cereales en el país. No hablo ya de lo que reportaría proporcionar a las haciendas campe-  sinas un mínimo de abonos, de semillas limpias, de maquinaria pequeña, etc. El sistema de la contratación, el método de firmar contratos con aldeas y pueblos enteros para dotarlos de semillas, etc., con la condición obligatoria de que ellos entreguen determinada cantidad de cereales, este método es el mejor para elevar la cosecha por hectárea de las haciendas campesinas y llevar a los campesinos al cauce de la cooperación. Creo que, si trabajamos seriamente en este sentido, de aquí a tres o cuatro años podremos lograr que las haciendas campesinas individuales pequeñas y medianas den, complementariamente, no menos de 100 millones de puds de grano mercantil.

      Así, pues, si todas estas tareas se cumplen, dentro de tres o cuatro años nuestro Estado podrá disponer de 250 a 300 millones de puds de grano mercantil complementarios, cantidad poco más o menos suficiente para maniobrar como es debido, tanto dentro como fuera del país.

      Tales son, a grandes rasgos, las medidas necesarias para vencer las dificultades en el frente cerealista.

      Combinar estas medidas fundamentales con las medidas corrientes encaminadas a mejorar la planificación del abastecimiento del campo con mercancías, eximiendo a nuestras organizaciones comerciales del deber de suministrar grano a toda una serie de ciudades pequeñas y medianas: tal es la tarea que actualmente se nos plantea.
      ¿No convendría adoptar, a la par con éstas, otras medidas, como, por ejemplo, las encaminadas a amortiguar el ritmo del desarrollo de nuestra industria, que origina, a su vez, un aumento acelerado de la demanda de grano que supera, hoy por hoy, la producción de grano mercantil? No, no convendría. ¡De ninguna manera! Amortiguar el ritmo de desarrollo de la industria significaría debilitar a la clase obrera, pues cada pa- so en el desarrollo de la industria, cada nueva fábrica, son, según la expresión de Lenin, una "nueva fortaleza" de la clase obrera, que refuerza las posiciones de ésta en la lucha contra las fuerzas ciegas pequeñoburguesas, contra los elementos capitalistas de nuestra economía. Por el contrario, debemos mantener el ritmo actual del desarrollo de la industria y, en cuanto se nos presente la ocasión, acelerarlo, para inundar de mercancías el campo y sacar de él más grano, para dotar de maquinaria a la agricultura, y sobre todo a los koljoses y sovjoses, para industrializar la agricultura y elevar su producción mercantil.
      ¿No sería, tal vez, conveniente, para mayor "precaución", frenar el desarrollo de la industria pesada y hacer de la industria ligera, que produce, fundamentalmente, para el mercado campesino, la base de nuestra industria? ¡De ninguna manera! Esto sería un suicidio; sería minar toda nuestra industria, comprendida la misma industria ligera. Esto sería abandonar la consigna de industrialización de nuestro país, sería convertirlo en un apéndice del sistema mundial de la economía capitalista.

      Al decir esto, partimos de las conocidas tesis de orientación dadas por Lenin en el IV Congreso de la Internacional Comunista[64] y que son absolutamente obligatorias para todo nuestro Partido. He aquí lo que dijo a este propósito Lenin en el IV Congreso de la Internacional Comunista:
      "Para Rusia, la salvación no está solo en una buena cosecha en la economía campesina -- esto es insuficiente --, ni, tampoco, sólo en el buen estado de la industria ligera, que proporciona al campesinado artículos de consumo -- esto también es insuficiente --; necesitamos, además, industria pesada ".
      Y en otro lugar:

      "Economizamos en todo, hasta en escuelas. Y debe ser así, porque sabemos que sin salvar la industria pesada, sin restaurarla, no podremos construir ninguna industria, y sin industria sucumbiríamos como país independiente" (t. XXVII, pág. 349).

      Estas indicaciones de Lenin no deben olvidarse.

