sábado, 3 de diciembre de 2011

La sublevación de Cronstadt (segunda parte)

La sublevación de Cronstadt

      (segunda parte)
      V. Chernov, dirigente de los eseristas, propuso a los facciosos ayuda en hombres y su mediación ante las potencias extranjeras para asegurar víveres a los insurrectos. El contrarrevolucionario Centro administrativo en la emigración recibió de C. Bajmetiev, ex embajador del zar en los Estados Unidos 25.000 dólares y los envió a Cronstadt. Además, el Centro administrativo mandó desde París 50.000 francos y estableció contacto con los banqueros e industriales rusos que se hallaban en París para organizar suministros de víveres a los sublevados.
      Al propio tiempo los mencheviques, eseristas, anarquistas y el grupo ilegal de los Apoderados de la asamblea de representantes de las fábricas de Petrogrado hacían propaganda entre los obreros de la ciudad en favor de los rebeldes.
      Cuando los sublevados rechazaron todos los intentos de llegar a un arreglo en el conflicto, el 5 de marzo, el Consejo Militar Revolucionario de la República les comunicó la orden de entregar las armas en 24 horas. El plazo fue luego prolongado por otras 24 horas. Los facciosos no cumplieron la orden. Entonces, el Ejército Rojo, al mando de M. Tujachevski, abrió las hostilidades.
      Los sublevados contaban con destacamentos de marinos bien armados, una fortaleza naval de primer orden y potente artillería. Se acordó emprender el asalto a la fortaleza con ayuda de unidades de tierra desde el hielo que rodeaba los fuertes.
      El primer ataque emprendido en la noche del 7 al 8 de marzo, no tuvo éxito. Participaron en el asalto decisivo 300 delegados al X Congreso del Partido bolchevique, que se integraron en las unidades del 7º Ejército y desplegaron una enérgica labor política entre la tropa y los Estados Mayores.
      El 15 de marzo, M. Tujachevshki, jefe del ejército, dio la orden de comenzar el asalto a Cronstadt, y en la noche del 16 al 17 de marzo, después de una poderosa preparación de artillería, las unidades del Ejército Rojo avanzaron por el hielo para el asalto.
      A las seis de la mañana, los combatientes irrumpieron en la fortaleza y la ciudad. Los comunistas que quedaban en los acorazados Petropavlovsk y Sebastopol, unidos a la parte consciente de los marinos prendieron a los del Comité faccioso y a los oficiales y entregaron los buques a las tropas que avanzaban.
      Hacia la mañana del 18 de marzo, la ciudad y la fortaleza estaban completamente libres de sublevados, y los cabecillas del Comité revolucionario, lo mismo que los oficiales blancos habían huido a Finlandia.
      Los comunistas presos por los insurrectos, entre ellos N. Kuzmin, comisario de la Flota del Báltico y P. Vasiliev, presidente del Soviet de Cronstadt, fueron puestos en libertad. En la ciudad y la fortaleza volvió a instaurarse el orden revolucionario.
      Tuvieron lugar varios procesos instruidos contra los participantes en la sublevación.
      En noviembre de 1921, el Gobierno de los Soviets, en conmemoración del IV aniversario de la Revolución Socialista de Octubre, liberó de todo castigo a los obreros y campesinos arrastrados a la sublevación con ayuda del engaño o la fuerza o por su poca conciencia. Al cabo de un año el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia promulgó la segunda amnistía, que se extendió a todos los participantes de filas en la insurrección. A los que habían huido al extranjero se les concedió la posibilidad de regresar.
      Tan sólo los cabecillas de los facciosos se quedaron en la emigración y formaron un grupo de conspiradores mercenarios que ofrecían sus servicios a los medios reaccionarios de la emigración.
      Lenin calificó la sublevación de Cronstadt como una expresión de los elementos anárquicos pequeñoburgueses. El 8 de marzo de 1921, en el X Congreso del Partido bolchevique decía:
      ¿Cuál es su significado? El paso del poder político de manos de los bolcheviques a un indefinido conglomerado o bloque de elementos heterogéneos, aparentemente sólo algo más derechistas y hasta tal vez 'más izquierdistas' que los bolcheviques: así es de impreciso el conjunto de grupos políticos que ha intentado
en Cronstadt tomar el poder.
      Es indudable que, al mismo tiempo, los generales blancos (ustedes lo saben) han desempeñado en ello un importante papel. Está plenamente demostrado. Dos semanas antes de los sucesos de Cronstadt se informaba ya en los periódicos de París que en Cronstadt había estallado un levantamiento.
      Es claro como la luz del día que esos sucesos son obra de los eseristas y de los guardias blancos emigrados; pero, al mismo tiempo, este movimiento se ha reducido a una contrarrevolución pequeñoburguesa, a un movimiento del elemento anarquista pequeño burgués... En este caso se ha manifestado el elemento anarquista, pequeñoburgués, con la consigna de libertad de comercio y dirigido siempre contra la dictadura del proletariado... Por pequeño e insignificante que pudiera parecer al principio este, llamémoslo así, desplazamiento del poder que reclamaban los marinos y los obreros de Cronstadt -ellos querían corregir a los bolcheviques en materia de libertad de comercio; aunque aparentemente se trate de un desplazamiento de poca monta, aunque aparentemente la consigna sea la misma de 'poder soviético', sólo que con un ligero cambio o corrigiendo un poco ese mismo poder-, la realidad es que los elementos sin partido han servido sólo de estribo, de escalón, de puente por el que luego aparecieron en escena los guardias blancos [...]
      Lo más característico de los acontecimientos de Cronstadt lo constituyen precisamente las vacilaciones del elemento pequeñoburgués. Algo completamente formado, claro, definido había muy poco. Nebulosas consignas de 'libertad', de 'libertad de comercio', de 'emancipación' de 'Soviets sin bolcheviques' o nuevas
elecciones a los Soviets, o liberación de 1a 'dictadura del partido', etc., etc.
      Tanto los mencheviques como los eseristas declaran el movimiento de Cronstadt como 'suyo'... Todos los elementos de los guardias blancos se movilizan instantáneamente 'en favor de Cronstadt', con una rapidez, puede decirse, radiotelegráfica... Los grandes bancos, todas las fuerzas del capital financiero abren suscripciones en ayuda a Cronstadt. El inteligente dirigente de la burguesía y de los terratenientes, el demócrata constitucionalista Miliukov explica pacientemente... que no hay por qué apresurarse con la Constituyente, que se puede y debe manifestarse a favor del poder soviético, pero sin bolcheviques [...]
      Miliukov tiene razón si se le compara con los Chernov y Martov, ya que revela la verdadera táctica de la verdadera fuerza de los guardias blancos, de la fuerza de los capitalistas y terratenientes: ¡Apoyemos a cualquiera, incluso a los anarquistas, a cualquier Poder soviético, con tal de derrocar a los bolcheviques, con tal de desplazarlos del poder! Lo mismo da que se los desplace hacia la 'dictadura del partido', etc., etc. Tanto los mencheviques como hacia los anarquistas, con tal de que los bolcheviques se queden fuera del poder; del resto nos encargaremos 'nosotros mismos', los Miliukov, 'nosotros', los capitalistas y terratenientes, echando a guantadas a los anarquistoides, a los Chernov y Martov.
      No obstante, este levantamiento permitió a los bolcheviques comprender que las masas estaban agotadas por el comunismo de guerra, que era necesaria una tregua y cambiar la política económica. Cronstadt sirvió para acelerar el paso a la Nueva Política Económica y mejorar las condiciones de vida de los obreros y campesinos.
      Además, después de Cronstadt tanto la revolución como la contrarrevolución comprendieron el enorme aprecio de las masas hacia las consignas que se habían impuesto en Octubre, especialmente el arraigo que ya para entonces habían adquirido los soviets. Si la contrarrevolución quería triunfar debía apropiárselas, como hizo en el levantamiento de Cronstadt, para engañar a las masas.
      Las fronteras entre las clases, que habían estado tan delimitadas, empezaron a borrarse. La reacción aprendió a hablar un lenguaje con el que podían embaucar a los obreros aprovechándose de las dificultades de la construcción del socialismo.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La sublevación de Cronstadt (primera parte)

La sublevación de Cronstadt

      (primera parte)
      Fue un levantamiento insurreccional pequeño-burgués contra el poder soviético en 1921 que aprovechó el cansancio y un amplio descontento popular a causa de la guerra civil y el comunismo de guerra.
      En febrero de 1921 había comenzado en Petrogrado una efervescencia que degeneró en huelga en algunas empresas de la antigua capital. En una medida considerable el movimiento lo promovieron los dirigentes de los partidos socialistas, principalmente los mencheviques, que aprovecharon el malestar de los obreros, que padecían las consecuencias de la escasez de víveres y el desbarajuste económico.
      En las asambleas fabriles, los mencheviques reclamaban la eliminación de los destacamentos encargados de combatir la especulación, exigían el comercio libre, la distribución igual de productos para todos, libertades democráticas y nuevas elecciones a los Soviets.
      Los rumores acerca del malestar entre los obreros de las fábricas de Petrogrado llegaron a oídos de los marinos de la base naval de Cronstadt, entre los que había muchos campesinos que habían llegado a la Marina para sustituir a los marinos revolucionarios experimentados.
      El 25 de febrero, en el acorazado Sebastopol se reunió una asamblea de la tripulación, que acordó enviar una delegación a Petrogrado para conocer las causas de la agitación en las fábricas. Idéntico acuerdo adoptó la tripulación del acorazado Petropavlovsk. Los delegados de los marinos escucharon en Petrogrado a los propagandistas de los partidos socialistas y, de regreso a Cronstadt, presentaron sus informes a las asambleas de marinos sobre los resultados del viaje.
      Instigados por los elementos antisoviéticos, los marinos del Petropávlovsk y, luego, los del Sebastopol adoptaron una resolución que repetía las reivindicaciones mencheviques y eseristas.
      El 1 de marzo, los capitostes del movimiento que se iniciaba convocaron a los marinos de la base naval de Cronstadt y las unidades marinas que se hallaban en Petrogrado a la plaza de la Revolución, a un mitin de marinos sin partido.
      Los imaginarios sin partido que hablaron en el mitin exhortaban con exclamaciones demagógicas a la multitud a la insurrección. El mitin adoptó una resolución que sirvió de plataforma a la sublevación de Cronstadt. Se exigía en ella nuevas elecciones a los Soviets, la libertad de palabra y de prensa para los partidos pequeñoburgueses, la libertad para los presos condenados por actuación antisoviética, la supresión de las secciones políticas y de los destacamentos comunistas, el pleno derecho a los campesinos para disponer de la tierra como se les antoje, el permiso de la producción artesana libre, etc.
      Eran reivindicaciones típicas de la contrarrevolución pequeñoburguesa. Sólo algunas de ellas (como por ejemplo, la de comercio libre y la del derecho de disponer libremente de la hacienda individual) reflejaban los intereses económicos de las masas campesinas pequeñoburguesas, mientras que las reivindicaciones
políticas las imponían a dichas masas los mencheviques, los eseristas y los anarquistas, que se habían unido a los guardias blancos.
      El 2 de marzo, a propuesta de las autoridades soviéticas locales, deseosas de llegar a un arreglo del conflicto, se celebró una conferencia de delegados de las tripulaciones de los buques y empresas de Cronstadt para discutir la exigencia planteada en la asamblea de convocar nuevas elecciones al Soviet.
      En el momento de la conferencia, alguien hizo circular el rumor de que un destacamento de dos mil hombres avanzaba para encarcelar a los reunidos. Entonces los delegados detuvieron en el acto a N. Kuzmin, comisario de la Flota del Báltico, y a P. Vasíliev, presidente del Soviet, y acordaron formar un comité dirigente del movimiento.
      El Comité, integrado por cinco personas, con fines de protección, se dirigió al acorazado Petropavlovsk, que pasó a ser el Estado Mayor de la sublevación. El mismo día, por disposición del Comité, los marinos ocuparon la imprenta, las instituciones, los Estados Mayores y otros puntos importantes de la ciudad.
      El 3 de marzo se celebró una reunión del Comité, en la que participaron el general Kozlovski, jefe de la artillería de Cronstadt, adherido a la sublevación, y algunos oficiales que, en lo sucesivo, formaron el Estado Mayor de la defensa de los insurrectos.
      Kozlovski propuso que se comenzara la ofensiva sobre los poblados inmediatos, se estableciera contacto con Finlandia y se iniciaran operaciones ofensivas contra el Poder de los Soviets, valiéndose de la potencia de la fortaleza y el carácter súbito del ataque.
      El 4 de marzo, en una reunión de delegados de las unidades y buques fue elegido el Comité revolucionario provisional de Cronstadt, integrado por 15 marinos sin partido, con S. Petrichenko al frente. Entre los miembros del Comité había dos propietarios de casas y un ex agente secreto. Algunos marinos sin partido eran mencheviques y eseristas. Desempeñaron un gran papel en la sedición el eserista maximalista A. Lamanov y el ex sacerdote Putilin (el padre Sergio), que había servido antes en la catedral de Cronstadt. Redactaban un diario, Noticias del comité revolucionario provisional y sus escritos tenían un confuso
carácter pequeñoburgués y estaban saturados de odio contra los bolcheviques y el poder de los Soviets.
      Así, en un mismo ovillo antisoviético se entrelazaron mencheviques, eseristas, anarquistas, un sacerdote, un ex policía y otros contrarrevolucionarios.