      ¿Cómo repercutirán en la alianza de los obreros con los campesinos las medidas trazadas? Opino que estas medidas pueden únicamente contribuir al fortalecimiento de la alianza entre los obreros y los campesinos.

      En efecto, si los koljoses y los sovjoses se desarrollan a ritmo acelerado; si, como resultado de la ayuda directa prestada a los campesinos pequeños y medios, aumenta la cosecha por hectárea en sus haciendas y la cooperación abarca a masas de campesinos más y más vastas; si el Estado obtiene nuevos cientos de millones de puds de grano mercantil, que necesita para maniobrar; si, como fruto de todas estas medidas y de otras análogas, se tiene a raya a los kulaks y se les va venciendo poco a poco, ¿no es evidente que se irán suavizando cada vez más las contradicciones entre la clase obrera y el campesinado dentro de la alianza de los obreros con los campesinos, irá desapareciendo la necesidad de aplicar medidas extraordinarias para los acopios de cereales, las grandes masas campesinas irán virando más y más hacia las formas colectivas de explotación de las haciendas y la lucha por vencer a los elementos capitalistas en el campo adquirirá un carácter cada vez más masivo y más organizado?

      ¿No es evidente que, con estas medidas, la alianza entre los obreros y los campesinos sólo puede salir ganando?

      Debe tenerse presente, sin embargo, que la alianza entre los obreros y los campesinos, en las condiciones de la dictadura del proletariado, no es una simple alianza. Es una forma especial de alianza de clase entre la clase obrera y las masas trabajado-  ras del campesinado, alianza cuyo objetivo es: a) fortalecer las posiciones de la clase obrera; b) asegurar el papel dirigente de la clase obrera dentro de esta alianza; c) suprimir las clases y la sociedad de clases. Toda otra interpretación de la alianza entre los obreros y los campesinos es oportunismo, menchevismo, eserismo, cualquier cosa menos marxismo, menos leninismo.

      ¿Es compatible la idea de la alianza entre los obreros y los campesinos con la conocida tesis de Lenin de que el campesinado es "la última clase capitalista"? ¿No hay en esto una contradicción? La contradicción es sólo aparente, imaginaria. En realidad, no hay ninguna contradicción. En el informe hecho ante el III Congreso de la Internacional Comunista[65], en el que caracteriza al campesinado como "la última clase capitalista", en ese mismo informe Lenin argumenta una y otra vez la necesidad de una alianza entre los obreros y los campesinos, declarando que "el principio supremo de la dictadura es mantener la alianza entre el proletariado y el campesinado, para que el proletariado pueda conservar el papel dirigente y el Poder estatal". Es evidente que Lenin, en todo caso, no veía en esto ninguna contradicción.

      ¿Cómo se debe interpretar la tesis de Lenin de que el campesinado es "la última clase capitalista"? ¿Quiere esto decir que el campesinado lo integran capitalistas? No, no quiere decir eso.

      Quiere decir, en primer lugar, que los campesinos con haciendas individuales son una clase especial, cuya economía se basa en la propiedad privada sobre los instrumentos y medios de producción y que, por tanto, se distingue de la clase proletaria, que edifica la economía basándose en la propiedad colectiva sobre los instrumentos y medios de producción.

      Quiere decir, en segundo lugar, que los campesinos con haciendas individuales son una clase de cuyo seno brotan, nacen y se destacan capitalistas, kulaks y explotadores de todo género.

      ¿No es esta circunstancia un obstáculo invencible para la organización de la alianza de los obreros y campesinos? No, no lo es. La alianza del proletariado con el campesinado, en las condiciones de la dictadura del proletariado, no es una alianza con todo el campesinado. La alianza del proletariado con el campesinado es la alianza de la clase obrera con las masas trabajadoras del campesinado. Y esta alianza no puede verse realizada si no se lucha contra los elementos capitalistas del campesinado, si no se lucha contra los kulaks. Esta alianza no puede ser sólida si no se organiza a los campesinos pobres, como puntal de la clase obrera en el campo. Por eso, en las actuales condiciones de la dictadura del proletariado, la alianza de los obreros y los campesinos sólo puede realizarse de acuerdo con la conocida consigna de Lenin: apoyarse en los campesinos pobres, establecer una sólida alianza con los campesinos medios y no cejar ni un instante en la lucha contra los kulaks. Sólo poniendo en práctica esta consigna, podremos atraer a las fundamentales masas campesinas al cauce de la edificación socialista.