      A los primeros disparos llegó a Cronstadt, procedente del extranjero, el ex jefe del acorazado Sebastopol, Vilken que había huido de la revolución. Propuso como ayuda al Comité revolucionario 800 oficiales armados y permaneció en la ciudad durante la sedición como representante de la sección rusa de la Cruz Roja norteamericana en Finlandia.
      Apoyó también la insurrección P. Miliukov, dirigente de los democonstitucionalistas, el partido burgués. En Últimas Noticias, el diario de los emigrados, calificó de la siguiente manera a los de Cronstadt:
      El programa puede expresarse en una breve consigna: ¡Abajo los bolcheviques, vivan los Soviets! Lo más probable es que ¡Vivan los Soviets! signifique en el presente que el poder debe pasar de los bolcheviques a los socialistas moderados, los cuales obtendrán la mayoría en los Soviets.
      Miliukov formulaba así la consigna fundamental de los facciosos de Cronstadt -Soviets sin bolcheviques-
y la aceptaba confiando, no sin fundamento, en que en lo sucesivo el poder pasaría a manos de la burguesía.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Biografía del soviético Sergei Kirov

Sergio Kirov (1886-1934)

     Su nombre real era Sergio Mironovitch Kostrikov y nació el 27 de marzo de 1886 en el seno de una familia pobre en Urzhum, una pequeña ciudad cerca de los montes Urales. Tanto su padre como su madre eran sirvientes domésticos en las mansiones de los ricos.
     Su padre abandonó el hogar cuando Sergio era muy pequeño, y quedó al cuidado de su madre y hermana mayor, pero su madre falleció poco después, en 1893, por lo que fue su abuela quien tuvo que ocuparse de sus hermanas Ana y Elisabeta mientras que el niño fue ingresado en un orfanato en el que pasó los ocho años siguientes de su vida.
     Gracias a su alicación en el estudio, en 1901 el zemstvo, una especie de asamblea municipal, le proporcionó una beca para que Sergio ingresara en el instituto inferior de mecánica técnica en Kazan.
      Los años de estudio en Kazan fueron muy duros para el joven, alejado de su familia y viviendo en una extrema pobreza que le hizo caer enfermo varias veces.
      Todo ello no le impidió lograr a los 18 años su objetivo de obtener el título de mecánico, muy cotizado entre los trabajadores, lo que le aseguraba encontrar trabajo en las mejores fábricas de Rusia. Además, salió entre los diez primeros de una promoción de 300 estudiantes.
      Era 1904, la víspera de la  Revolución y el joven Sergio ya se interesaba por la situación del proletariado y se sintió atraído por el marxismo.
      De Kazan el joven Sergio se traslada a Tomsk con la intención de estudiar ingeniería. Comienza el curso preparatorio del instituto tecnológico, especial para los alumnos que poseyendo un título inferior no hubieran cursado estudios.
      Pero a finales de 1904 ingresa en el POSDR y durante la Revolución de 1905 participa en las manifestaciones, siendo detenido por primera vez en el mes de febrero. Luego fue detenido varias veces más durante aquel año revolucionario, acusado de propaganda ilegal.
      Periodista en el Cáucaso
      En 1909 ayuda a varios detenidos a fugarse de la cárcel de Tomsk. Uno de ellos era I.F.Srebrenikov, secretario de zemstvo de Vladikavkaz, que le entrega documentación falsa para huir de Tomsk e instalarse en el Cáucaso, donde también le encuentra un trabajo como redactor de un diario liberal local, el Terek, nombre del rio que atraviesa la ciudad.
      Es el comienzo de una larga vinculación con el Cáucaso, el sur del sur, que le proporciona hasta el nombre supuesto con el que será conocido en el futuro: Kirov. Entre 1909 y 1917 publicará en aquel periódico más de 1.500 artículos, comentarios, notas y editoriales bajo los apodos más diversos. El 26 de abril firma como S.Kirov un artículo sobre el fusilamiento de los obreros en huelga del Lena. No obstante, se especializa en crítica literaria: Tolstoi, Belinski, Herzen, Andreiev, Gorki, Dostoievski,...
      En agosto de 1911 fue detenido otra vez durante varios meses acusado de realizar agitación entre los obreros de las fábricas. Al salir, retorna a su trabajo periodístico en Terek, desde el que sigue realizando tareas de denuncia y agitación.
      Tras la Revolución de 1917 lucha por la extensión de la revolución al Cáucaso y es el delegado bolchevique por la Transcaucasia al II Congreso panruso de los soviets. En 1918 viaja a Moscú para conseguir armas con las que aplastar a la contrarrevolución que, en medio de la guerra civil, se había hecho fuerte en el Cáucaso.
      En enero de 1919 dirigía el destacamento del Ejército Rojo que combatía a los blancos en Astrakán. Allí fue cuando demostró sus extraordinarias dotes de organizador. También fue allí cuando se iniciaron sus primeros conflictos con Trotski que pretendía designar a Vassilenko al frente del Ejército Rojo.
      El 27 de noviembre envió dos telegramas a Lenin, con copias para Trotski, en el que decía:
      Butiaguin, miembro del Consejo Militar del XI Ejército se desenvuelve brillantemente desde hace tres meses en sus funciones de comandante en jefe del XI Ejército. Tengo que reconocer que durante este periodo, el XI Ejército se ha reforzado considerablemente. La situación en el frente ha mejorado: ahora la disciplina está a la altura, la intendencia también. Butiaguin ha dado prueba de cualidades excepcionales: energía, sentido de la organización, previsión... Desgraciadamente, me parece que el trabajo de Butiaguin no se aprecia en su alto valor porque se acaba de nombrar en su lugar a Vassilenko. En mi opinión, este cambio no solamente no es de recibo sino que constituye una apuesta arriesgada.
      El otro telegrama, en la misma línea, estaba firmado también por Smilga y Babkin. A pesar de ello, Trotski no rectificó y mantuvo a su protegido.
      La organización bolchevique en Astrakán tenía una enorme importancia porque actuaba como enlace con Moscú de la organización del Cáucaso del norte, dirigida por Odjonikidze, Majaradze y Kalmukov. Entonces había una corriente entre los bolcheviques partidaria de crear organizaciones comunistas de base nacional.
Ni Kirov ni Mikoian compartían ese criterio, aceptándose su criterio de crear organizaciones sobre una base internacional y única para todo el Cáucaso.
      En diciembre de 1919 el Ejército Rojo pasó a la ofensiva en el Cáucaso y la dirección creó un Comité para la reorganización de los soviets en la región bajo la dirección de Ordjonikidze y Kirov. El 30 de marzo de 1920 liberaron Vladikavkaz y comenzaron a hacer preparativos para atacar la Transcaucasia.
      En Georgia los imperialistas habían aupado a los mencheviques al poder; en Azerbaián eran los musavatistas, en Armenia los dachnaks.
      Los bolcheviques organizaron una insurrección en Bakú el 27 de abril de 1920, donde eran fuertes entre los obreros de los pozos petrolíferos. Lograron apoderarse de algunos puntos vitales de la ciudad, pero su situación se tornó crítica. Hicieron un llamamiento al Ejército Rojo para que acudiera en su ayuda, con lo que se pudo liberar a la ciudad y poco después todo Azerbaián.
      A la cabeza de la organización regional bolchevique en Azerbaián estaba Kirov, que también había sido nombrado poco antes embajador de Rusia en Georgia, cargo que ocupó hasta que este país desapareció como república independiente, integrándose en la Unión Soviética. También desempeñó por aquellas fechas labores diplomáticas en la delegación soviética que intervino en las negociaciones de Riga con Polonia.
      A comienzos de mayo de 1920 el gobierno menchevique georgiano que dirigía Noé Jordania concluyó un acuerdo con los bolcheviques por el cual se comprometía a limpiar el país de las bandas contrarrevolucionarias que se se habían asentado en su país tras su derrota en la guerra civil y a permitir la actividad de los bolcheviques georgianos. No cumplió sus promesas, por lo que en su condición de embajador, Kirov dirigió varios mensajes de protesta al Ministro de Asuntos Exteriores georgiano. La tensión entre ambos países creció. Tras el acuerdo el Ejército Rojo había reducido su presencia en la fronteras, mientras el georgiano seguía en sus posiciones.
      En 1920 fue nombrado miembro del Comité Central del Partido bolchevique. En noviembre de aquel año regresó al Cáucaso desde Riga para participar en el Congreso de los pueblos de la región de Terek.
      En febrero de 1921 una insurrección desalojó a los mencheviques de Georgia y, como tituló Pravda, la bandera proletaria ondeó en Tiflis. El Cáucaso estaba en manos del proletariado y los campesinos pobres.
      De Tiflis Kirov fue a Moscú para participar en el X Congreso del Partido bolchevique como delegado de la organización regional del Terek. Pero cuando en 1921 la situación en Azerbaián se deterioró, tuvo que regresar a Bakú para reorganizar la industria petrolífera que apenas alcanzaba entonces un tercio del nivel de preguerra.
      Otro problema importante eran las complejas relaciones interétnicas en Azerbaián, que alcanzaban a la propia organización bolchevique. Para resolver este problema el Partido decidió crear una Federación transcaucásica que reuniera a Armenia, Georgia y Azerbaián, lo que no fue aceptado por algunos dirigentes locales, el más conocido de los cuales es Mdivani.
      Lenin apoyaba esa decisión pero se mostró en desacuerdo con la manera de llevarla a cabo, y esa fue justamente la posición de Kirov que, también entonces, demostró un extraordinario tacto en el manejo de una situación muy complicada.
      Lo mismo cabe decir de la cuestión del Alto Karabaj, discutida en 4 de julio de 1921 en la organización caucásica del Partido bolchevique, en la que se manifestaron dos posiciones: la de la integración en Azerbaián o en Armenia, que era la propuesta de Ordjonikidze y Kirov. Se decidió someterlo a referéndum, lo que no resolvió el problema porque a la hora de decidir quién tenía derecho a votar, mientras Ordjonikidze y Kirov opinaban que debían votar sólo los armenios, el resto eran partidarios de que voara toda la población del Alto Karabaj. Después de muchas discusiones, acordaron por una mayoría muy pequeña incorporar el Alto Karabaj a Armenia, si bien con una amplia autnomía. Pero el problema no acabó aquí porque luego hubo que delimitar las fronteras, lo
que tampoco resultaba sencillo.
      Que los problemas del Cáucaso no eran sencillos de resolver se volvió a demostrar al año siguiente cuando se reprodujeron las disputas, esta vez con los kalmucos. En todos esos problemas Kirov dio muestras de gran tacto, de saber abordar con sensatez problemas de una extraordinaria complejidad sin alterar susceptibilidades a flor de piel.
      El avispero de Leningrado
      En enero de 1926 asumió la dirección del Partido en Leningrado en unas circunstancias también muy delicadas, justo en el momento en el que Zinoviev, el anterior responsable de la mayor organización local bolchevique, la cuna de la revolución, había sido expulsado de la dirección.
      Pero Zinoviev había creado toda una plataforma propia dentro de la organización local, que es lo que le permitió poder presentar ante el XIV Congreso del Partido en diciembre de 1925, todo un contrainforme paralelo al de  Stalin, lo cual es ciertamente insólito en la historia del movimiento comunista internacional.
      En una carta a su mujer Kirov reconoce que no quería ir a Leningrado a causa de la lucha encarnizada como no conocíamos desde hacía mucho tiempo que allí se había desatado dentro del Partido bolchevique. En otra carta, Kirov le comenta a su mujer que Leningrado es un nudo terrible de intrigas múltiples, califica la situación creada por la oposición trotskista-zinovievista como espantosa y le confiesa que no tiene ganas de ir allí para arreglar todos esos asuntos: He hecho todo lo posible para escabullirme, pero ha sido en vano.
      Como había demostrado en el Cáucaso, era de los pocos bolcheviques capacitados para superar aquella situación. Para convencerle le dicen que sólo va a ser un periodo no muy largo de tiempo. Le acompañan toda una delegación de altos responsables (Voroshilov, Molotov, Bujarin, Andreiev, entre otros) que nada
más llegar tienen que ponerse a la tarea sin ninguna dilación en aquel avispero: La situación aquí es terrible (escribe Kirov a su mujer) desesperada, jamás había visto una cosa así. La primera decisión fue la de prohibir toda discusión acerca de las resoluciones del Congreso recién finalizado. Había que acabar con las provocaciones, el debate permanente y la parálisis en que la oposición quería sumir al Partido.
      No hubo ninguna clase de burocracia,ni de órdenes desde arriba sino un trabajo paciente, abierto y persuasivo desde la misma base, desde las fábricas y los barrios porque el aplastamiento de la oposición no era algo que concernía sólo al Partido sino al futuro mismo de la revolución. En el coche corro de una reunión a otra, escribe Kirov a su mujer. En 15 días él y los demás miembros de la delegación intervinieron en más de 400 reuniones explicativas de dichas resoluciones, exigiendo que se cumplieran. También se organizaron asambleas en las fábricas más importantes de Leningrado a fin de explicar a los obreros directamente la áspera lucha
contra los trotskistas-zinovievistas y el avance que eso suponía en la consolidación de la línea leninista del Partido.
      El 16 de enero, Kirov telegrafía al centro en Moscú con buenas noticias: la situación comienza a dar un giro y en las fábricas más importantes los obreros se posicionan a  favor de la línea leninista y de la nueva dirección. También en las organizaciones de los barrios de Leningrado las votaciones demuestran un decantamiento progresivo contra los liquidacionistas.
      La gran fábrica Putilov fue la última en posicionarse contra el trotskismo, pero al fin, después de muchas asambleas y largas explicaciones, también se logró: el 20 de enero en una asamblea los obreros votaron favorablemente el informe del Comité Central contra la peste trotskista-zinovievista.