      Ya veis que la contradicción entre las dos fórmulas de Lenin no es más que una contradicción aparente, imaginaria. En realidad, no hay entre ellas ninguna contradicción.

jueves, 16 de febrero de 2012

76 años del logro de la democracia

      Si estuviéramos en 1936, ahora andaríamos brindando tras haber ido a votar en grupo al Frente Popular, el cual salió victorioso aquel 16 de febrero, dando así comienzo a la única democracia que ha vivido el Estado español.
      Sin embargo, desde el primer momento, la reacción se armó contra ella: las conspiraciones de los altos mandos militares de la UME, los actos terroristas de grupos como la Falange Española y de las JONS... y finalmente, el golpe de Estado del 18 de julio organizado por el general Emilio Mola, que gracias a la resistencia del pueblo concienciado, desembocó en una guerra que pudo salvar a la República.
      Esta dura reacción se debía a todo el trabajo que la coalición hizo por el pueblo, por sus derechos y libertades. En otras palabras, por asentar las bases para la democracia.

gar kolektiboa

miércoles, 15 de febrero de 2012

Explicaciones didácticas sobre la situación del cereal a universitarios soviéticos, por Iosif V. Stalin (primera parte)

extracto de Cuestiones del leninismo, de Iosif Vissarionovich Stalin


En el frente cerealista

de una entrevista con los alumnos del Instituto de Profesores Rojos, de la Academia Comunista y de la Universidad Sverdlov. 28 de mayo de 1928.

      Pregunta: ¿Qué debe considerarse lo fundamental en nuestras dificultades en cuanto al problema de los cereales? ¿Dónde está la solución de estas dificultades? ¿Cuáles deben ser las conclusiones, en relación con estas dificultades, en lo que se refiere al ritmo de desarrollo de nuestra industria en general, y en particular desde el punto de vista de la correlación entre la industria ligera y la industria pesada?    

      Respuesta: A primera vista, puede parecer que nuestras dificultades en cuanto a los cereales son una casualidad, fruto simplemente de una mala planificación y de errores cometidos en la coordinación de nuestra economía.

      Pero eso sólo puede parecerlo a primera vista. En realidad, las causas de las dificultades son mucho más profundas. No puede caber la menor duda de que la mala planificación y los errores cometidos en la coordinación de nuestra economía han desempeñado en esto un papel de considerable importancia. Pero querer explicarlo todo por la mala planificación y por equivocaciones fortuitas, significa caer en el más profundo  error. Sería erróneo menospreciar el papel y la importancia de la planificación. Pero aun más erróneo sería exagerar la importancia de la planificación, creyendo que hemos llegado ya a una fase de desarrollo en la que se puede planearlo y regularlo todo.

      No debe olvidarse que, además de los elementos sometidos a nuestra planificación, hay en la economía nacional del país otros elementos, que, por ahora, no se someten a la planificación, y, finalmente, que hay clases hostiles a nosotros, a las que no se puede vencer simplemente mediante la labor planificadora de la Comisión Estatal de Planificación.

      Por eso entiendo que no puede reducirse todo a simples eventualidades, a errores en la planificación, etc.

      Así, pues, ¿cuál es la causa fundamental de nuestras dificultades en el frente cerealista?

      La causa fundamental de nuestras dificultades en cuanto a los cereales es que la producción de grano mercantil se desarrolla en nuestro país con mayor lentitud que la demanda.

      Crece la industria. Crece el número de obreros. Crecen las ciudades. Crecen, finalmente, las regiones productoras de primeras materias industriales (algodón, lino, remolacha, etc.), para las que se necesita grano mercantil. Todo esto hace que aumente rápidamente la demanda de cereales, de grano mercantil. Pero la producción de grano mercantil aumenta a un ritmo mortal por su lentitud.

      No puede decirse que la cantidad de cereales acopiados a disposición del Estado este año sea menor que la del año pasado o la de hace dos años. Al contrario, el Estado ha dispuesto este año de mucho más grano que en los años anteriores. Y, sin embargo, tropezamos con dificultades en cuanto a los cereales.

      He aquí algunas cifras. En el año 1925-1926 pudimos acopiar, hasta el 1 de abril, 434 millones de puds (un pud equivale a 16 kg. -- N. del T.)  de grano. De ellos, exportamos 123 millones de puds. En el país quedaron, por tanto, 311 millones de puds de grano acopiado. En 1926-1927 acopiamos, hasta el 1 de abril, 596 millones de puds de grano. De ellos, exportamos 153 millones. En el país quedaron 443 millones de puds de grano acopiado En 1927-1928 acopiamos, hasta el 1 de abril, 576 millones de puds de grano. De ellos, exportamos 27 millones de puds. En el país quedaron 549 millones de puds de grano acopiado.

      Dicho en otros términos: el 1 de abril de este año teníamos acopiados, para cubrir las necesidades del país, 100 millones de puds de grano más que el año pasado y 230 millones de puds más que hace dos años. No obstante, este año tenemos dificultades en el frente cerealista.

      Ya he dicho en uno de mis informes que estas dificultades han sido aprovechadas por los elementos capitalistas del campo, y sobre todo por los kulaks, para hacer fracasar la política económica de los Soviets Sabéis que el Poder Soviético ha tomado una serie de medidas para acabar con los manejos antisoviéticos
de los kulaks. Por eso no voy a extenderme aquí a este particular Lo que me interesa en este caso es otra cuestión. Me refiero a las causas del lento desarrollo de la producción de grano mercantil, al problema de por qué la producción de grano mercantil se desarrolla en nuestro país más lentamente que la demanda de grano, a pesar de que hemos alcanzado ya el nivel de anteguerra en la superficie de siembra y en la producción global de cereales.

      En efecto, ¿acaso no es un hecho que hemos alcanzado ya el nivel de anteguerra en la superficie de siembra? Sí, es un hecho. ¿Acaso no es un hecho que la producción global de cereales había llegado ya el año pasado al nivel de anteguerra, o sea, a 5.000 millones de puds? Sí, es un hecho ¿A qué se debe, entonces, el que, a pesar de estas circunstancias, produzcamos la mitad de grano mercantil y exportemos unas veinte veces
menos cereales que antes de la guerra?

      Se debe, ante todo y sobre todo, a que la estructura de nuestra agricultura ha cambiado a consecuencia de la Revolución de Octubre, se debe a que hemos pasado de la gran hacienda del terrateniente y del kulak, que producía la mayor cantidad de grano mercantil, a la pequeña y mediana hacienda campesina, que produce una cantidad mínima de grano mercantil. Ya el solo hecho de que antes de la guerra existiesen de 15 a 16 millones de haciendas campesinas individuales, mientras que actualmente existen de 24 a 25 millones de haciendas campesinas, indica que la base fundamental de nuestra agricultura es, en el presente, la pequeña hacienda campesina, que produce el mínimo de grano mercantil.

      La fuerza de la gran hacienda agrícola, sea de terratenientes, de kulaks o colectiva, consiste en que permite utilizar máquinas, aplicar los adelantos de la ciencia, emplear abonos, elevar el rendimiento del trabajo y producir, por tanto, la máxima cantidad de grano mercantil. Y, por el contrario, la debilidad de la pequeña hacienda campesina consiste en que se halla privada o casi privada de estas posibilidades, por cuya razón es una hacienda semiconsumidora, poco mercantil.

martes, 14 de febrero de 2012

Escritos de Txabi Etxebarrieta

tomado de Ahaztuak 136-1977 (http://www.ahaztuak1936-1977.blogspot.com/)


ALGUNOS DE SUS ESCRITOS

« Ideología oficial de "Y" (ETA) »


«¿Por qué se desarrolla el Nacionalismo Revolucionario?