      Luego se convocan conferencias locales del Partido, reuniones de las comisiones del Partido y plenos de todas y cada una de las células. Los que a pesar de todo no aceptaron las decisiones fueron expulsados del Partido sin contemplaciones y se eligieron democráticamente nuevos cargos.
      Kirov fue elegido nuevo dirigente de la organización del Partido en Leningrado pero, como escribió en una carta a Ordjonikidze: Estoy desolado, se preparan nuevas intrigas.
     No puede escapar de allí en poco tiempo, como había previsto. Stalin en persona tiene que acudir a Leningrado en abril de 1926 para reforzar las posiciones de Kirov y de la mayoría del Partido.
     Su clamoroso triunfo en Leningrado le otorga un puesto en el Buró Político en julio de aquel año. Pero la oposición no se resigna y en el otoño Zinoviev une sus fuerzas a Trotski, su feroz enemigo de antaño, para plantear un frente único y sin principios de la oposición.
     Vuelven a organizar reuniones en las células de las fábricas de Leningrado. En Putilov Zinoviev habla a los obreros y Kirov interviene después pero mientras que al primero le interrumpen y le abuchean, Kirov es escuchado en un silencio respetuoso, seguido de una salva de aplausos al final.
     Para impedir sus manejos, tuvieron que prohibir la estancia de Zinoviev y Kamenev en Leningrado.
     Aunque Kirov siempre mantuvo buenas relaciones personales con Bujarin, con quien se carteaba, criticó sus posiciones derechistas. Siempre que viajaba a Leningrado, Bujarin pernoctaba en casa de Kirov. Muy localizada en Moscú, esta desviación no afectó tanto a Leningrado como la trotskista zinovievista.
     Kirov era uno de los dirigentes bolcheviques más apreciados por el pueblo soviético y amigo personal de
Stalin. No obstante, después de la batalla que dirigió contra la oposición trotskista-zinovievista en Leningrado, recibía frecuentes amenazas. Esas amenazas se materializaron el 1 de diciembre de 1934 con un disparo por la espalda.
      En su Informe secreto al XX Congreso del PCUS celebrado en 1956, el revisionista Jruschov lanzó la falsa acusación de que Stalin (una vez más) era el responsable último del asesinato de Kirov.
      Luego, pretenciosas obras de historia que encubren su propaganda anticomunista bajo una falsa erudición, han seguido esa línea de ataques. Así, Stephen F.Cohen en su libro Bujarin y la revolución bolchevique afirma taxativamente lo siguiente: Ya no se duda en serio de que Stalin urdió el asesinato por medio de sus agentes de policía. Por más que historiadores de esa calaña digan lo contrario, lo cierto es que lo único que ya no se duda es que Stalin no sólo fue absolutamente ajeno al asesinato, sino que en su condición de Secretario General del Partido bolchevique fue víctima de la muerte de su camarada.
      La leyenda de la participación de Stalin en el asesinato de Kirov se inicia con la publicación en París en 1936, dos años después de su muerte, de la Carta de un viejo bolchevique que, a pesar de su título, fue escrita por un menchevique exiliado, Boris Nikolaievski. No obstante, esa obra apareció muy poco después de la visita a París de Bujarin, que se entrevistó varias veces con Nikolaievski, quien transcribió esas entrevistas por escrito. Parece lógico sospechar que ese y otros detalles internos del Partido bolchevique que la Carta refleja, escaparan al conocimiento de Nikolaievski y fueran filtrados por Bujarin.
      También en este punto Jruschov no hizo más que seguir la línea de Bujarin.
      Ahora bien, la mentira tiene un recorrido muy corto. Tras el desmantelamiento de la Unión Soviética, Alla Kirilina, la directora del museo Kirov de Leningrado, nada sospechosa de simpatías hacia Stalin, recurriendo a fuentes directas del caso y no a la gastada propaganda revisionista e imperialista de la guerra fría, ha demostrado la realidad de los hechos.
      Las cosas sucedieron en realidad de la forma siguiente:
      el asesino de Kirov fue Leonid V. Nikolaiev, que era un infiltrado en el PCUS. Ya había sido detenido
anteriormente por un intento de atentar contra Kirov, siendo sorprendido cuando escondía un revólver en una servilleta. Pero, a pesar de ello, no sólo la policía soviética le puso en libertad, sino que le devolvió el revólver.
      Kirov nunca quiso llevar escolta pero la Sección Militar del Tribunal Supremo juzgó el 23 de enero de 1935 al mismísimo jefe del NKVD, la policía soviética, de Leningrado F.O.Medvedev, a dos de sus auxiliares I.F.Zaporojets y F.I.Fomin y a otros policías, que fueron condenados como responsables por negligencia
en el asesinato de Kirov, por no haber tomado las precauciones más elementales para su protección, dadas las evidencias existentes de que era perseguido.
      La pena fue de dos o tres años de reclusión en el campo de concentración de Kolyma, excepto a uno de ellos, M.K.Baltsevitch, que fue condenado a 10 años porque era el policía encargado de reprimir a los contrarrevolucionarios en Leningrado.
      Estos hechos evidencian, por una parte, que en la URSS existía un sistema efectivo de vigilancia revolucionaria y que los responsables pagaban sus crímenes, aunque sólo se tratara de negligencia. Demuestra también que no se escapaban los propios policías, que tan temibles nos pintan los imperialistas. Y finalmente, queda claro hasta qué punto los imperialistas intentaban penetrar en las filas del Partido Comunista para destruirlo desde dentro, como finalmente sucedió, a pesar de que fue purgado en numerosas ocasiones.
      La conclusión está una vez más clara: un Partido Comunista se fortalece depurándose, eliminando de su interior a los contrarrevolucionarios que se intentan camuflar dentro de sus filas.