El Nacionalismo Revolucionario se desarrolla como necesidad imperiosa del Pueblo Vasco ante la opresión que surge del Imperialismo extranjero español y francés, que se traduce en las enajenaciones que este sistema imperialista trae consigo inevitablemente en la Nación Vasca: estas enajenaciones son principalmente culturales, económicas y políticas. La opresión que sufre el Pueblo Vasco lo conduce a una doble investigación; la primera, sobre la opresión lingüístico-cultural de los estados español y francés, hace tomar al Pueblo Vasco la conciencia de ser una colectividad distinta de la española y de la francesa y, por tanto, la conduce a formular una rotunda afirmación nacional de Euzkadi. La segunda investigación recae sobre la opresión económica que sufre. El Pueblo Trabajador Vasco puede adoptar, frente a esta opresión económica, una ideología de clase o bien una conciencia de clase (...).

¿Cómo se desarrolla el Nacionalismo Revolucionario?

El Nacionalismo Revolucionario se desarrolla a través de una lucha popular. Las formas de lucha empleadas hasta ahora por el Pueblo Vasco corresponden a la índole burguesa con la que se ha desarrollado el nacionalismo vasco. Dada esta circunstancia, nunca pudo pretender otra cosa que una solución burguesa en lo social y reformista en lo nacional (...) El método de acción será un proceso espiral ascendente de acción-represión en los cuatro frentes que componen la lucha revolucionaria de un país oprimido (cultural, político, económico y militar) para la toma del poder vasco por la clase trabajadora vasca».
Extractos del texto aprobado en la V Asamblea (1967)

« Pueblo Trabajador Vasco »

«Desde hace unos años, se está produciendo en la juventud una toma de conciencia más amplia y profunda. Amplios sectores de la sociedad, principalmente la juventud, van descubriendo que el pueblo vasco está oprimido. Es más, se dan cuenta de que las soluciones que se ofrecen no son, en su casi totalidad, soluciones reales y efectivas para el pueblo vasco (...).

Sí. Existen dos dictaduras. Y son dos las naciones oprimidas. Porque si Euzkadi está oprimida por España y Francia, la `nación' obrera está oprimida por la nación burguesa.

De esta forma, el problema de Euzkadi queda planteado en sus dos vertientes reales. Nacional y social.

Queremos ser libres, sí. Pero integralmente libres. No nos interesa la independencia a secas. A Euzkadi no le interesa obtener unas libertades políticas que no signifiquen la libertad de su pueblo. Si necesitamos de un imperio propio, vasco, debe ser un imperio socialista. No un aparato político social al servicio de los intereses de la alta burguesía vasca (...).

A nosotros, ni monarquías, ni repúblicas, ni nada. Todos los que se levanten en España harán lo imposible para que aquí no se levante nada ni nadie (salvo, tal vez, de algunas concesiones estatutistas a la alta burguesía vasca a cambio de su silencio).

¡Estatutos! Sólo puede aceptarlos el pueblo vasco si es en función de algo posterior. Si es una etapa. De otra forma, ¡adiós Euzkadi libre!».

Zutik nº 44 (enero 1967)

« Las dificultades objetivas »

«Hemos de ver con claridad los inconvenientes de nuestra voluntad revolucionaria. Si seguimos actuando habrá `caídas' y miembros de la Organización irán a la cárcel porque la Policía cuenta con enormes medios para combatirnos. No se puede actuar sin riesgo de caída. Las organizaciones que no tienen caídas son como las que no actúan, que es tanto como decir que no existen, ya que una organización es lo que hace. Si no se hace nada, no se cae, pero tampoco se avanza; antes al contrario, se engaña la confianza del pueblo. Por eso, a todo aspirante a militante de ETA se le advierte seriamente de que puede caer, porque de hecho se ve claramente que cada vez serán más díficiles las condiciones de lucha (...).

Somos conscientes de que hombres de la talla y la honradez de Sabino Arana Bilbao, Javier Bareño Ormaechevarría, etcétera, van a seguir cayendo si seguimos actuando; van a seguir siendo acusados de delitos que no han cometido y van a seguir siendo torturados. Lo sabemos. Es el doloroso precio que debemos pagar por nuestra voluntad revolucionaria. Ahora bien, ante el ejemplo de estos hombres encarcelados, perseguidos y torturados, se vienen abajo esos `ultrarrevolucionarios' que viven comodísimamente en sus casas, en plena legalidad y con total impunidad».

Manifiesto de ETA ante el Aberri Eguna de 1968

Entrevista a I. V. Stalin, por H. G. Wells (quinta y última parte)

      Wells: ¿Pero acaso la Gran Revolución francesa no fue encabezada por algunos abogados?

      Stalin: Estoy lejos de querer menoscabar el papel de la inteligencia en movimientos revolucionarios: Pero ¿fue la Gran Revolución francesa una revolución de abogados, o una revolución del pueblo, que logró la victoria movilizando a amplias masas populares para la lucha contra el feudalismo, y defendiendo los intereses del Tercer Estado? ¿Y actuaron los abogados entre los dirigentes de la Gran Revolución francesa de acuerdo a las leyes del viejo orden? ¿No introdujeron un derecho nuevo, burgués-revolucionario? Ricas experiencias históricas enseñan que hasta hoy ninguna clase se ha retirado para hacerle lugar a otra voluntariamente. Esto, en la historia no tiene precedente. Los comunistas han aprendido esta lección histórica. Los comunistas celebrarían que la burguesía se retirase voluntariamente. Pero tal giro de las cosas es, como sabemos por experiencia, improbable. Por eso, los comunistas están prevenidos para lo peor, y se dirigen a la clase obrera con el llamamiento de estar alerta y preparada para la lucha. ¿De qué vale un dirigente que adormece la vigilancia de su ejército, un dirigente que no comprende que el enemigo no va a capitular, que tiene, que tiene que ser destruido? Quien, como dirigente, actúa de tal manera, engaña, traiciona a la clase obrera. Esta es la razón por la cual opino, que aquello que a Ud. la parece atrasado, para la clase obrera es, en realidad, una norma para la actividad revolucionaria.
      Wells: No niego que sea necesario hacer uso de la violencia, pero sí es mi opinión, que las formas de lucha deberían ser concertadas como mejor se pueda, con las posibilidades que ofrecen las leyes existentes dignas de ser defendidas contra ataques reaccionarios. No hay ninguna necesidad de desorganizar el sistema viejo, ya que éste, tal como están las cosas, se va desorganizando por sí solo. Por eso, la sublevación contra el orden viejo, contra la ley, me parece anticuada y superada por el desarrollo. Estoy, dicho sea de paso, exagerando conscientemente, para que la verdad se haga visible de modo más claro. Puedo formular mi punto de vista de la siguiente manera: primero, estoy a favor del orden; segundo, ataco al sistema existente en tanto que no puede garantizar el orden; tercero, temo que la propaganda a favor de la guerra de clases vaya a alejar del socialismo justamente a aquellas personas cultas, que el socialismo necesita.