Sobre los Jrushovistas, por Enver Hoxha (segunda y última parte)

de http://www.pcoe.net/

LA ESTRATEGIA Y LA TACTICA DE JRUSCHOV A NIVEL INTERNO DE LA UNION SOVIETICA
Enver Hoxha

(segunda parte)
Esta era toda una actividad hostil y diabólica que había agarrado por el cuello a la Unión Soviética, al Partido Comunista de la Unión Soviética y a Stalin, que, tal como vendrían a mostrar los hechos históricos, estaba rodeado de enemigos. Casi ninguno de los miembros del Presidium y del Comité Central levantó su voz en defensa del socialismo y de Stalin. Si se procede a un minucioso análisis de las directrices políticas, ideológicas y organizativas de Stalin en la dirección y la organizacion del partido, de la lucha y del trabajo, no se encontrará en general ningún error de principios, mas si tenemos en cuenta cómo estas directrices eran deformadas por los enemigos, y cómo eran puestas en práctica, veremos las funestas consecuencias de estas deformaciones y aparecerá por qué el partido comenzó a burocratizarse, a dejarse invadir por un trabajo de rutina, por un formalismo nefasto que lo paralizaban, que sofocaban su espíritu y su ímpetu revolucionario. El partido se iba cubriendo de un espeso moho, caía en la apatía política, pensando erróneamente que sólo la cabeza, la dirección, actúa y resuelve todo. Una concepción semejante creó una situación en que por todas partes y ante cualquier problema se decía “esto concierne a la dirección”, “el Comité Central es infalible”, “esto lo ha dicho Stalin y se acabó”, etc. Puede ser que muchas cosas que Stalin no dijera, eran encubiertas con su nombre. Los aparatos y los funcionarios se hicieron “todopoderosos”, “infalibles”, actuaban en la vía burocrática bajo las fórmulas del centralismo democrático, de la crítica y la autocrítica bolcheviques, que en realidad ya no eran bolcheviques. Así, pues, no hay duda de que el Partido Bolchevique había perdido su vitalidad de antaño. Este partido vivía con fórmulas correctas, pero sólo eran fórmulas; aplicaba, pero había perdido toda iniciativa; los métodos y las formas de trabajo que se utilizaban en la dirección del partido arrojaban un balance opuesto a los resultados esperados. En estas condiciones, las medidas administrativas burocráticas empezaron a predominar sobre las medidas revolucionarias. La vigilancia ya no era operante, porque tampoco era ya revolucionaria, a pesar de que a son de trompeta se la declarase como tal. De una vigilancia de partido y de masas, se convertía en una vigilancia de los aparatos burocráticos y se transformaba de hecho, aunque no enteramente desde el punto de vista de las formas,en una vigilancia de la seguridad del Estado, de los tribunales. Es comprensible que en este orden de cosas existente en el Partido Comunista de la Unión Soviética, echaran raíces y empezaran a cultivarse sentimientos y puntos de vista no proletarios, ajenos a la clase, en, las filas de los comunistas y en la conciencia de muchos de ellos. Poca a poco comenzó a extenderse el arribismo, el servilismo,la charlatanería, el nepotismo mórbido, la moral anti-proletaria, etc. Todo esto corroía el partido desde dentro,sofocaba el espíritu de lucha de clases y del sacrificio y empujaba a la búsqueda de una vida “agradable”,tranquila, de privilegios, de ventajas personales, de menor trabajo y esfuerzos. Así creó la mentalidad burguesa ypequeño-burguesa que se observaba o se expresaba a través de fórmulas y de juicios tales como: “Nosotros hemos trabajado, combatido y vencido par este Estado socialista, ahora gocemos y aprovechemos. Nosotros somos invulnerables, el pasado nos cubre todo». El mal peor era que esta mentalidad estaba tomando cuerpo también en los viejos cuadros del partido, con un buen pasado y de origen proletario, e igualmente en los miembros del Presidium del Comité Central, los cuales debían ser un ejemplo de pureza para los demás. Muchos de estos cuadros se encontraban en la dirección, en los aparatos y utilizaban bellamente las palabras, las frases revolucionarias, las fórmulas teóricas de Lenin y Stalin, cosechaban los laureles del trabajo ajeno y estimulaban el mal ejemplo. Así, en el Partido Comunista de la Unión Soviética se iba creando una aristocracia obrera de cuadros burócratas. Este proceso de degeneración se desarrollaba, desgraciadamente, bajo las consignas «alegres» y «prometedoras»de «todo marcha bien, normalmente, de acuerdo a las normas y leyes del partido», que de hecho eran violadas,«la lucha de clases sigue desarrollándose», «el centralismo democrático es preservado», «la crítica y la autocrítica continúan como antes», «existe la férrea unidad en el partido», «ya no hay elementos fraccionalistas y anti-partido», «pasó el tiempo de los grupos trotskistas, bujarinistas»., etc., etc. Este deformado concepto de la situación, que es donde reside la esencia del drama y del error fatal, era considerado en general, incluso por los elementos revolucionarios, como una realidad normal, por eso se pensaba que no existía ningún motivo dealarma, que los enemigos, los ladrones, los que infringían la moral eran condenados por los tribunales, que los miembros indignos del partido eran expulsados como de costumbre y, como de costumbre, se admitían otros nuevos, que los planes se realizaban, aunque en algunos casos no lo fueran, que la gente era criticada, condenada,elogiada, etc. De este modo, la vida, según ellos, seguía normalmente su curso y así se le informaba a Stalin deque“todo marcha normalmente”. Estamos convencidos de que si Stalin, como gran revolucionario que era,hubiera conocido la situación real en el partido, habría asestado un golpe demoledor a este espíritu malsano y el partido y el pueblo soviético se habrían levantado, porque, con razón, ellos tenían gran confianza en Stalin. Los aparatos no sólo no informaban correctamente a Stalin y deformaban burocráticamente sus justas directrices,sino que habían creado una tal situación en el partido y en el pueblo, que cuando el mismo Stalin, en la medida en que le permitían su edad y su salud, se reunía con las masas del partido y del pueblo, éstas no le informaban de las deficiencias y los errores que sucedían, ya que los aparatos habían inculcado a los comunistas y a las masas la idea de que“no debemos inquietar a Stalin”. El gran ruido que levantaron los jruschovistas sobre el pretendido culto a Stalin era en realidad un bluf. Este culto no había sido cultivado por Stalin, que era un hombre sencillo, sino por toda la bazofia revisionista acumulada a la cabeza del Partido y del Estado, que, entre otras cosas se valía del gran cariño que los pueblos soviéticos mostraban por Stalin, particularmente después de la victoria sobre el fascismo. Si se lee los discursos de Jruschov, Mikoyan y de todos los otros miembros del Presidium, se verá los elogios desenfrenados e hipócritas que estos enemigos prodigaban a Stalin mientras éste estuvo en vida. Esta lectura provoca nauseas cuando piensas que detrás de estos elogios, dichos elementos ocultaban su trabajo hostil a los ojos de los comunistas y de las masas, los cuales estaban engañados al pensar que tenían ante sí dirigentes fieles al marxismo-leninismo y camaradas leales a Stalin. Incluso después de la muerte de Stalin los “nuevos” dirigentes soviéticos y sobre todo Jruschov se abstuvieron todavía por un tiempo de hablar mal de Stalin, hasta lo valoraban y lo trataban de “gran hombre”, de “líder con una autoridad indiscutible”, etc. Jruschov tenía que hablar así para ganar crédito dentro y fuera de la Unión Soviética, para hacer creer que era “fiel” al socialismo y a la revolución, “continuador” de la obra de Lenin y de Stalin. Jruschov y Mikoyan eran los más encarnizados enemigos del marxismo-leninismo y de Stalin. Uno y otro eran la cabeza del complot y del putsch, que habían preparado desde hacía tiempo con arribistas y antimarxistas del Comité Central, del ejército y dirigentes de la base. Estos putschistas no descubrieron su juego inmediatamente después de la muerte de Stalin, sino, cuando debían, y a medida que les era necesario continuaban vertiendo su veneno, mezclándolo con alabanzas a Stalin. Debo decir que Mikoyan en particular, en los numerosos encuentros que me ha tocado tener con él, jamás ha pronunciado un elogio a Stalin, por más que en discursos y peroratas, viniera y no viniera a cuento, los putschistas entonaran ditirambos y glorias a Stalin. Alimentaban el culto a Stalin a fin de aislarlo lo más posible de las masas, y, enmascarándose tras este culto,preparaban la catástrofe. Jruschov y Mikoyan actuaron de acuerdo a un plan preestablecido y, con la muerte de Stalin, encontraron libre campo de acción, debido asimismo a que los otros, desde Ma1enkov a Vorochilov, pasando por Beria y Bulganin, se mostraron no sólo ciegos, sino también ambiciosos y cada uno pugnaba por el Poder. Estos y otros, viejos revolucionarios y comunistas honrados, se habían convertido ya en representantes típicos de esa rutina burocrática, de esa “legalidad” burocrática que había sido instituida y, cuando tímidamente quisieron recurrir a esta “legalidad” contra el complot manifiesto de los jruschovistas, la acción había sido consumada desde hacía tiempo. Jruschov y Mikoyan, en perfecta unidad, supieron maniobrar entre aquéllos, oponer unos a otros. En pocas palabras, pusieron en acción la táctica siguiente: crear rencillas y escindir el Presidium, organizar las fuerzas putschistas fuera de éste, continuar hablando bien de Stalin para tener las masas de decenas de millones consigo y aproximar así el día de la toma del Poder, liquidar a los adversarios y toda una época gloriosa de la construcción del socialismo, las victorias de la Guerra Patria, etc. Toda esta actividad febril (y esto nosotros lo notábamos) tendía a crear la popularidad de Jruschov dentro y fuera de la Unión Soviética. Jruschov, bajo el paraguas de las victorias que la Unión Soviética y el Partido Comunista de la Unión Soviética habían logrado con Lenin y Stalin a su cabeza, hacía todo lo posible por que los pueblos y los comunistas soviéticos pensaran que nada había cambiado, que un gran dirigente había muerto, pero que un dirigente «todavía más grande» subía, y¡qué dirigente!, «¡todo igual de fiel a los principios y leninista, e incluso más que su predecesor, pero liberal,popular, sonriente, lleno de humor y jovialidad!».Mientras tanto, la víbora revisionista, que iba tomando sus impulsos, empezó a verter su veneno sobre la figura y la obra de Stalin, al comienzo no atacando a Stalin por su nombre, sino lanzándole golpes indirectos. En uno de los encuentros que tuve con Jruschov, en junio de 1954, en un plano supuestamente de principios y teórico empezó a explicarme la gran importancia de la «dirección colectiva», los grandes daños que entrañaba la substitución de aquélla por el culto a una persona, me llegó a mencionar también unos pasajes aislados de Marx y de Lenin para darme a entender que sus afirmaciones tenían un «fondo marxista-leninista».De Stalin no dijo nada malo, en cambio descargó todas sus baterías contra Beria, acusándolo de faltas reales e imaginarias. Lo cierto es que en esta etapa inicial de su ofensiva revisionista, Jruschov no tenía mejor carta que Beria si quería poner en práctica sus planes secretos. Como he escrito más arriba, Jruschov presentó a Beria como el responsable de muchos de los males; éste habría subestimado el papel del primer secretario, habría perjudicado la «dirección colectiva», habría intentado poner el Partido bajo la dirección de La Seguridad del Estado. Bajo la máscara de la lucha contra los daños causados por Beria, Jruschov, por una parte, se afianzaba en la dirección del Partido y del Estado y echaba mano del Ministerio del Interior, Y por otra parte, preparaba a la opinión para el ataque abierto que poco más tarde emprendería contra José Visarionovich Stalin, contra la verdadera obra del Partido Comunista Bolchevique de Lenin y Stalin. Muchas de estas acciones y cambios inopinados nos causaban impresión, pero era demasiado pronto para que pudiéramos captar las verdaderas proporciones del complot que estaba siendo puesto en práctica. Sin embargo,desde entonces, no podíamos dejar de observar la naturaleza contradictoria de los actos y las ideas de este “nuevo dirigente” que tomaba las riendas de la Unión Soviética. Este mismo Jruschov que ahora se presentaba como un adepto de la “dirección colectiva”, algunos días antes, en un encuentro que habíamos tenido con él, se nos presentó, al hablarnos del papel del primer secretario del partido y del primer ministro, como un ardiente partidario del “papel del individuo”, y de la“mano dura”.Después de la muerte de Stalin, se tuvo la impresión de que estas “personas de principios” habían establecido una dirección colectiva. Esto era propagado con gran bombo para señalar que “Stalin había violado el principio de la dirección colectiva”, que “había bastardeado esta importante norma de dirección leninista” y que “la dirección del partido y del Estado, de colegiada que era se había convertido en una dirección personal”. Esto era una gran mentira y los jruschovistas la difundían para preparar su propio terreno. Si la colegialidad había sido violada, la falta debía buscarse no en las correctas ideas formuladas por Stalin en lo que se refiere a diversos problemas, sino en las adulaciones rastreras de estos otros y en sus decisiones arbitrarias que tomaban de formando la línea en los diversos sectores que dirigían. Y ¡¿,cómo se podían controlar los actos de estos elementos anti-partido que habían rodeado a Stalin, en un momento en que ellos mismos propagaban la idea deque el “CC (el Comité Central) lo sabe todo”, “Ce-Ka znayet vsio” ?! (En ruso en el original). Actuando de este modo, estos individuos querían convencer al partido y al pueblo de que “Stalin sabe todo lo que pasa” y “él aprueba todo”. En otros términos, en nombre de Stalin y por medio de los aparatchiks reprimían la crítica y buscaban convertir el Partido Bolchevique en un partido sin espíritu, en un organismo desprovisto de voluntad y energía, que vegetara de día en día, aprobando todo lo que decidía, urdía y deformaba la burocracia.En la campaña por la pretendida instauración de una dirección colectiva, Jruschov trató de maniobrar hábilmente,levantando un ruido ensordecedor sobre la lucha en contra del culto a la personalidad. Ya no habría fotos de Jruschov en la prensa diaria, no habría grandes titulares