      Stalin: Si se quiere lograr un gran objetivo, un objetivo social importante, se precisa una fuerza central, un baluarte, una clase revolucionaria. Como próximo paso, es necesario organizar el apoyo de esta fuerza central por parte de fuerzas auxiliares; en este caso, dicha fuerza auxiliar es el Partido, al cual están afiliadas también las mejores fuerzas de la inteligencia. Ud. acaba de hablar de "personas cultas". Pero ¿en qué personas cultas pensaba? En Inglaterra durante el siglo XVII, en Francia a fines del siglo XVIII, y en Rusia durante la época de la Revolución de Octubre, ¿no estaban muchas personas del lado del viejo orden? El viejo orden tenía a su servicio a muchas personas sumamente cultas, que defendían el viejo orden, que combatían el nuevo orden. La cultura es un arma, cuyo efecto depende de qué mano la haya forjado, qué mano la dirija. Por supuesto, el proletariado necesita personas sumamente cultas. Ciertamente; los ingenuos no pueden ser de ninguna ayuda para el proletariado en su lucha por el socialismo, en la edificación de una nueva sociedad. No subestimo el rol de la inteligencia; al contrario, lo subrayo. Pero la pregunta es la siguiente: ¿de qué inteligencia estamos hablando? Porque hay diferentes tipos de inteligencia.

      Wells: No puede haber revolución sin cambios radicales en la instrucción pública. Basta citar dos ejemplos: el ejemplo de la República alemana, que no tocó el viejo sistema educacional, y que por eso nunca se convirtió en República; y el ejemplo del Labour Party inglés, que no tiene la intención de insistir en una transformación radical de la instrucción pública.

      Stalin: Muy acertado. Permítame ahora responder a sus tres puntos. Primero: Lo más importante para la revolución es la existencia de un baluarte social. Tal baluarte social es la clase obrera. Segundo: se precisa de una fuerza auxiliar, aquello, que los comunistas llaman Partido. Al Partido está afiliada la inteligencia obrera, y aquellos elementos de la inteligencia técnica que están estrechamente ligados a la clase obrera. La inteligencia es fuerte solamente, si se une con la clase obrera. Si se contrapone a la clase obrera, se convierte en una simple cifra. El nuevo poder político crea las nuevas leyes, el nuevo orden, el cual es un orden revolucionario. Yo no estoy a favor del orden sin más ni más. Yo estoy a favor de un orden que corresponda a los intereses de la clase obrera. Por supuesto, si algunas leyes del viejo orden pueden ser utilizadas en interés de la lucha por un orden nuevo, esto debería de hacerse. No tengo objeciones contra su postulación de que el sistema actual debería ser atacado, en tanto que no puede garantizar el orden necesario para el pueblo. Y, finalmente, está equivocado si cree que los comunistas están enamorados de la violencia. Con todo gusto renunciarían a la aplicación de violencia, si la clase dominante estuviera dispuesta a cederle su lugar a la clase obrera. Pero la experiencia histórica indica lo contrario de tal suposición.

      Wells: Aunque también es cierto, que la historia de Inglaterra conoce un caso, en que una clase le dejara el poder a otra clase voluntariamente. En el periodo entre 1830 y 1870, la aristocracia, que en las postrimerías del siglo XVIII tuvo aún una influencia considerable, voluntariamente, sin lucha seria, le cedió el poder a la burguesía, lo cual fue una de las causas para el sentimental mantenimiento de la monarquía. En lo sucesivo, esta transferencia del poder condujo a que erigiera su dominio la oligarquía financiera.

      Stalin: Pero Ud. se ha pasado imperceptiblemente de cuestiones de la revolución a cuestiones de la reforma. Eso no es lo mismo. ¿No opina que el movimiento cartista tuvo gran significado para las reformas en la Inglaterra del siglo XIX?

      Wells: Los cartistas poco hicieron, y desaparecieron sin dejar huellas.

      Stalin: No comparto su opinión. Los cartistas, y el movimiento huelguístico organizado por ellos, tuvieron un papel importante; obligaron a las clases dominantes a una serie de concesiones con respecto al derecho de sufragio, con respecto a la abolición de los llamados "distritos electorales corrompidos", con respecto a algunos puntos de la "Carta". El cartismo jugó un rol histórico de no poca importancia y obligó a una parte de las clases dominantes, a menos que hubiese querido tolerar continuas conmociones, a hacer ciertas concesiones, ciertas reformas.