colmándole de elogios, ahora se recurría a otra táctica,resobada: todos los periódicos estaban plagados de declaraciones públicas, de discursos de Jruschov, todo eran noticias que daban a conocer sus encuentros con embajadores extranjeros, su presencia cada noche en las recepciones de los diplomáticos, sus entrevistas con delegaciones de partidos comunistas, sus encuentros con periodistas, hombres de negocios, senadores norteamericanos y millonarios occidentales, amigos suyos. Toda esta táctica pretendía contraponerse al método del «trabajo cerrado de Stalin», a «su labor sectaria», que, según los jruschovistas, había sido muy nefasta para la apertura de la Unión Soviética al mundo exterior. Esta propaganda jruschovista tenía por objeto mostrar al pueblo soviético que ya había encontrado a su“auténtico dirigente leninista, que sabe todo, que todo lo resuelve correctamente, que posee una vitalidad extraordinaria, que da la debida respuesta a quienquiera que sea”, y cuya actividad desbordante “hace que en la Unión Soviética se corrija todo, se borren los crímenes del pasado y se vaya adelante”...Me encontraba en Moscú, con motivo de una reunión de los partidos de todos los países socialistas. Fue en enero de 1956 si mal no recuerdo, cuando tuvo lugar una reunión consultiva sobre los problemas del desarrollo económico de los países miembros del COMECON. Era el tiempo en que Jruschov y los jruschovistas llevaban adelante su actividad hostil. Nos encontrábamos con Jruschov y Vorochilov en una villa a las afueras de Moscú,donde habían sido invitados a un almuerzo todos los representantes de los partidos hermanos. Los otros todavía no habían llegado. Nunca había escuchado de boca de los dirigentes soviéticos hablar abiertamente mal de Stalin,y yo, por mi parte, continuaba hablando con cariño y mucho respeto del gran Stalin. Al parecer, mis palabras no sonaban bien en los oídos de Jruschov. Mientras se esperaba la llegada de las atros camaradas, Jruschov y Vorochilov me dijeran:-¿Podríamos ir fuera a dar un paseo?-Salimos y nos adentramos en el parque. Jruschov le dice a Klim Vorochilov:-Hable, háblele un poco a Enver de los errores de Stalin. Puse mis oídos bien atentos, a pesar de tener desde hace tiempo mis sospechas acerca de sus fechorías. Y Varochilov empezó a hablarme de que “Stalin se ha equivocada en la línea del partida, que ha sido brutal,violenta de tal manera que era imposible discutir can él”.- “Stalin -continuó Vorochilov- ha permitido crímenes, cuya responsabilidad es totalmente suya. Se ha equivocado igualmente en el terreno del desarrollo de la economía, por consiguiente el epíteto de arquitecto de la ‘construcción del socialismo’ con el cual se le ha calificado, es injustificado. Con las demás partidos, Stalin no ha mantenido relaciones correctas...”Vorochilov permaneció un largo tiempo, lanzando toda una sarta de cosas de este género en contra de Stalin. Algunas las captaba, otras se me escapaban, pues como he dicho antes no dominaba bien el ruso, mas con todo logré comprender la esencia de la plática y el objetivo que estos dos perseguían, y me sentí indignado. Jruschav caminaba delante de nosotros y con su bastón iba tocando las coles que habían plantado en el parque. (Jruschov había hecho plantar legumbres hasta en los parques, para hacerse pasar también como un gran maestro en agricultura.) Cuando Vorochilov acabó con sus habladurías y calumnias, le dije:-¿Cómo es posible que Stalin haya cometido tales errores? Jruschov, contrariado, se volvió y me respondió:-Es posible, es posible, camarada Enver, Stalin ha hecho todas esas cosas.-Ustedes habían observado todo esto cuando Stalin estaba en vida. Entonces, ¿cómo no le ayudaron a evitar esos errores que, según dicen, habría cometido? -pregunté a Jrusohov.-Es natural, camarada Enver, que nos hagas esta pregunta, ahora ¿ves esta capusta*? Stalin te cortaba la cabeza con tanta facilidad como el jardinero puede cortar esto, y Jruschov golpeó una col con el bastón.-¡Todo está claro! -, le dije a Jruschov y ya no volví a hablar. Entramos en la casa. Los demás camaradas habían llegado. Yo hervía de ira. Aquella noche se nos serviría sonrisas y promesas para un «mayor» y más «impetuoso desarrollo» del socialismo, de «más ayuda» y «más amplia colaboración en todos los terrenos». Era el momento en que se preparaba el tristemente célebre XX Congreso, el tiempo en que Jruschov estaba caminando más rápidamente hacia la toma del Poder. Se estaba creando una imagen de dirigente mujik, «popular», que abría las cárceles y los campos de concentración, que no sólo no temía a los reaccionarios y los enemigos condenados y encarcelados de la Unión Soviética, sino que, al ponerlos en libertad, quería mostrar que entre éstos habían también « inocentes ». Ya se sabe lo trotskistas, complotadores, contrarrevolucionarios que eran Zinóviev y Kámenev, Rikov y Piatakov, lo traidores que eran Tukachevski y demás generales agentes del Intelligence Service o de los alemanes. Pero para Jruschov y Mikoyan todos ellos eran buena gente y poco tiempo después, en febrero de1956, serían presentados como víctimas inocentes del «terror stalinista». Esta ola se iba moviendo poco a poco,se iba preparando cuidadosamente a la opinión. Los «nuevos» dirigentes que no eran otros que los viejos, a excepción de Stalin, se hacían pasar por liberales queriendo decir al pueblo: «Respira libremente, eres libre, estás en la verdadera democracia, porque el tirano y la tiranía han sido liquidados. Ahora todo anda por el camino de Lenin, está surgiendo la abundancia, los mercados van a llenarse, no vamos a saber qué hacer con tantos productos». Jruschov, este repugnante charlatán, encubría sus supercherías y astucias con pamplinas y palabrerías. Sin embargo, recurriendo a estas prácticas creó una situación favorable a su grupo. No pasaba día en que Jruschov no desplegara una desenfrenada demagogia en cuanto al desarrollo de la agricultura, no cambiara hombres y métodos de trabajo para convertirse él en único «patrón competente» de la agricultura, que emprendía tales«reformas» personales. Jruschov «había inaugurado» su escalada al puesto del Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética con un largo informe sobre los problemas de la agricultura que presentó en el curso de un pleno del Comité Central, en septiembre de 1953. Este informe, que fue calificado de «muy importante», contenía aquellas ideas y reformas jruschovistas que en realidad ocasionaron a la agricultura soviética tan graves perjuicios que aún hoy se dejan sentir sus catastróficos efectos. El bullicio y el ruido montados sobre las «nuevas tierras» eran un bluf. La Unión Soviética ha comprado y sigue comprando millones de toneladas de cereales de los Estados Unidos de América. En cuanto a la «dirección colectiva» y a la desaparición de las fotos de Jruschov de los periódicos, serían fenómenos de corta duración. El culto a Jruschov comenzaba a ser movido por los intrigantes los liberales, los arribistas, los 1ameplatos y los aduladores. La gran autoridad de Stalin, fundada sobre su obra imborrable, fue saboteada dentro y fuera de la Unión Soviética. Su autoridad cedió el lugar a la de un charlatán, de un payaso, de un chantajista.