      En general cabe decir que las clases dominantes de Inglaterra, tanto la aristocracia como la burguesía, se han mostrado desde el punto de vista de sus intereses de clase, del punto de vista del afianzamiento de su poder, ser las más hábiles, las más flexibles en comparación con todas las otras clases dominantes. Tome, digamos, un ejemplo de la historia de nuestros días -la huelga general en Inglaterra, en el año 1926. En caso de semejante acontecimiento, a saber, que el Consejo general de los sindicatos dé la orden de huelga, cualquier otra burguesía hubiese, en primer lugar, hecho detener a los dirigentes sindicales. No así la burguesía británica, que con ello actuó de manera absolutamente inteligente, desde el punto de vista de sus propios intereses. No me imagino que la burguesía de los Estados Unidos, de Alemania o de Francia hubiese aplicado una estrategia tan flexible. Para mantener su dominio, las clases dominantes de Gran Bretaña no han rehusado nunca hacer pequeñas concesiones, o reformas. Pero sería un error tomar estas reformas por revolucionarias.

      Wells: Ud. Tiene una opinión más favorable de las clases dominantes de mi país que yo. Pero ¿existe gran diferencia entre una pequeña revolución y una gran reforma? ¿Acaso una reforma no es una pequeña revolución?

      Stalin: A consecuencia de la presión desde abajo, de la presión de las masas, la burguesía puede, manteniendo el sistema socio-económico reinante, ocasionalmente conceder determinadas reformas parciales. Al actuar así, calcula que esas concesiones son necesarias para mantener su dominio de clase. Es pues, por este motivo, imposible caracterizar una reforma como revolución. Por ello, no hemos de esperar ningún cambio del sistema social que se realice como imperceptible transición de un sistema a otro, por vía de reformas, a través de concesiones de la clase dominante.

      Wells: Le agradezco mucho por esta conversación, que para mí ha tenido una gran importancia. Cuando me estuvo explicando diversos puntos, posiblemente haya recordado el pasado, cuando en los círculos ilegales antes de la revolución, solía explicar los fundamentos del socialismo. Hay actualmente sólo dos personas sobre la tierra, cuya opinión, cuya más mínima declaración es escuchada todavía por millones -de Ud. y Roosevelt. Otros, que prediquen cuanto quieran; lo que digan no será impreso ni tenido en cuenta. Aún no puedo apreciar, cuánto ha sido logrado en su país. Pero he visto ya las caras contentas de hombres y mujeres sanos, y sé, que algo muy significativo se está realizando aquí. La diferencia, en comparación con 1920, es asombrosa.

      Stalin: Mucho más se hubiera podido conseguir, si los bolcheviques hubiésemos sido más inteligentes.

      Wells: No, si los seres humanos fuésemos más inteligentes. Sería una buena cosa inventar un plan quinquenal para la reconstrucción del cerebro humano, pues obviamente le faltan muchas cosas imprescindibles para un orden social perfecto.

      Stalin: ¿Piensa quedarse aquí para el Congreso de la Unión de Escritores Soviéticos?

      Wells: Desafortunadamente tengo varios compromisos, y me puedo quedar sólo por una semana en la URSS. Vine con el deseo de hablar con Ud. y estoy muy contento con nuestra charla. Pero, con los escritores, con los que pueda encontrarme, pienso hablar de la posibilidad de sus afiliación al PEN-Club. Es ésta una organización internacional de escritores, que fue fundada por Galsworthy; después de morir él, yo me convertí en su presidente. La organización es aún débil, pero tiene grupos de afiliados en muchos países, y, lo cual es aún más importante, la prensa informa muy detalladamente acerca de los discursos de sus miembros. Su principio es la libre manifestación de opiniones -también de opiniones contrarias. Espero poder discutir este punto con Gorki. No sé, si aquí ya se está preparado para tanta libertad...

      Stalin: Los bolcheviques llamamos a eso "autocrítica". Se acostumbra en toda la URSS. Si Ud. deseara alguna cosa, yo le podría ayudar con voluntarios.

      Wells: Le estoy muy agradecido.

      Stalin: Yo le agradezco por la entrevista.

Bolchevik, número 17 (1934)